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viernes, 30 de octubre de 2020

Este es el camino

Escribo vida y el arroyo de un río montaña abajo yendo a morir a la eternidad recorre mi cuerpo.

Ambas palabras existiendo en el movimiento constante. 

A veces en uno tan brusco y directo que pareciera el tiempo pidiera permiso para congelarse y detener la transformación que lo cambiará todo de un segundo al siguiente.

A veces en uno tan sútil e inapreciable como la erosión de una roca en el desierto acariciada por la sábana del viento cada día en la mañana, década tras década.

Quizá un día el agua de ese río hierva tu sangre y te haga enloquecer y perder por completo el control de tus acciones. Podría quemarte la piel y mil ampollas maquillarían tu cuerpo impidiéndote vestirte a gusto, con el rostro tranquilo, sin romper tu boca, tus ojos, tus mejillas en abruptos y reactivos gestos de dolor. Colerizando tus respuestas antes tranquilas en un volcán ardiente que quemaría todo cuanto crecía a su alrededor.

Ese río podría, en otro momento, congelarse hasta aparantemente detenerse por completo y cortar cualquier atisbo de respiración, de energía o percepción de las extremidades de tu cuerpo. Borrar tu sentido del tacto por completo, hacerte difícil, imposible, la tarea de conocer qué es lo que estás tocando, cuánto corta la hoja sobre la que caminas, cuán de verdad es la piel que te quiere en la intimidad de vuestros cuerpos, antes, candentes.

Podría generarte apatía, desolación, conversión a una fe dogmática en busca de sentido a la era glacial que tus ojos cuentan que vives a todo aquel al que devuelves la mirada.

Y el fin de semana, al principio de un cambio buscado, cuando se disfrazase en equilibrio de claridad y transparencia, de balanza alineada, el río podría mutar en una agradable tarde de verano. Llegaría a ser una fiesta de cumpleaños donde todo aquel ser que has amado haría acto de presencia con algo para tomar bajo el brazo, ladrando, maullando y el agua drenase cada gota de veneno almacenado alguna vez en tu cuerpo para dejarte ser y sentir en todos aquellos que caminan hacia ti queriéndote de la mano, en algún momento, antes de partir para siempre y transformar en energía un último pensamiento que nunca podrá ser recitado.

La corriente te arrastrará unos días, fatigándote, retándote a nadar, a bracear todo aquello que no te gusta lejos de ti para dejarlo atrás. Lo hará, si, pero no te ayudará.

Y cuando estés llorando posado en la culpa, la traición o la soledad de un banco en una calle desconocida, tras el primer reguero de lágrimas, quizá ese día te sorprenda dejándote flotar boca arriba bajo un cielo infinito sin una nota más alta que otra en una partitura que mecerá tu consciencia invitándote a reconciliarte con cada canto rodado en el camino, con cada problema presentado, cada muro levantado.

No peques de inocencia, ya hace tiempo te sabes empapado descendiendo con la corriente a esa nada inabarcable donde todo termina.

No trates de engañarte, no hay trucos de magia que sirvan cuando la certeza del río corriendo a desaparecer te aseguran una muerte irreversible. Un hundimiento final.

Este es el camino. Tú camino. 

No edifiques culpa, germina responsabilidad.

Yo trataré de ser fiel a ese en quien me he conocido.


Nada hará que termine diferente, que el río se detenga en un disfrute infinito, pero qué bonito... 


... qué bonito distinguir en el espesor de cualquier bosque

una mirada certera vestida por un corazón noble 

que se promete jamás dejar de remar, 

subir a su barco a todo aquel náufrago vencido

arrastrado en algún punto del camino

poniendo una venda sobre la herida ajena 

cerrando otra en su corazón herido,

ahora encontrado, una vez perdido.


Qué bonito reconocer la libertad

en un acto heroico 

que condena al propio final

por encontrar responsabilidad

en la vida vivida por uno mismo.









 

lunes, 18 de mayo de 2020

Érase, Es y Será

Érase una vez un poco de polvo flotando en el aire que pensaba y sentía.

Lo hacía, lo hace, lo hará.

Polvo que gana trofeos y lo celebra, 
que sabe cocinar, seducir y drogarse.

Polvo que cree que sueña,
que analiza los elementos que componen sus pesadillas.

Polvo que quiere igualdad, que quiere control, que quiere saberse con la razón.

Polvo que se infecta, se cura y se vuelve a infectar
a través de la tos.

Siente que todo le importa y que nada es suficiente. Y antes de darse cuenta, en lo que pareciera un instante de pasado y presente, llega la corriente y se lo lleva en un viaje que lo transformará en otra cosa diferente.
Entonces, justo antes de medrarse, dejar de sentirse existente, pensante, se dará cuenta de que nada importaba y de que todo era suficiente.

Justo antes de perdonar y olvidarse.
Justo antes del diluvio universal.
Justo antes de levantarse a trabajar.

Justo antes de conocerse entre las piernas de su madre.

Será una vez un poco de polvo recordando en el aire que creerá que siente.

Ya se lo llevó la corriente,
ya cree que sabe que está presente,
ya se lo llevó la corriente,
creando el pasado, olvidando su muerte.

Es una vez un poco de polvo soñando en el aire,
diciendo gilipolleces.



sábado, 28 de marzo de 2020

Estoy aquí

Lo importante.

No soy un hombre de colores, pues todos somos capaces de pintar nuestra piel.

No soy un hombre de banderas pues he sido capaz de encontrar grandeza y dolor en ambos lados de cualquier frontera.

Ningún equipo, bando o ejercito podrá contarme entre sus filas pues no estoy ni jamás estaré dispuesto a cerrar mis puertas.

No seré ciego aunque mis ojos no puedan ver. No vestiré dogma alguno con nudo, doble o simple, atándolo tras mi cabeza.

No dedicaré mi vida, la única que tengo, a perseguir al diferente, a rechazar al igual, a buscar consuelo en sofismas, promesas de salvación o dioses que sostengan el juicio a mi ética en alguna de sus manos.

Miraré. Escucharé. Sentiré.

Buscaré la verdad y la justicia hasta que la muerte que hay en mí asfixie la última cascada de vida en mi cuerpo.

Rascaré cada pepita de oro de la historia que somos en cualquier parte de este planeta y no me importará la lengua que entienda, siempre protegeré al débil.

Y lo haré con mis colores. Los colores de todos.

Caminaré en este desierto de mentiras y presunciones sediento de certeza. Lo haré aunque mis rodillas se hundan en la arena y los dedos de mis manos pierdan sus huellas. Lo haré incluso sin identidad.

A pesar de las vítores de las masas enfervorecidas.

A pesar del discurso del odio.

A pesar del miedo en tu mirada.

A pesar de la falta de fuerzas.

Y cuando te encuentre, necesitándome, necesitándote yo; "enséñame como piensas, píntame de tus ideas. Sé crítica. Sé crítico."

Pregunta de día y te guiaré a casa.

Te lo prometo.







domingo, 9 de febrero de 2020

Mi Padre Nuestro

He ascendido en un destello al cielo en un instante de duda y estupefacción. Casi rezo, casi.

No vi nubes ni puertas doradas, nadie con majestuosas alas de plumaje blanco nieve. Nadie de rostro andrógino se dirigió a mi con la voz más melódica que hubiese escuchado nunca.

Nadie dijo mi nombre y me invitó a acercarme con un gesto agradable.

No sentí dios, ni tan siquiera a Él.

Ninguna cruz en el centro de la plaza.

Ninguna barba blanca abriendo camino al ser con todas las respuestas a mis preguntas.

"¿Por qué este sufrimiento color negro en mi alma?
 ¿Cómo encontrar satisfacción en la constante necesidad?
 ¿Voy a salvarme?
 ¿Me conoces?"

No otra voz además del eco de la mía emprendiendo camino de vuelta a casa.

Y no necesité más. No encontré ni falta que me hacía.

La respuesta era sí, la pregunta era yo.

Yo en compañía del contacto de otra piel. Sí.

Yo en sintonía con las ondas de la conversación que está teniendo lugar. Sí.

Yo siendo acariciado en martillo, yunque y estribo y esa caricia convirtiéndose en amor en el área Broca de mi órgano cerebral. Sí.

Yo tropezando con una situación y su contexto y recuperando el equilibrio en una mano firme que me quiere. Sí.

Yo desplazando el pasado momentáneamente para sustituirlo por un presente casi corpóreo. Sí, por favor.

Yo inquiriendo una señal y dándole un sentido a los dibujos en el cielo, a las palabras de un desconocido, al encuentro del amor, al dolor en el cigarro tras la traición, a las palabras de perdón naciendo de mi roto corazón. Sí.

Si, he ascendido al cielo en un instante de duda, certeza, estupefacción y entendimiento.

Casi rezo, pero al final entendí, la respuesta era él, ella, ellos, vosotros, nosotros, tú. Y la pregunta era por qué.

Mi Padre Nuestro

Por qué disfrazaría de paloma blanca
el cuervo negro del misterio,
el pájaro azul de la poesía,
el fénix en llamas de la pasión,
si encuentro fe en todos los colores juntos
brotando la verdad que soy
más allá de mis entrañas.





viernes, 1 de noviembre de 2019

Probablemente tienes cáncer y quieren saberlo

Habrá un día donde un huerto me abrace por la mañana.

Hará tiempo entonces que me sienta viejo y un completo ignorante por dentro, sin embargo sabré acertar a los dardos cuando alguien más joven o menos lúcido que yo se hable en alto ante mi tratando de resolver aquello que le sucede.

Un día cogeré con mi propia mano una de esas naranjas y un coche volador descenderá sobre mis tierras.

Escucharé los violines y el piano lavando los platos en la cocina a través de las paredes de mi casa.

Un hombre y una mujer serán el paquete que el vehículo contendrá y pisarán mi tierra sin pedir permiso porque tendrán el poder.

Me recordarán a mi, "yo solía hacer eso", pensaré. "Me hacía sentir especial", pensaré también, pero caeré en la cuenta que siempre lo hice.

Siempre me sentí especial siendo alguien normal. Siempre fui normal pero creer que no lo era me llevó a tomar decisiones especiales en mi vida.

A eso lo llamaré "la verdadera magia".

Ellos se acercarán entre los naranjos y pedirán disculpas por aterrizar en un huerto que carece de zona habilitada para aterrizajes.

Haré una mueca. "Cuando tenía su edad no cabía la posibilidad de aterrizar nada que no fuera un helicóptero, pero estos dos no estaban ni prediseñados entonces", pensaré socarrón.

Me darán el pésame y lanzarán al tiempo sendas acreditaciones estirando el brazo como un disparo.

Siempre, todos, me darán el pésame cada vez que entablen conversación conmigo. Lo llevarán haciendo al menos una década.

Los odiaré por ello, por lanzarme tu cara a la mía como un insulto. Por remangarse y meter sus manos en el lago de mi memoria y agarrarte de la muñeca para emergerte otra vez de las profundidades sin pedir permiso.

Nunca pediré por ello. Lo harán de todas formas.

Haré otra mueca, esta vez aguantando el infierno dentro.

Me preguntarán por el hijo que no planeé tener y eso será lo único que pueda arreglar todo lo anterior.

El pegamento de mis fracturas. El sol en las gotas de lluvia. El amor en el dolor.

Empezarán a hablar y la mujer dirá algo como "nos gustaría hacerle unas preguntas".

Yo levantaré una ceja porque para entonces seguiré sin entender que se me hable de usted. Siempre fui alguien normal que se sentía especial, humildemente especial.

Y no me gustará ver a través de los cristales de mis gafas mi reflejo en las de sol de la mujer.

Canas y arrugas peinarán mi faz. Estaré atravesando con horror el problema de morir que postergué en mi mente hasta la vejez.

Será tan solo uno de los muchos cajones que habré abierto para entonces. Algunos me habrán hecho mejor persona, otros peor. Casi todos diferente.

Me consideraré a mi mismo un granjero que ha sido un río toda su vida y solo en aquel momento ha sido capaz de ver con claridad cuál es el cauce por el que ha de dejar llevar su caudal.

Su caudal de setenta y ocho años.

"Señor, la pregunta". Me verá distraído, mirando mis naranjos a sus espaldas. Ella se quitará las gafas de sol, él colocará una expresión cóctel de pena y disculpas.

Me harán la pregunta y la contestaré.

Será entonces, la única vez desde mi nacimiento hasta el día de mi muerte, en que sabré exactamente quién soy.

Creo que estará bien.






miércoles, 9 de octubre de 2019

Ocho de la tarde en el hipódromo

Mi corazón cabalga en segunda posición, las apuestas del hipódromo lo dan como juego seguro, es el favorito.

El barro me salpica la cara con cada trote, agarro las riendas con tal fuerza que he dejado de sentir las manos.

No voy a soltarme, no en la segunda vuelta. No si he llegado hasta aquí.

He de reconocer que hemos tardado en situarnos a la cabeza. Estuvimos lentos en la salida, el sol brillaba alto frente a mi cuando la explosión de pólvora marcó el momento en que las barreras bajaron y mis competidores gritaron al unísono para lanzarse con sus monturas hacia una victoria con parada final en el podio.

Creo que te vi en las gradas, pero no estoy seguro. Mi corazón arrancó y me metí en la carrera.

El último. Soy de perdedores, no de vencidos. O como lo digan.

El viento en mi cara me produjo vértigo. Nunca había visto pasar toda mi vida ante mis ojos como un mar de oleaje implacable. Un mar que te mantiene vivo con cada batida. Me acordé de todo sin pensar en nada y luché por alcanzar al último de los competidores con todas mis fuerzas.

No lo hice a lo bruto, no me desgañité, digamos. Medí distancias, calculé latidos, respiré el espacio entre ellos y nosotros, forjé una estrategia no meditada nacida de la experiencia paleolítica que me ha dado estar vivo y luchar.

Por el cambio, por el control, por permanecer en pie tras cada puerta cerrada.

Y los alcanzamos.

Y pasamos a uno de ellos, a otros dos de ellos, pasamos varios de ellos.

Eran ellos o nosotros. Fueron ellos. Ocho de ellos.

Cuarta posición.

Creo que vi más caras en las gradas. Algunas sobre las espaldas de mis tres oponentes incluso. Y recordé el rostro que nunca debí olvidar, tal como me recomendó un viejo pistolero.

Tercera posición.

Los vi a todos ellos.

Segunda posición.

Los estoy oyendo. El barro me salpica la cara con cada trote, agarro las riendas con tal fuerza que he dejado de sentir las manos.

No voy a soltarme, no en la segunda vuelta. No si he llegado hasta aquí. No si estáis vosotros.

Suben las pulsaciones de mi corazón y me pego a él con fuerza, agachando la cabeza.

No si estáis vosotros. Y una mierda.

Somos una bala, mi casco tiembla sobre mi cabeza. La gente se levanta de sus asientos, puedo verlo.

Estamos hundiendo el suelo. Juro que parece que vamos a salir volando.

Una mancha a mi derecha, tenemos al rival al lado.

Grito y me desangro por dentro.

Y una mierda.

Primera posición.

Pasamos la meta en un destello de luz y el frenazo es tan brusco que estoy a punto de caer al suelo.

Descabalgo y pongo los pies sobre el suelo. Hombres a mi alrededor tiran de mi indicándome el camino. Los acompaño, fatigado, voy con ellos. Me tiemblan las piernas pero subo al podio como puedo. Como buenamente puedo.

En segunda posición mi miedo se quita el casco y me sonríe desde unos centímetros más abajo.

- Buena carrera tío. ¿Mañana esperemos a ver, eh?
- Descuida - sonrío recibiendo el trofeo con ambas manos.

Primera posición,
y una mierda.







miércoles, 17 de julio de 2019

Esto es quien soy cuando no llevo ropa

He perdido al amor de mi vida, he sido rechazado por aquellos a los que he tratado de pertenecer desde que tengo uso de razón, he perdido toda esperanza y el norte en unos ojos que recé me devolvieran la mirada pero permanecieron cerrados.

He caído presa del humo y los espejos donde dejarme engañar era la única forma de afrontar la realidad. De no limitarme a sobrevivir y poder borrar con ignorancia la primera parte de la palabra.

He aprendido que siempre estaré solo cuando la vida me ponga contra las cuerdas; todos los años se repiten en goteo días donde la filosofía aprehendida se va por el desagüe y no hay receta que cure el dolor de mi corazón fracturándose y dejando de latir en mi.

He sentido mi alma apagarse gradualmente extinguiendo la persona que soy.

He perdido oportunidad tras oportunidad tras oportunidad. Lo he hecho luchando con cada músculo de mi cuerpo.

Podría llorar si me parase a recordar todos los besos en los que la he sentido de cartón, ausente, lejos de mi amor, y he tratado de traer su alma de vuelta a este mundo. Todas las veces en que he sentido que lo único con lo que he conectado en mi vida no podía conectarse a mí.

Podrían caerme lágrimas si te confesase que esa es la sensación de soledad más grande del mundo.

Podría llorar si me parase a recordar cada vez que he corrido con fuego en mis pulmones y cristales en mis piernas y la meta permanecía tan distante que se tornaba invisible como una liebre que no se dejará alcanzar por un lobo que, seguro, morirá de hambre.

Podría plañir si pesase en la balanza el esfuerzo que me ha costado el esfuerzo desde que tengo uso de razón per se y cómo cuando me superé a mi mismo como una bala de cañón mi sueño vestido de uniforme me decía "no, vuelve por donde has venido, no eres lo que buscamos, lo que necesitamos, no eres la persona que quieres ser, no eres la persona que en el fondo creíste que eras."

Podría gritar anegado en mi propia tristeza sin más agua en el cuerpo si me detuviese a recordar cada vez que ardí por ella en todos estos años, cada vez que luché contra mi mismo pensando "he perdido una batalla, pero no la guerra" cuando detrás de cada obstáculo lograba distinguir un reflejo de amor en sus ojos, revés tras revés, ladrillo tras ladrillo del muro del material más duro del mundo que juntos construimos y mantenía nuestros cuerpos separados.

Podría morir si me dejase hablar en mi cabeza para decirme "al final lo lograste y tras un par de tropiezos te rendiste, como haces siempre".

Podría cavarme mi propia tumba y elegir un nicho intentando que las personas cercanas a mi jamás notasen nada de todo esto, tratando de no culpar a ninguno cuando al sonreír diesen por hecho que todo está bien.

Soy un penitente sin Dios al que rezar, sin salvador en el que depositar mis más grandes miedos para dejarlos mutar en una fe férrea que me empuje a caminar.

¿Estoy, acaso, acabado?

Puedo asegurarte que a pesar de todo esto me verás levantarme bajo la lluvia, sobre mi propio charco de sangre. Gritaré con el fuego que abrase mis pulmones y volveré a golpear con todos mis nudillos fracturados. Mover el peso muerto de mi cuerpo agotado será como levantar una montaña sobre mis hombros en el día más nevoso del invierno pero me romperé cada hueso en mi cuerpo si es necesario.

No suplicaré, no me arrodillaré. He aceptado el dolor, he curado mi sufrimiento.

Ya no tengo miedo, pues yo soy mi propio diablo y ni castigándome al mayor de los infiernos habrá Dios capaz de someterme.

Ya no tengo miedo.




miércoles, 10 de abril de 2019

Always like a microwave

Recuerdo como si fuera hace dos segundos la intensidad de aquel lugar, aquel que sentí como casa.

Normalmente sueño que estoy allí.

Avanzo sobre mis rodillas para volver a sentir el suelo de piedra.

Veo los colores de todas mis aventuras fundirse con las paredes de aquella casa.

Puedo sentir la adrenalina de creer que todo es posible si se puede pensar.

Aparezco de día, a media tarde o ya entrada la madrugada.

Ceno en la terraza, viajo en mi habitación.

Puedo ver la televisión y elegir donde sentarme.

Me sorprendo con los mismos cuadros como hacía cada vez que volvía a encontrarlos, mudos y manchados.

La luz allí siempre es diferente, la veo como si estuviese cubriéndonos en un manto que trata de proteger lo que sabe siempre será el paraíso.

Si estoy lo suficientemente dormido puedo oírla respirar, inspirar y exhalar todos esos años como si fueran polvo acumulándose en unos muebles que ya no están allí.

Y sin embargo suena a música rebotando en un lugar atestado de objetos y personas.

Suena a ondas cálidas colisionando en un microondas que contiene una civilización infante donde siempre vivirá una parte de mi.

Recuerdo estar ahí por última vez sabiendo que no volvería.

He estado allí desde entonces.




miércoles, 9 de enero de 2019

Segundos auxilios. Versos que se me enredan en las puntas de los dedos.

Me pregunto si mis órganos saben
por lo que estoy pasando.

Creo que la respuesta es no,
no han abandonado el barco.

Una vez conocí a esta mujer
que me amó sin condiciones,
que me abrió la puerta de su casa.

No pude devolver el favor,
nada en mi cartera,
nada en mi corazón.

Ahora me reflejo en tus ojos
cuando no estás delante.

Me estoy cagando de miedo.

He estado caminando desde ayer
en una soledad no escogida
que me está marchitando el alma,
me está robando la música,
me está cantando villancicos en la piscina.

La musculatura de mis brazos se contrae,
no estoy ordenando que lo haga.

Es mi cuerpo buscando un alma
con quien pueda meditar
a través de las palabras.

Las palabras sedimentadas
en la sustancia gris
del polígono industrial
del cerebro que me enamoró.

Esta no es una de esas veces,
una de esas donde te mueres
y te da gusto como si te rascases.

Esta vez seccioné algo importante.
No sé su nombre,
era un tubo más que importante.

Esencial.

Puedo suponer que la marea bajará,
eventualmente lo hará,
como ha hecho siempre.

Sé que si no lo hace me ahogará.

Sé que por más que chapotee buscando,
esta cosa que anhelo no tiene barco
ni conocimientos de rescate en alta mar.

Siempre he sido uno de estos anuncios
realmente creativos,
realmente aburridos.

Tú, en cambio, toda mi vida fuiste uno imposible de entender,
uno de esos sin sentido que no puedes dejar de cantar,
incluso vidas después.

Nunca pude dejar de tararearte y ahora,
bueno,
ahora parece que no tengo voz.

La marea no está bajando,
me pregunto si mis órganos abandonarán el barco
o si el barco me abandonará en estos muelles de nunca jamás
a mi.

A mi y a todo ese ejército de pesadilla que acaricia el lóbulo de mi oreja como si fuera mi propio padre preparado para despertarme.



viernes, 14 de diciembre de 2018

Howling in whispers

There is something inside me. Something that usually sleeps day and night.

There are sometimes, when something is not cristal clear that this thing, this bird, wolf and deer, howls in a whisper. It's just a moment, a couple of precise seconds. It's sharp and usually right but suddenly falls asleep.

I have this certanity about this thing that dwells within me. I think a couple of times I've seen it's form.

Someone that used to work solving crimes starts talking about some kidnapping, murder or disgrace of some kind.

Then, then I heard a whole forest screaming inside of me. It's like my brain was dynamite and someone would had lit a spark. A succession of explosions starting a fire in the man that I am.

Tunnel vision, several hypothesis happening to each other and a pasion like I've never felt before burning me from the inside.

There is something inside me. A dark forest that sleeps day and night.

For now.


viernes, 10 de agosto de 2018

Awesome Redirectional Travel - ART

Le he dado una vuelta de tuerca al tornillo que mantiene mi pensamiento dinámico en la estática que emanan mis neuronas.

Nunca pensé que la cruz que sirve para sumar unas cosas a otras cosas que ya existían antes de pasar por el quirófano de la aritmética me elevarían tan alto como a Jesús y sustituirían los clavos por palabras y a la sangre por tinta.

En esta habitación el sonido de un gong espacial genera esparcemiento de ondas de paz. Se siente como si nunca me fuera a cansar. El círculo en que compito ahora tiene forma de anillo y los caballos de mi coche visten herraduras forjadas por mis manos.

El sonido es afónico de esfuerzo, al otro lado de la atmósfera el calor obliga a todas las pasarelas a vestir temporada de verano. Ya no me importa que no quede tan bien, sería capaz de dormir de pie en la superficie de una cu. Que alguien le sirva un cóctel a ese alien, digo no al racismo como expresión del miedo ante el hombre verde.

Sed honestos y tapad vuestros ojos bajo el sol con anteojos que os permitan ver las cosas como son. No hay más diferencia que la impuesta por la falta de amor en ese recipiente al que acercáis la mano de esa persona que corría zigzageando delante de vosotros como performance de un ritual de seducción.

No es tan complicado como parece. No me preocupa la ausente y aparente falta de cohesión entre párrafos en este escrito que debería inundar el continente de tu piel de música y reflexión.

Soy un cuadro abstracto de un cuerpo desnudo en el museo de la pantalla de tu smartphone. Tú eres el receptor, abre los brazos y recibe el mensaje.

¿Qué quieres ver? ¿Qué estás pensando?

No tengas miedo de usar la goma hasta inundar tu vida de virutas sucias de error para perdonar.

Rézate cuanto necesites y sube a ese cohete espacial que tanto miedo te hace sudar. No hay nada que no puedas aguantar, jamás vi a una ecuación derrumbarse y adjurar misericordia o perdón.

El arte son matemáticas que transforman los números en color y las operaciones en sensación.

Arte eres tú.

     El dos de tus pupilas brillando en la oscuridad.
          El rojo pasión que riega tu tesón y esa fe que adorna a la verdad.

La verdad de tu actuación.

             La multiplicación de tú por yo dándonos por resultado a los dos.

En este increíble y redireccional viaje que es la vida con o sin condón.

Voy a dejarte pasear a mi perro y restarte preocupación:

Si dos más dos son cuatro y dos por tres son seis, tú eres arte, artista y espectador.

Coge la batuta y tócame tu rock and roll.


miércoles, 8 de agosto de 2018

F- 106

Sabía yo.


Uno más uno son dos, con eses o sin ellas,

y uno no olvida si dos no quieren, si la dicha es buena.

Flores que me recuerdan a ti y a ti te recuerdan a ella.

Un adiós para un rato, un hola para tan largo y bonito poema.

Meditas de medio lado para acunarme en cuarto menguante en tu regazo.

Exfolio mis malas vibras en tu sonrisa de verbena.


Sabía yo que querer quererte era el paso previo

a encontrarme desnudo en una fragata que late y navega

contra viento y marea para dar la vuelta y volver al puerto

donde dejé mi amuleto de carne y hueso y precioso cabello

que has sido tú desde un uno de enero hasta que mi cerebro se apague

y viaje lejos a tierra de nadie.


Sabía que encontrarte sería como ir en busca del arca perdida,

me llevó veintitrés años y unos cuantos días pero al final,

bueno, al final en lo profundo de la selva de personas enredadas en palabras y existencia

encontré esa mirada que me hizo encontrarme encontrándome a mi mismo descubriéndote a ti.


Sabía que caería enamorado levantándome del suelo de rodillas en el aire

cuando fuese capaz de abrir tu armario de diseño y ponerle el nombre de una ciudad

a cada modelo.


Hoy vas Venecia y yo, contigo.


Sabía que entre todas esas dudas estacionales mudaría de hogar y me iría perenne de certeza

para nunca quitarme tu abrigo. Ese que da calor si hace frío y calma si tengo lío.


Hoy vas Roma, y tu imperio es el mío.


Sabía savia de tus labios mejunje divino que da verde al campo y azul al cielo.

Tu queriendo plebeyo y nombrándolo caballero.

A mí y a todo mi reino.


Sabía que te quiero.


Hoy vas Conmigo y yo... yo no me suelto.









martes, 8 de mayo de 2018

Acerca del interior que refleja

No encuentro la magia. No encuentro las chispas, los colores y los destellos.

No puedo.

Podría escribir una novela pero simplemente no lo haré. Al menos no todavía.

Podría fingir ser un exitoso director de cine pero creo que no voy a hacerlo. No por lo de director, sino por lo de fingir.

Lo encuentro agotador pero más importante, sin un alma o incluso sin dos. Es solo un reflejo de vacío. El vacío que existe en la negación de uno mismo.

Estoy pensando en una rosa que está intentando fingir que es una margarita. Ya sabes, es roja, pero está intentando aparentar que es blanca.

Quizá no es el mejor ejemplo, quizá debí escribirlo al revés pero no voy a hacerlo. No voy a fingir que lo pensé así. Puede ser la falta de sueño poniendo mi cerebro patas arriba, creo que no me importa. Y no me gusta el distanciamiento que genera el tono de voz de los obreros trabajando juntos de noche. Están solo a un par de metros de distancia y ni un sonido se cuela entre ambos, pero se gritan.

Pienso que se alejan con la voz. Pienso que suena como si el mar fuera hueco y opaco y dos amigos que no se ven desde hace años tratasen de buscarse el uno al otro buceando, ¿sabes?

Simplemente no funcionaría. No voy a fingir que lo haría porque no lo haría.

Voy a encenderme otro cigarro.

Si lo hago lo suficientemente bajo puedo imitar la voz de personas que admiro, todas tienen que ser en inglés. Hablo de imitar. Imitar no es lo mismo que fingir. Una usa un espejo, la otra autodesprecio.

El mundo empieza a girar y yo me voy a ir a la cama.

No finjas, no te finjas. Pretender ser alguien que no eres te llevará a coger una pala y cavar un hoyo donde caerás. Las enredaderas negras de tu mente estrangularán tu corazón hasta asfixiarlo.

Ahogará la vida que hay en ti y drenará el brillo en tus ojos.

Puedes mentir a veces. Pero la mentira es como un arma, trata de apuntar a zonas no vitales. No vayas demasiado lejos con ello.

Miéntete si eso pudiera salvarte de ser absorbido por las arenas movedizas que existen en tu ciénaga.

La ciénaga de tu mente.

Píntala de verde, es un color agradable. Dale vida, no fantasía.

La vida es lo suficientemente fantástica por sí sola.

Eso no es una mentira.


martes, 10 de abril de 2018

A se(p)tiembre con mi vida

Un cuatro de nota final. Como método para demostrar haber aprendido, la repetición.

Leo el letrero al final del camino, a la vuelta de hoja del examen que me ha caído encima como un alud. Es como una biblia para ateos que repite en letra pequeña:

'Por aquí no'. Por aquí ni de coña. Terminarías antes si te sacases el peine del bolsillo y tratases de cortarte con el las venas.

Por aquí se vuelve a empezar.

Es el botón de Start, el que reinicia la partida, el que carga todos tus recuerdos y los dispone en bucle. Sería como susurrarle a todos tus demonios que quieres volver a jugar, que te apetece volver a intentarlo, con la cara roja y las sienes inflamadas.

'Déjame probarlo todo una última vez, caerme y destrozarme las rodillas mientras la busco con la mirada canina, con el hambre en los ojos del hombre que jamás ha probado bocado'.

Y salto el letrero apoyando una sola mano de forma elegante, si se me permite decirlo. Sé que no lo tengo claro pero, joder, no es como si alguna vez lo hubiera hecho. Solo lo hago para volver a aquellos primeros pasos donde el verano olía, me ensuciaba las manos con gusto y la diversión era ambas caras de la moneda.

Pasará rápido. Ya lo he vivido.

Tras unos cuantos baños, tardes de fatigas construidas desde la imaginación y ratos de sacar toda la punta posible al lápiz junto a la papelera la profesora me mandará sentarme.

Sentarme y empezar
a crecer
a enamorarme
a encontrar dentro de mi a un tipo melancólico con la capacidad de dramatizar una carrera de gotas de agua en la ventana del coche.

Esos serán mis deberes y juro que me llevaré tarea a casa.

La frustración se trasformará en un gigante de roca y el dolor en la espada de fuego que blandirá desde el momento en que me de cuenta. Que he vuelto a empezar, que las estrellas no brillarán por siempre y la paz se me escapará entre los dedos escupiéndome a la cara y gritando algo así como:

'Que te follen, bastardo. Espero no tener que volver a verte en un largo tiempo'.

Esa puta paloma blanca
y sus profecías autocumplidas
y sus interminables ganas de volar lejos de mi.

Y a pesar que me parecerá tortura y preguntaré por qué la existencia no respeta mis derechos humanos lo conseguiré. No palmarla por dentro. Aunque habrá algo de mi que se marche para no volver la mayor parte seguirá ahí, en continua mutación, aullando a la luna llena por las noches, escuchando Mecano, sintiéndome cambiar a un hombre cachorro con las orejas demasiado cortas y las garras creciendo hacia dentro.

Serán años que parecerán décadas y me retorceré en mi interior recordando 'por aquí no', el estúpido salto olímpico sobre el letrero y preguntándome por qué tuve que hacerlo, si tan lejos me quedaba la infancia que había olvidado lo rápido que pasa y lo mucho que permanece en la memoria. Tanto que podría volver a nacer y nada me sorprendería. Al final es mi película favorita, la estrenaron el día que nací y no me he perdido ni un solo fotograma.

Me escocerán las discotecas a las que iré por tratar de encajar, los rechazos de todas esas chicas que tenían algo mejor que hacer y los míos propios. Esos que son agua oxigenada vertida a espuertas en alma abierta y supurante.

Tantos debates frente al messenger sobre si yo soy parte del problema, de la solución o simplemente una ecuación toca pelotas con incógnita de imposible resolución.

Las agujas marcarán las cuatro de la tarde en el tiempo que me queda y la veré por primera vez. Y es la historia que tras varios pasodobles y un par de series termina en No pero No te negaré que eres especial.

Pasarán dos años y el reloj se tomará un par de copas, ni él ni yo sabremos que hora marcar en el bar en el que nos encontraremos. Para este momento ya me han querido, he querido, me han dejado y he huido.

Sienta fenomenal beber un trago de vino y encenderse un cigarro mientras mis amigos y yo contemplamos el vuelo de la paloma blanca en el interior del local, atrapada entre cuatro paredes y rehusando posarse, poner pies en tierra firme, darnos un poco de paz.

Ya no la necesito, para entonces me valdrá con momentos donde la música es más que sonido y cuento historias y me río de las de los demás con la certeza de estar atrapado en el presente durante todo un instante, terminable, finito, tanto como el borde de ese vestido de flores que me abrazó una tarde de verano con un poco de miedo y mucha vergüenza.

Me sé la canción. De cabo a rabo. Hasta el final. Hasta el letrero con letra pequeña preparado para los que abjuran en la plaza del pueblo de su propia comunión y de las ostias de pan. El vino es otro cantar.

Quizá vuelva a pulsar el botón, a repetirlo todo, a volver a start delante del espejo.

'Por aquí no'. O si, si les queda un tinto que no sea muy caro y alguna historia que contar.



miércoles, 4 de abril de 2018

Una posibilidad

Se desnudaron tan rápido como despacio se quisieron.

Era la primera vez pero ninguno de los dos podría haberlo dicho. Tampoco el universo que, expectante, había atisbado la unión.

Ella se sentía estúpida por haber guardado en su haber tantas dudas.

Él sabía que ella nunca más las tendría.

Ninguno podía creer que hubieran tardado tanto tiempo cuando los árboles, el viento y los arroyos pedían a gritos y en conjunto que la naturaleza siguiera su curso.

Desde hacía años.

Siempre se habían querido  y odiado al mismo tiempo. En no pocas ocasiones ambos habían deseado que el otro desapareciera de la faz de la Tierra para poder dormir por las noches, para dejar de sentir la falta de aire, la culpa, el dolor, la confusión.

Y, sin embargo, siempre habían sabido cuándo el otro le necesitaba. Se necesitaban. No para poder vivir bien, ser felices o querer a otras personas. Simplemente lo hacían.

Se necesitaban,
como el día y la noche
en la distancia del tiempo.

Él, bañado en auto conocimiento que destilaba un falso orgullo, era capaz de caer sobre sus rodillas ante la presencia de ella, sin dejar de emitir los gruñidos de un perro salvaje presa de una maldición o hechizo de sumisión.

Ella, perdida en un océano negro de sentimientos y emociones que tenían el poder destrozarla, siempre lo quiso demasiado como para arriesgarse a destruirlos a ambos en el intento de amarse. Siempre riendo sus tonterías sin dejar de insultar las cosas que tanto la desquiciaban de él.

No se podían ver hasta que no podían dejar de mirarse. Entonces un abrazo, una caricia en el rostro, una tarde para los dos, podía quemar el Sol.

Ella nunca le mencionaba pero en el viento siempre terminaba recogiendo su aroma a rosas.

A él le habían preguntado si alguna vez había amado y el nombre de ella fue la respuesta.

- Es la primera vez pero no parece la primera vez - susurró ella, mirándole a los ojos mientras ambos permanecían desnudos, tumbados junto a la chimenea.

- Aha - asintió sin poder apartar la mirada - y aún así seguiremos odiándonos, despidiéndonos y reencontrándonos.

- No puede ser de otra manera, ¿verdad? - preguntó ella, acariciándole la barba.

¿Podría? ¿Sería posible dejar de echarla en falta cada vez que viajase sin ella? ¿De encontrarse con dolor en el pecho por no tenerla cuando se disponía a dormir? ¿Sabría vivir sin echarla en falta?

No encontró más respuesta que su nombre.



martes, 30 de enero de 2018

Naces, lloras, mueres.

Naces.

Naces rodeado de batas blancas, estetoscopios y azotes en el culo que te arrancan tu primer llanto.

No sabes por qué te hacen llorar pero todo el mundo parece contento.

Las lunas se van sucediendo y dices tu primera palabra. Es mamá. Sigues llorando para comunicarte, vuelves locos a tus padres.

Llega el invierno y ves el juguete al otro lado del pasillo. De pronto, sin saber muy bien cómo lo has conseguido, estás de pie. Te balanceas y con dificultad das tu primer paso. Tus padres no lo ven, pero días más tarde repites la hazaña delante de ellos.

Lloran. Tú no, no es el momento.

La vida se sucede entre juegos y baños calientes. Es tu primer día de clase. Te llevas tu juguete favorito al colegio, te da seguridad. La profesora está con uno de tus compañeros, está llorando. Coge tu juguete del suelo y se lo da. Notas como se humedecen tus ojos.

Hace ya más de una década de aquello y tienes acné. Te preocupa pero tus padres te dicen que desaparecerá con el tiempo, tú solo quieres que ese momento llegue ya.

Hay una persona en el instituto, dos mesas por delante de la tuya. Cuando la miras tus hormonas se disparan. Un día, tras un examen que no habías preparado, sales triste al patio. Te cruzas con ella y te dice hola. La cara se te pone roja. Salís juntos tras hablar un par de días. La tarde es divertida, camináis hasta su portal. Os besáis. Es tu primer beso.

Cinco semanas después te dice que le gusta alguien más, alguien que no eres tú. Ese día tus padres no pueden evitar que llores toda la tarde. Temes deshidratarte hasta morir. No te mueres.

El acné ha desaparecido y han dejado de llamarte adolescente en los sitios. Estudias lo que te gusta, el problema es que no te gusta estudiarlo. Apruebas el último examen y haces una fiesta por todo lo alto.

Has bebido lo suficiente para perder la vergüenza y el miedo. Tus amigos te presentan a alguien nuevo. Habláis un poco y a ti te parece que os conocéis de antes. Te dice que hueles a colonia y alcohol, tú contestas que está de moda beberse las colonias y bañarse en cerveza.

Os vais a vivir juntos.

La vida es maravillosa. Vais a la perrera y ampliáis la familia, se llama Rufo. La idea es suya y no sabes si ya quiere al perro más que a ti. Esa misma noche os vais pronto a la cama y te recuerda que no, que tú eres lo más.

Cenando una pizza en la cama propones matrimonio. Se ríe de ti y tras un par de chistes te dice que si. Os reís y comenzáis a llorar entre carcajadas. Rufo se sube a la cama de un salto y comienza a ladrar, él también se quiere casar.

Si, quiero suena a lo más convincente que has dicho nunca. Te lo devuelven y te retumba por dentro durante el resto de tu vida.

Es vuestra luna de miel. Os bebéis un mojito sobre la orilla de una playa con el agua casi cristalina. Ella se marea y cae inconsciente sobre la arena. Con el corazón en un puño consigues reanimarla, te dice que está bien, que ha sido un golpe de calor. No la crees, es de noche.

Cáncer. No llora, no es el momento. Tú si, más tiempo de lo que jamás lo habías hecho.

En cuestión de tres meses cuelga sobre ti un cartel que dice viudedad. Vas a visitarla al cementerio, sabes que es estúpido y que no puede oírte pero hablas como si nunca se hubiese ido. En ocasiones te parece escuchar su voz riendo por lo bajo, como un susurro que arrastra las hojas por el suelo.

Pero no es así.

Un día te despiertas gritando con lágrimas en los ojos y le pides a Dios que te la devuelva, no importa si regresa junto a tu acné.

No importa. No vuelven ninguno de los dos.

Rufo la echa de menos tanto como tú. De vez en cuando se sienta en mitad del pasillo y mira fijamente a la puerta. Llora. La espera. La escena te rompe el corazón una y otra vez.

Llega el tercer agosto desde que estás solo y con él energías renovadas que te permiten mudarte. Rufo y tú os vais al bosque. Ama dar largos paseos y ver otros animales. La cabaña es bonita, estar lejos de tus amigos es lo único malo. Eso y no poder ir al cementerio. Te dices que puedes hablar en cualquier sitio pero te sientes más lejos de ella.

Te acostumbras con el paso de los años.

Estás en el supermercado, se te cae una naranja al suelo. Una mujer se agacha rápidamente y la recoge.
No puedes creerlo, pero por un instante era ella. Contienes las lágrimas y recoges la naranja.

Es el décimo aniversario de su muerte y Rufo no se despierta. Le entierras en el bosque, junto a su árbol favorito y aprendes a vivir completamente solo durante los siguientes dos años.

Tus huesos suenan cuando te mueves y las arrugas en tu rostro son innegables. El médico no te lo ha dicho pero no parece que vayas a llegar a los noventa años. Tomas seis pastillas al día y hace mucho que no sabes cómo es no tener dolor.

Lo piensas y te asustas. Podría ser hoy. Podría.

Te arrastras en pijama apoyando tu bastón sobre el suelo de la cabaña. Te sientas frente a un papel en blanco con un bolígrafo en la mano y lloras. Quieres contarlo todo pero no sabes cómo.

Te duelen el pecho y el brazo izquierdo.

Escribes esto. Lloras.

Mueres.







domingo, 7 de enero de 2018

La rosa

Te busqué. Lo hice antes de conocerte. Jamás supe que nunca sería capaz de descifrar el mapa de pecas que granjean tu rostro, ese que parece predecir el futuro que podríamos tener.

Te encontré perdida en un mar de emociones que no sabías discernir ni reconocer. Yo no supe decirte jamás que quería ayudarte y lo intenté, joder si lo intenté. Lo hice hasta sentirme arder por dentro.

Te perdí segura de no querer compartir el tiempo que tenemos conmigo y aunque costó al final lo acepté. Me di cuenta, el único alma que necesitaba para seguir respirando, interpretando y disfrutando de la serie de problemas que la vida me pondría delante era la mía.

El problema llega después, cariño. El problema me golpea cuando entiendo que no te necesito pero te quiero sin atisbo de la locura que en algún momento, creo, me llegó a poseer. La dureza de una roca seca contra la que mi espalda resbala en tiempo y dolor.

No puede ser, me digo, que no sea un capricho, que no sean mis demonios buscando una salida, que no sea mi necesidad pidiendo compañía. No puede ser que la quiera. Que la quiera como siempre sospeché sin tener ni puta idea de por qué.

Por qué tú, por qué tú a tu manera, por qué no. Pero por qué. Por qué cojones por qué y no la chimenea, el bosque, nuestros lobos y los cachorros aullando a la luna mientras me miras con esos ojos que parecen de un oro castaño que acaricia mi piel por el mero hecho de ser objeto de mi percepción. 

Mi corta percepción de mierda. Mi limitada percepción.

Y me pregunto una y otra vez si es por ser quien eres, si es por no ser quien quieres. Me cuestiono los dedos de los pies, la barba, mis ideas y el tono de mi voz. Y lo sé, se que están bien pero por qué.

Por qué no pude disfrutar de lo que siempre me pareció que buscabas en mí cuando me escupías encima el café. Reías de aquella manera que me hacía pensar, mierda, esto no se puede romper.

¿Se puede romper?

Y fue mi culpa encima de tu indecisión la que nos sentenció a seguir caminos separados y perder para siempre el beso que nos debemos en navidad. El beso que escucho cuando miro por la ventana y es de noche y alguien menciona tu nombre para referirse a otra persona. Ese al que busco mirando hacia las estrellas estirando el cuello como si se me fuera a romper.

En toda la rosa la púa clavada que es la sensación de que jamás llegaste a entender que no te quería para, que te quería por. Por tu mente jodida, por siempre, por haberte visto delante de mi y haberme hecho dudar de todo aquello que daba por cierto en la corta vida de mierda que me condujo hasta esa chica con sudadera negra y mirada traviesa. 

Esa púa que me dice no te pedí lo que no podías darme, que no quería el sexo por el placer de hacerte gemir hacia nuevos horizontes. Que era por el rato de después.

Y el de antes. Y el de ayer. Y que mañana veríamos qué teníamos que hacer.

Y aún así, a pesar de entender, de conocer, de saber, de haber aprendido a no esperar el milagro a las tres de la mañana ni soñar con mi cabeza en tu almohada, la rosa que crece en tu mirada permanecerá perenne en el jardín de mis recuerdos hasta que la tierra muera y yo cierre los ojos, estéril, para dejar de apreciarla.


martes, 5 de diciembre de 2017

En casa

Ven y siéntate un rato con tu abuelo en la mesa. La hora del café es de verdad, existe, no es una excusa cualquiera.

Y antes de sentarte tráeme una rodaja de melón, date prisa, quiero poder saborear su azúcar antes de que todo esto se derrita como acuarela aguada y abra los ojos. Quiero escuchar al hombre del tiempo sin novedades repitiendo sol y calor, sol y calor, como hizo ayer y como hará mañana.

Sube el volumen de la televisión. Si le das una oportunidad, la  película de esta tarde te gustará. Se que los argumentos de estas obras son siempre el mismo, creo que por eso son tan importantes. Dejas de prestar atención a la historia y te sumerges en sus bosques, en sus casas perfectas, en sus malas actuaciones y en el lago junto a la casa donde siempre sucede lo mismo.

Podría contar los pedazos en los que rompo las hojas caducas del suelo.

Quiero pensar que vivo en este recuerdo que se esfuma, se eleva y disuelve en mi cerebro como una invención, la de un viejo aburrido que habita en las callejuelas más recónditas de sus sinapsis.

No sé como huele el azafrán pero lo recuerdo como si lo tuviera delante.

Siéntate hijo y acércame el cenicero. No voy a molestarte, no quiero hablar, solo mirar por la misma ventana de siempre y ver transformarse el más soleado de los días en la tormenta perfecta. 

Perfecta
por nosotros
y la lluvia que nos envuelve.

Y que lo haga sin avisar, con la sola advertencia de un olor fantástico que atraviesa ventanas y paredes.

Sentarnos,
tumbarnos en la terraza,
y esforzarme por escuchar las palabras que dijiste mientras las estrellas,
ellas
y nosotros
y ahora tú, 
brillamos en el cielo.

Tranquilo pequeño, todo esto ya ha pasado. Sigue vivo dentro de ti y permanecerá en el universo mucho tiempo después de que hayas desaparecido. Y volveremos a ver esa película, una y otra y otra vez mientras te comes un helado o un chocolate caliente, mientras el ventilador nos tape la televisión o la chimenea nos dé calor.

Acércame tu mano ahora que me ves cuando cierras los ojos. Coge fuerza, te queda todo por hacer y pude ver en ti desde el primer momento que conseguirías todo aquello que te propusieras. Todo lo que siempre soñaste ser.

No te pongas nervioso, puedes jugar un rato en el suelo, tranquilo hijo, tranquilo. 

Puedes jugar un rato conmigo. Podemos intentar recordarnos hasta que me desvanezca con una sonrisa y mi corazón latiendo dentro del tuyo.

Te quiero. No llores, estás en casa.


martes, 5 de septiembre de 2017

Respondo

E: ¿Cuál cree que es la clave de la vida?

Y: Solía pensar que la intensidad, ¿sabes? Euforia o depresión, esos pueden ser muy buenos o muy malos pero no cabe duda que son. No puedes perdértelos, los sientes. Solía apreciar como un regalo las grandes explosiones y los recitales de fuegos artificiales. Tanto color, tan alto...

E: Habla en pasado, ¿ya no piensa así?

Y: Sigo creyendo que la intensidad es importante. Simplemente ahora la entiendo de otra forma. No busco la intensidad en las cosas, la busco dentro de mi y la utilizo para sentir lo que tengo delante con todo mi ser. Solo estar mirando al horizonte, la línea imaginaria donde se juntan el cielo y el mar, puede ser lo suficientemente intenso para llorar. Historia real. (ríe).

E: ¿Es más de decir lo que piensa o de pensar lo que dice?

Y: Trato de llevar ambas fórmulas acabo. Creo que hago más lo primero que lo segundo, como casi todos. Mucha gente no hace ninguna de las dos.

E: ¿Hay polémica cuando habla?

Y: No soy de los que buscan el conflicto pero si de los que dicen lo que todo el mundo piensa y calla. A veces la gente necesita escuchar la verdad, incluso si esta es más dura de lo que pensamos.

E: ¿Cree en el amor?

Y: Depende, ¿qué tipo de amor? 

E: El de las películas, el que lo hace todo moverse a cámara lenta y llover rosas.

Y: Solía hacerlo, me lo tomaba muy en serio. Me parecía que era algo a lo que darle importancia, el amor de tu vida. Mi idea sobre eso ha cambiado, creo que bastante.

E: ¿La vida?

Y: Creo que la vida nos da motivo a todos para cambiar lo que pensamos, la diferencia radica en una mente activa. Todos pasamos por todo tipo de cosas y tenemos oportunidad de madurar pero solo los que están despiertos y dispuestos a cuestionarse los por qués van adaptando los cimientos de su cabeza.

E: ¿En qué cree usted ahora?

Y: Supongo que en algo más real. 

E: Eso suena triste.

Y: No tiene por qué. La realidad puede ser muy triste pero gran parte de lo que es depende de cómo lo vemos. Podemos transformar nuestro alrededor con el enfoque adecuado. Ya no creo en las mariposas.

E: ¿Ya no se emociona?

Y: Claro que lo hago, y siento esas mariposas pero ya no soy adicto a ellas, me he rehabilitado. (sonríe). Ahora creo en conocerse. Todos dibujamos gran parte de la otra persona cuando empezamos a conocerla, es natural, normal y sano. La diferencia radica en que ahora sé que estoy dibujando lo que no conozco de esa persona.

E: Tiene sentido. ¿Está enamorado?

Y: Llevo enamorado toda mi vida.

E: Voy a necesitar que explique eso.

Y: Para que se haga una ligera idea he conocido y continuo conociendo a personas, enamorándome y siguiendo adelante pero hace ya años que conocí a esa persona que se instala en tu corazón para quedarse de por vida.

E: ¿No están juntos?

Y: No y no es algo que me preocupe. Hay que preocuparse por las cosas que uno puede controlar.

E: ¿Por qué está usted entrevistándose a si mismo?

Y: No esperaba esa pregunta. (risas).

E: Tenía que llegar, ya lo sabe.

Y: Claro. Creo que la idea me vino en un sueño donde decía lo que pensaba y necesitaba un entrevistador que realizase las preguntas.

E: ¿Está contento con el resultado?

Y: Creo que me lo he montado bien.



miércoles, 2 de agosto de 2017

Miedo

Miedo de tirita, cretino de mierda, miedo a la herida que escuece pero no duele, a la que deja marca pero no mata. Miedo a la herida que cicatriza antes de tiempo.

Miedo a no poder aparentar ser tan guapo como el subnormal que te robó a la novia sin mover un dedo. Que la perdiste tú, que la perdí yo, que se bajó del bus en marcha para no verte mas el pelo.

Te quiso pero se ahogaba.

Seamos claros, abrochémonos las camisas de fuerza, la asfixiabas.

Eso es para ti.

Y sé que no tiene nada que ver pero estamos locos y nos cuesta menos mentirnos que ser honestos. Que la verdad pesa un quintal y una operación de espalda en la que te colocan un hierro y te ponen recto.

Esto es para mi.

Shhh, calla, calla, no hace falta que me lo digas. Silencio. Prefiero no hablarme y no decirme que fue mi culpa, que no puedo cambiar, que es miedo con eme de mentira, de que nadie me lo diga, que se callen su valor y su mirada perdida buscando algo por lo que luchar.

Que no me hagan de celestina ni de alcahueta ni de farsa podrida. Que somos personas y no ovejas, vacas o zorras jodidas. No me convences. No necesito tu bendición malherida.

No haré tratos con escupitajos ni sangre coagulada, no me comprometeré a no mirar al diablo a los ojos y tratar de seducirle. Estamos jodidos.

Véndeme la moto.

Esto es para todos.

No soy yo, somos todos.

Os veo en vuestras habitaciones blancas de paredes acolchadas y locura contenida en gritos que hacen temblar los cimientos de este manicomio bautizado Hospital Vida.

Vamos a dejarlo claro.

No llevo ropa cuando duermo, visto sentimientos que me dan calor, frío y dolor en aumento. Duermo cuando puedo y cuando no, cuando no cierro los ojos y mis párpados viscoelásticos me mecen en un sueño balsámico de colores añejos, risas y juegos.

Puedo volar.

Mi cuerpo no pesa y mis huevos jamás tocan el suelo. Solo cuando me suicido para despertar y abro los ojos y me encuentro de nuevo en un laberinto de palabras y fotogramas que destellan existencia hacia delante, jamás hacia atrás, y tiro el ancla e intento recordar.... cómo era el pasado cuando lo podía parar.
Cuando mi rostro en el espejo no se deformaba y mi mirada fija no se dejaba navegar en un mar desorientado que no sabía dónde naufragar.

Este es mi barco. Soy mi capitán y mi tripulación. Proa y popa se relevan y alternan posiciones.

¿Dónde está mi norte? ¿Hacia dónde debo mirar?

Ya se ha muerto. La he visto caer sin vida en su caja de pino, en su armario anodino, en su féretro.

Soy un niño animal en el patio del colegio, otra vez. Ya no juego a superhéroes, estoy parado, rodeado de peonzas que giran y giran. Me mareo.

Tienen rostro y gritan. Que por qué no estoy cuando me necesitan, que por qué me enfado si las aparto, las abrazo o las masturbo hasta el fin de los días. Y giran, giran y giran.

Que son gigantes, que son molinos, que son pastillas, que son, ¿qué son?

Deme un trago para beber y mojar las estrofas secas que se me atragantan en el paladar. Écheme una mano, pínteme las uñas y dígame que soy la más guapa del bar.

No me quiere dejar estar.

Se me mezclan los olores de amores perdidos, de orina, caca, culo, pedo y pis. Da miedo.

Que alguien me de otra patada en los huevos, que me enchufen al cargador, estoy empezando a tiritar. Tengo fiebre tifoidea y no es buen sitio para palmar.

Llévenme al mar para que pueda descansar, romper con las olas y aprender de nuevo a caminar.

Tráiganme coronas, flores y exfoliantes para limpiar la verdad que si muero en ignorancia sabrá a café bombón y no habrá motivo para llorar.

Déjenme el sarcasmo sin tocar que si hay otra vida lo podré usar y ganarme el trono del otro reino a base de risas y de dejarles mal, a ellos, a los jefes con alas y tridentes del lugar.

No puedo volar porque tengo miedo, miedo del de verdad, miedo con eme de madre mía que hostia me voy a pegar si estas alas no funcionan y la teletienda me ha vuelto a timar.

Mi adiós con miedo horrorizado de terror con celo. Del que levanta la ceja y sospecha, sopesando, si da más miedo una condena perpetua a la ignorancia o una pena de muerte de verdad.

Voy a susurrar las últimas palabras de forma tan ligera que cuando pase por aquí el viento se las lleve de viaje y las transporte tan lejos que apenas nadie pueda recordar que alguna vez fueron dichas, escritas, leídas o escuchadas.

Que alguna vez fueron sentidas.

El miedo es una cárcel sin barrotes, no los necesita, te tiene a ti.











Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...