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sábado, 23 de septiembre de 2017

Vuelo transentimental

"Entorna la persiana, hazlo mudo, sin sonido. Crea una atmósfera tenue que te permita ver por una rendija los árboles en la calle.

Susurra algo en su oído. No importa lo que digas, pero tienes que susurrarlo bien.

Si lo haces bien se dará la vuelta, girará su cabeza y estrellará sus labios contra ti. Sentará bien tener el vello de punta otra vez, sentir galopar tu corazón y enrojecerse las mejillas. Será fantástico."

Despertarás.

Lo harás y analizarás por qué nada de todo eso sucedió. Qué te alejó tanto de esa habitación, por qué no hay acompañante en el asiento de al lado en este vuelo que cruza el océano rumbo quién sabe dónde. Todo eso te peleará en la cabeza sin resultado.

Qué te alejo si lo amabas hasta quedarte vacía. Qué te hizo subir a un avión si no te gusta volar, o eso decías.

Marzo se antoja eterno y tu llanto se prolongará más allá de eso. Te sientes agrietar y aún no sabes si él se ha dado cuenta. '¿Sabrá que lo quería tal como era?' Quieres decir, que lo hacías de verdad.

De            
      Verdad.


Probablemente no. El dolor y la decepción mal enfocada hacia ti le estará jugando una mala pasada, envenenando su cabeza, haciéndole pensar que nada de todo lo que hubo entre vosotros fue de verdad.

Tu y yo sabemos que lo fue. Él también, en el fondo. Lo recordará, solo lo ha olvidado momentáneamente. Solo ha quitado el tapón de la bañera que era vuestra relación y se le han colado por el desagüe los momentos bonitos.

Y ahora solo ves nubes y no encuentras sus ojos entre todo ese vapor de agua. Solo niños llorando, gente roncando y una azafata de vuelo que tenía que ser mujer.

Y te mantienes
sentada
pero de pie
sin saber cómo
si no sabes ni dónde eres
ni por qué estás.

Pronto aterrizarás pero tú aún no sabes si quieres bajar. Allá arriba se está a salvo, nada te puede alcanzar. Lo sé, los dos sabemos, pésima mentira porque sigues con ganas de vomitar.

¿Sabes algo, amiga? He sido Tú más veces, muchas más, infinitas más, que Él. Y eso es una putada.

Una
jodida
y mortífera
putada de mierda.

Te recuperarás en ese nuevo país al que vas, ese que no sabe aún lo bien que sabes. Mírate las manos. Alguien más las acariciará deseando que nunca desaparezcan. No es el final.

Llora un poco. Tienes que volver a empezar y, ¿sabes?

Mejor que sea pronto
no nos vayamos a estrellar.




lunes, 25 de julio de 2016

Me gusta conversarte

Me gusta conversarte. Pelear palabra a palabra. sin golpes, sin rodillazos en la cara, sin malos tratos.
Me gusta conversarte. Estirar mis vocales hasta acariciarte, preguntarte y dejarte responder para bien.
Me gusta conversarte. Sisear y maniobrar con mi lengua y mis cuerdas vocales para contarte, decirte.
Me gusta conversarte. Molestar, preguntarte, hacerte pensar y desencajarte, verte mirarme y esperar.
Me gusta conversarte. Respirar argumentos y coherencia y entendimiento en la diferencia, rebatirte.
Me gusta conversarte. Hablar con los ojos y que me ganes en una pelea de épicas proporciones.
Me gusta conversarte. Esperar a que te reorientes y encuentres calientes las palabras que sientes.
Me gusta conversarte. Tocar el espacio entre nuestras opiniones con sugerencias y revelaciones.
Me gusta conversarte. Dar cinco sílabas por cada cuatro que me envías, que suenen bien.
Me gusta conversarte. Alquilar un par de horas al tiempo para conectar nuestras mentes en voz alta.
Me gusta conversarte. Componer una conversación y entre los dos dibujar su pentagrama.
Me gusta conversarte. Besar con mis labios la vibración de lo que digo sin haber pensado antes.
Me gusta conversarte. Jugar con los verbos y pintar los adjetivos de calificativos exagerados.
Me gusta conversarte. Mirar lo que dices y vigilar lo que te digo.
Me gusta conversarte. Creer que con cada palabra las posibilidades se tornan más y más infinitas.
Me gusta conversarte. Dibujar un puzzle donde tu voz y la mía encajen como dos piezas imperfectas.
Me gusta conversarte. Recordar al terminar que lo que quería decir quedó en el tintero y tú en mí.
Me gusta conversarte. Llamar a las cosas por su nombre y que me llames imbécil cuando lo soy.
Me gusta conversarte. Competir en un juego invisible con piezas de marfil donde gana el que puede.
Me gusta conversarte. Saber hacer las pausas para coger aire y contraatacar.
Me gusta conversarte. Querer que me hables y escucharte para siempre en un debate eterno.

Me gusta conversarte. Conversar para que peleemos, nos estiremos, siseemos, molestemos, respiremos, hablemos, esperemos, toquemos, demos, alquilemos, compongamos, besemos, juguemos, miremos, creamos, dibujemos, recordemos, llamemos, compitamos, sepamos y queramos. Me gusta conversarte porque podemos. Me gusta conversarte porque quiero.


viernes, 28 de agosto de 2015

Ficción. La realidad que no quiso ser.

En el planeta somos muchos, quizá demasiados, eso ya lo sabemos. También somos conocedores de que en cada parte, en cada país, en cada calle, la gente es de una manera y no de otra. Algunos se sonríen, otros caminan de la mano, los hay que no pueden besarse públicamente si aman a otro con el mismo tipo de genitales, los hay que hablan con los animales de la selva como otros lo hacemos a través de un smartphone.

Hace unos días tuve el desagradable placer de contemplar la mayor barbarie que mis ojos hayan podido ver proyectada en la pantalla táctil de un teléfono móvil. Una chica, apaleada ante la atenta mirada de decenas de personas, terminaba quemada viva en plena calle. Lugar, cualquiera, realidad, una tan distante de la nuestra que bien podría ser considerada ficción. Una realidad que, si me preguntan, prefiero creer que no es.
A miles de kilómetros y con unos pocos días de diferencia, me encuentro en la terraza de un restaurante. A mi lado una chica que promete sonreír hasta el último de sus días, en mi cabeza el pensamiento de que me encuentro en otro cuento, que esto no puede estar pasando si en aquel vídeo "casero" la chica sintió las llamas devorar su cuerpo de la misma forma en que yo saboreo el pollo que me acabo de meter en la boca. Viva la salsa Jack Daniels.

Esta noche he salido a cenar con un ángel, aquella muchacha fue arrancada de raíz de su vida por fuerza y voluntad de un ejercito de demonios. Entonces tengo que entender, tengo que aceptar, que todos somos lo mismo. Que pertenecemos al mismo reino animal, si quiera al mismo universo.

Noto su pie chocar con el mío y un intercambio de carcajadas tras un pícaro comentario me devuelve al momento. Aquí estás, dónde estará ella ahora. En qué se equivocó para ver su vida desaparecer golpe tras golpe, qué hice yo bien para tener el placer de acompañarte hoy.
Suerte. Suerte de nacer y de hacerlo en el lugar indicado, pura potra, de chiripa, que ella está muerta y yo recoloco cómodamente mi culo en la silla. Que me han puesto un cenicero, señores, tengo un cenicero limpio para fumar, puedo jurar que mucho más limpio que el suelo donde aquella mujer fue enterrada antes de tiempo.

¿Qué se supone que debo hacer al respecto? ¿Sentir lástima, pena, lamentar tan espantoso final? ¿Cómo si quiera puedo plantearme entristecerme un mínimo si mi acompañante ilumina la noche de diente a diente con cada comentario que tengo levemente ocurrente?

Qué alguien me explique por qué diablos soy capaz de prestarle mi cazadora en un acto de galantería cuando ninguna de las treinta, cuarenta o cincuenta personas allí presentes fueron capaces de decir no ante tan salvaje ejecución. Cómo si quiera plantearme que compartimos casa, rellano y escaleras. Que como mucho, un pequeño trozo de mar nos separa.

Esto no es una crítica social ni pretende serlo, tampoco es una declaración a la belleza intermitente que me regaló la vista unos instantes. Es todo eso y más. Es un llanto al mundo, una réplica a todo comienzo y todo final. Es un llamamiento a cualquiera que esté leyendo esto.

Tú y yo compartimos vida, intentemos no defraudarnos el uno al otro.

martes, 18 de agosto de 2015

Sed generosos con el escritor

Sentir, sentir lo que sea. rabia, confianza, ansiedad, euforia, amor, sentir la desesperación acariciar tus mejillas al despertar.

Son tiempos extraños, los acontecimientos suceden con más velocidad de la que soy capaz de procesar y las emociones se agolpan unas sobre otras superponiéndose todas en un tornado tan loco como aterrador. Un tornado de cálida indecisión, de vida al son.

Estamos al borde del cataclismo y me he sentado en la última piedra del acantilado a fumarme un cigarro. Las gafas me protegen de los últimos rayos del sol, mi piel no es blindaje para las cosas que siento, no es suficiente para contener los latidos de mi corazón. Taquicardia en mi habitación, respiración irregular en lo alto de tu balcón, la alcoba del auténtico amor.

No soy capaz de encontrarle demasiado sentido a nada y, sin embargo, te encuentro sentido a ti, sentido que vuela alto para un jugador de ligas menores como yo. Cosas, cosas y rock and roll.

La solución podría estar en crecer unos cuantos centímetros, la solución podría ser despertar con tu cuerpo danzando entre mis sábanas, entre mis brazos, la solución a las inmensas dimensiones que mi cama parece haber adquirido en la última noche.

Y todavía no sé muy bien como reaccionar ante el rompecabezas en el que se ha descompuesto mi vida. Los amaneceres que me ven volver a casa cansado, el atardecer levantándome de la cama, de vuelta a la acción. Los últimos coletazos de una vida que se descompone en fragmentos de esto y aquello, abrazos y besos, lágrimas y sexo.

Aún tengo que decidir si estoy bien o mal, si pido ayuda o perdón. Dudando sigo danzando en lo oscuro de mi cabeza, en el entresijo de dudas y apariencias que me impiden disfrutar de la vida a pleno pulmón.

Sed generosos con un servidor, con el escritor empedernido, con su asfixia en un mar de coños, con la sonrisa que viste y gasta con ese ácido humor. Porque dentro, en su interior (no más bello que el de cualquier otro) las piedras se derriten y la lluvia se precipita hasta inundar las calles.

Sed generosos con el escritor, que por palabra que escribe sangra un poco más su corazón.

jueves, 30 de julio de 2015

Suframos, pero hagámoslo bien

Desde hace relativamente poco el planeta y las vidas que me importan parecen encontrarse en un punto de inflexión. Y digo parecen porque no me atrevo a condenar las cabezas de los demás. No estoy hablando de la crisis económica ni educacional, no hablo de la casta política ni de la clase social. Hablo de mis amigos. De la crisis de los veintitantos, de la vida, del parece que la cosa se complica.

Y es que hace cinco minutos habría jurado soltar la pala en el parque lamentando tener que estudiar un par de temas de Conocimiento del medio. Cuando he querido darme cuenta la barba me tapaba la cara haciéndome un gran favor, tenía las llaves del coche en el bolsillo y un tremendo dolor de cabeza. Hablo, ni más ni menos, que de ayer.

No acostumbro a ser tan conciso a la hora de escribir, voy a intentar no cagarla más de lo que os tengo acostumbrados.

Como iba diciendo, la cosa se va complicando. Cada vez resulta MÁS difícil despedirnos los unos de los otros, los cargos de conciencia pesan MÁS, las confesiones se hacen con MÁS miedo que vergüenza y la nostalgia se nos atraganta con MÁS frecuencia que antes. Todo lo malo es MÁS y lo bueno parece tan efímero que no da tiempo a sentarse a saborearlo.

No estoy pidiendo absolución ni rogando una mierda. Estoy plantándome ante la tesitosa dificultad del problema, me rasco los huevos ante el dolor de cabeza que nos ha estado acechando.

Estoy hasta las pelotas del consuelo, del perdón, del arrepentimiento, de las lágrimas a largo plazo con una comisión de apertura tan desorbitada que da risa. El coste, chicos, no es tan alto. Y es que, como una buena hostia, el dolor es tan real e intenso como los rayos del sol en la costa. Nos estamos quemando.

Continuando con la alusión al verano, ahora me estoy pelando. Que no, que no me estoy masturbando, volvedlo a leer. Si, era eso, me estoy pelando como un leproso demasiado pijo para arrancarse algo más profundo que la primera capa de piel.

En este momento escuece, la dermis está roja y al tacto parece la armadura de cuero de un espadachín. Es solo momentáneo. Solo ahora, puede que mañana también. Llegará un momento en que las penas, como a mi la piel, se os comenzarán a caer. Se desprenderá de vuestras almas como cosa vieja que será y tras el picor, el vacío, las ganas de hacer algo más que llorar, volveréis a brillar bajo la luz del sol otra vez.

Es casi una ciencia exacta, os quemaréis más tarde, si, tocará otra vez. Y no hay absolutamente nada que podáis, que podamos hacer, para impedirlo.

No os estoy condenando, os estoy gritando. Estamos aquí. Somos nosotros y os queremos. Ese es el mensaje, espero haberlo comunicado bien.

No nos apetece sufrir y lo estamos haciendo. A mi, chicos, me apetece hacerlo riendo.

Se lo dedico a todos los que lo están pasando mal, a los que conozco desde hace años y a los que conozco desde hace una semana, a los que escuchan, a los que me gusta escuchar, con los que, en definitiva, se puede conversar.

miércoles, 15 de abril de 2015

Las tres caras de la moneda

"¿Puede un solo hombre hacer la diferencia? Si." Puede que tan solo tuviese ocho o nueve años, pero la expectativa que se creó en mí tras formular la pregunta, esperando la respuesta, me grabó a fuego aquel instante en el cuaderno de pequeños momentos en blanco y negro que perdurarán por siempre en alguna parte. La respuesta llegó como un helicóptero de rescate en el mejor momento, justo antes de que en el bote salvavidas unos empezasen a mirar a otros con el apetito del que se plantea iniciarse en el canibalismo.

Han ido pasando los años y la respuesta ya no está tan clara como a uno le gustaría. No podría afirmar con rotundidad que el orden de los factores no altera el producto ni que no hay mal que por bien no venga o que, tras la tormenta, llega la calma. No os confundáis, veo la luz al final del túnel, tan solo dudo que sea algo más que un espejismo.

La ilusión de poder, del final feliz, de que con querer basta. Ahí nos refugiamos, ahí, personalmente, me encuentro como en casa, bajo el techo del pudo ser y no le salió de los huevos. No quiso dibujar el final del camino, se le rompió la punta del lápiz, el corazón, se desdibujaron las caricias y la piel quedó tan dura como la superficie de una roca volcánica, chamuscada por dentro, sucia por fuera.

El hombre que duda poder cambiar el mundo incapaz de encontrar la paz bajo las sábanas, recostado en una almohada que huele demasiado a quizá, un aroma que le recuerda al y si.

Las lágrimas que no salen, las puertas que ya no se abren, la cartera en casa, las ganas estacionadas en la parada de un autobús que, como de costumbre, no se rige por horarios.

Quizá los ángeles existan después de todo, es probable que la verdad sea más que un concepto. Cabe una posibilidad de que las ideas terminen materializándose en muerte y desolación y que, llegado el momento, la paz que tanto hemos ansiado nos deje anestesiados.

Voy a probar suerte un par de veces más, sin complicar el asunto, con la atenta mirada del pasado escudriñando cada movimiento, repasándome jugada tras jugadas desde la coronilla.

Son dos las posibilidades, no le busques las tres caras a la moneda y si lo haces... bueno, entonces procura nunca perderla.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El combate del siglo, mi mano contra tu cara.

Estamos en guerra. Las trompetas suenan, el cielo se torna rojo y a Jesús le arde la barba. Corre despavorido, con las manos en alza, no es la palabra de Dios la que proclama a voz en grito.

Si una cosa he descubierto en mis veintiún años de existencia y en los cuatro que llevo de vida es que a todos nos gusta desayunar en Vietnam, merendar en Afganistán, bebernos el vaso de leche antes de dormir en una trinchera donde silban las balas y la sangre lo tiñe todo de rabia y frustración. Anhelamos partirle la cara a alguien que, probablemente, sea menos gilipollas que nosotros. Y como solo hay unos pocos valientes que llevan la hazaña a cabo, necesitamos visualizarlo, repetidas veces.

Conozco los mantras, la buena postura, lo políticamente correcto, lo soberanamente coñazo. Y por eso quiero dejarle claro que mi madre me dio a luz en una ocasión, quiero mandarle una postal directa a la cara, con cuatro posdatas, que recuerde el viaje al día siguiente con un diente menos.

Y el auténtico problema llega cuando despiertas en mitad de la noche, con todos tus músculos contraídos, con el cuerpo tan retorcido que no eres capaz de discernir donde empieza la cama y donde lo haces tú. Te sueñas repartiendo leña a una cara que llevas toda la vida estudiando.

Pregunta. ¿Mamá, por qué quiero destruir al cabrón de mi hermano gemelo? Y ahí está, en el albúm familiar, el muy mamonazo. De pequeño el diablo parece feliz, ¿Qué le ha pasado? ¿Ha sido el amor el que lo ha desfigurado?

Una visita al médico y la única respuesta es una receta con el nombre genérico de unas pastillas que ya has acabado. No hay tiempo para la publicidad, voy directo al grano.

Me han jodido, ya está, es tarde para arreglarlo. Probablemente la culpa sea de aquellos monos que, sin otra cosa que hacer en un mundo de rocas y mares, se cansaron de recolectar y decidieron fornicar hasta terminar precipitándote a un mundo que de sentido tiene más bien poco. Porque no se puede crear un termino como felicidad cuando ya tenemos un sinónimo que lo describe a la perfección, "utopía", hijos de puta. Hijos de puta los monos, los jefazos de la RAE dándosela de amos del universo corrompidos por las almóndigas y los murciégalos andantes y sonantes de éste nuestro maldito planeta.

Y ya poco más nos queda por hacer más que golpearnos hasta dejarnos de ver, de culpar a políticos, religiosos y analfabetos. Un secreto, somos nosotros. Los mismos que besamos, que pensamos, que siempre decimos la verdad. No fue un accidente aquello del ying y el yang, sea lo que coño sea eso.

Así que disfrutad del viaje, veros morir y cuando toque llorar frente al lecho de hormigón y coronas de flores hacedlo jocosos y sin titubear, porque si no fuese por los malos momentos, momentos, lo que se dice haber, no habría ni uno que joder.

viernes, 9 de enero de 2015

Queja pública al mundo moderno

Se nos está yendo la olla. Se nos está yendo a todos. A los que disparan, a los que matan, a los que mueren. Se nos está yendo la olla a todos.Y los que amamos andamos tan jodidos como siempre, ese ropaje de sábana junto a la chimenea que no viene, ese susurro junto al televisor que no llega, y lo demás, bueno, todo importa una mierda, son solo palabras en un mundo repleto de ellas. Y de jaleo, el jaleo de los brutos, los tontos, los vándalos de metralleta y sacudida desde la bragueta.
Nadie se limpia las manos, el jabón escasea y las palabras bonitas se despiden y marcan distancia, añoranza en la cercanía. Aún quedan abrazos.

Sigo con el sabor de boca que me deja el día hasta que la noche se levanta. Me dan igual el Listerine, el cepillo y las buenas maneras, ya a nadie le importa una mierda. No me siento excluido, me siento recluido en éste jardín de mierda y nada más, donde todos pisan y no se rastrilla jamás.
Y nunca llueve lo suficiente, no al menos como para ahogarme. Se excita la primavera y el invierno nos amanece, me despierta con la carne de punta y los ojos irritados, ya nadie suplica por una sola vez más.

Un beso y el orgullo se precipita bajo tierra, lo sepultan las cenizas y los ceniceros, las malas costumbres, los versos feos.

No pensar.

Y entonces te condenan a un saludo y a nada más, a seguir soñando con el qué dirán, qué les importará, nada más lejos de la consensuada realidad, del vino y el azúcar, la soledad y la sal.

Si lo miras no lo ves, si tratas de escucharlo, no lo oyes. Te destripan las caricias, te rehuyen las ganas. Espetan, espetan, espetan. Plaf.

Cuando te estiras y casi te caes, cuando te ríes y te atragantas, y te envuelven en un fino hilo de expectación y fracaso, dulce mal resultado, destripado querer y doloso poder. Me escurren y me resbalo, me silban y no les hablo.

Y entre jadeo y jadeo, tras cada buen día y rechoncho monumento, cierro los puños tras los bolsillos. No hablar para no matar, no decir y no amar. Me lastiman. Me lastimo.

Y así andamos, dando vueltas en el corral como pollos sin cabeza, escondiendo las alas tras la reja. Nadie quiere saber nada, andan y andan y por el camino se encuentran y con eso les basta.

Nos encontramos reos bajo las paredes y el cielo, sopesando posibilidades, contemplando posibles, tardíos encuentros.

Y si me dices con quién andas te diré quién es, si me cuentas cuánto pesa, te diré cuán gordo es.

martes, 7 de octubre de 2014

Gilipollas ancestral

Sales y te escuece. Levanto la persiana para enterarme de las últimas noticias.

Personalmente, no me hace ni puta gracia que una enfermedad mortal y una cara tan bonita compartan tiempos en mi vida.
Y por enfermedad quiero decir y hablar de ese impulso nervioso que nos convierte en auténticos gilipollas, en gilipollas de los de toda la vida, no de los de ahora, no esos que se colocan una gorra y una chaqueta y pretenden ser tan gilipollas como los de siempre. A mi no me engañan.

Volviendo al hilo de este tema que no abarca nada, nosotros, los gilipollas ancestrales, estamos dispuestos a preocuparnos más por un par de ojos, un par de labios, un par de tetas... que por un solo virus que podría acabar con todos nosotros. Debe ser que lo par tira siempre más, ¡afán de cantidad! Putos avariciosos los gilipollas de siempre.

Me repito los mismos mantras una y otra vez, como buen idiota, insistiendo en que lo verdaderamente importante no lo es, y que aquello que casi no recordaré cuando tenga que mear por un tubo y mis arrugas cubran todo mi rostro es lo que debe ocupar el total de mis pensamientos, emociones y fantasías. Eso no es tanto de gilipollas, fantasear con desangrarme por todos los orificios que tiene mi cuerpo me parece de un mal gusto capital.

Yo en realidad sigo con el mismo tracatá, la misma carraca, de siempre. Erre que erre. Si soy gilipollas que le voy a hacer. Eh, pero que no soy tonto. Sé por qué quiero lo que quiero, sé que beneficios me reporta y sé que aunque quizá tenga tan poco sentido como la vida de... de todos, para mi lo tiene. Como la vida de todos.

Erre que erre. Siempre la misma historia cargada de malos propósitos con egoístas intenciones. Quizá lo realmente importante sea apreciar nuestra gilipollez y hacernos dignos de ella, porque puede ser algo grandioso. El verdadero y único don divino.

A mi me pueden contar innumerables milongas, decirme que con la edad aprenderé, pero la gilipollez no se pasa, seguirá tan arraigada a mi como mi nombre o mis pulmones, dejará de funcionar cuando yo lo haga.

Uno tiene que ser rápido y valiente para ser un buen gilipollas, hay que echarle huevos para hacerlo y velocidad para que no le pillen. Más allá de temas triviales, de monjas y de rosas cargadas de malas intenciones, yo me declaro yo mismo, enseñándome a apreciar lo que no tengo y lo que se me escapa entre los dedos.

Voy a cerrar el puño tan fuerte que quizá me cague encima.





domingo, 22 de diciembre de 2013

Voy a intentarlo

Voy a intentarlo. Te has equivocado, has empezado a medias y te has equivocado. Aquí, en éste mundo, un mundo donde lo malo afecta y lo bueno nunca llega, no valen las medias tintas. Aquí, en este mundo, la lava te helará los huesos y la nieve calcinará tu piel. Muerde con fuerza, asfixia lo que deseas. No te quedes a medias porque en este mundo, de reyes y emperadores, el sol te dará cáncer, nublará tu juicio y obviaras los detalles. Escribe en prosa o en verso pero escribe con sangre. Repítete que en este mundo, donde la ceniza es polvo y nada renace, apretarán el gatillo contra lo que ames. El vapor de tus lágrimas empañaran el rostro en el espejo, la condena será eterna y las cadenas, de arena. Deja pasar el tiempo, en este mundo de torres y pirámides, y el hambre te devorará por dentro. Agárrate con fuerza, tirano, descubre lo que es mundo y lo que está al alcance de tu mano. Abandonas porque lo has intentado, es tu día y lo has desaprovechado. Miras con melancolía éste mundo mientras, desde tu campo de almas segadas, susurras al de al lado los dolores que te han causado. Sangran cicatrices que se han cerrado, lames, ausente, tu cuerpo desgarrado.

Soslaya con alergia y alegría la muerte de mentes con los ojos cerrados en éste mundo, donde el intento llega sin esfuerzo y la devoción muere por sacrilegio.

martes, 23 de julio de 2013

Pensando en voz alta: las leyes que jamás se escribieron.

Hay algo muy extraño en todo esto. Siempre he sido de los que creen que el universo tiene una forma retorcida de expresarse, un sentido del humor sádico y perverso. Nunca te esperas lo que va a suceder, que no sucederá si lo esperas o, tal vez, si suceda si sabes no esperarlo. Un laberinto tan complicado de seguir como un trabalenguas de alto nivel para una lengua inexperta.

Día tras día la vida me demuestra como las coincidencias no existen, que basta con pensar en alguien para recibir noticias suyas por el rabillo del ojo (siempre que no esperes hacerlo, o si). Camino bajo el sol abrasador buscando las sombras para evitar hervir y sonrío, sonrío a las personas que momentos antes habían pasado por mi cabeza y que ahora, sin darse cuenta, pasan ante mi absortos en sus propias ideas y recuerdos sobre esas personas que en breves momentos aparecerán ante ellas. Todos conectados por la red inalámbrica de las fuerzas cósmicas.

¿Qué he venido a decir, a pensar en voz alta para escucharme mejor? Que justo cuando comienzo a entender como funciona todo, el mecanismo que mueve los ejes, la tela que teje los sucesos de un presente que es alcanzado por el pasado, que es siempre evadido por el futuro, algo se me escapa. La maquinaria da un giro de ciento ochenta grados y me mira a los ojos, desafiante. Me pica la curiosidad del por qué, ¿por qué te protege de mi? ¿es, quizá, a mi a quien quiere proteger?

Camino cruzándome con todos vosotros constantemente, ese saludo rápido, esa mirada, esa sonrisa que recibisteis alguno de vosotros ayer, la que recibiréis algún otro cualquier día de estos, hoy mismo. Me cruzo caminando con quienes me importan, con quienes no lo hacen... Y por todo esto pretendo averiguar de forma imposible por qué hace tanto tiempo que no te veo, me importes ese día o no.

Saldré a caminar con la cabeza alta y los ojos bien abiertos buscando, entre multitudes de pensamientos, el único que me importa.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=T3Cc7JLFTpM#at=32

martes, 19 de febrero de 2013

Carta del 16 de julio

Complicado. La palabra que define la relación en todo su esplendor. Te contaré un secreto, todo esto, lo elegí yo. Dicen que antes de nacer, allá en alguna dimensión, todos elegimos como será nuestra vida. Elegimos los momentos importantes, también los malos, esos son los más importantes. De esos aprendemos, esos nos sirven para ser mejores almas o lo que seamos en realidad.
Yo elegí no estar desde el principio contigo. Tal vez tampoco al final. Quizá nunca lo llegue a estar más de un par de minutos en realidad.Pero ya me conoces, soy un melancólico y un sufridor. Es razonable, conociéndome  que buscase para mi vida dramas tan complejos como éste donde, por supuesto, me quedo solo y mirando a la luna en algún funesto lugar.
No pienses que valgo la pena como poeta., tengo más corazón que careta: soy un romántico. Y temo decirte que tal vez ni siquiera te quiero. Creo que puedo estar enamorado de la idea del amor.Te digo esto enfrascado en un aroma a antimosquitos que me intoxica casi tanto como el pesar de tu voz. Me temo que hablando no soy tan claro como me gustaría. Me temo que aún tengo miedo, por mis fracasos y sobretodo por mis alegrías, de que si te digo las cosas como son saldrás corriendo despavorida.
Pero si algo me han enseñado mis cortos e inmaduros años en este mundillo de personajes y escenarios, es que el que la sigue, la consigue.Tengo miedo de que algo importe demasiado como para dejarlo jamás marchar. Sabía que quería algo importante pero no pensé que llegaría a esto, compañera.
Lo que menos me gusta cuando miro al exterior y contemplo mi reflejo en la ventana es el aura de tinta que rodea mi figura. No peleas junto a mí contra el insomnio que no me deja dormir. Estás sola y asustada. Tal vez estés llorando. Suerte que eres rubia, eso siempre ayuda (con esto se despista hasta el más artista, por si quién investiga llega hasta la presente, metiéndose en terrenos fangosos con aires de pesimista).
Espero que todos los caminos conduzcan a tenerte. Nada más claro, nada más inerte. Sería divertido y muy, muy diferente. Una sonrisa que conquista naciones, unas ideas que acaban con las comparaciones.Todavía no adivino cómo no extienden una alfombra roja a tus pies por donde pisas, princesa, porque tienes más de otro mundo que de éste en el todo empieza. 
Tu vida y tu muerte, el funeral y quererte.Nunca fue distinto, y si no recuerdo las etapas de muerte, bien recuerdo cuando con un mensaje pedías verme.Cariño, siento que estoy perdiendo el norte. ¡Que la cabeza se va de viaje sin ni siquiera decirme a dónde!

Quiero que me entiendas para poder protegerme. Porque te debo tanto.

Cuando te daba la espalda, tú me la guardabas. Me cuidabas. Y la peor parte es no poder complacerte porque la vida no quiere que el mundo sea alegre.¿Y quién te dice que en un par de años y durante tan solo tres asaltos tú y yo le daremos la espalda al mundo y podré reirme sin entenderme? Estarás tú para hacerlo por mí. O no. Porque las historias tienen finales felices y deprimentes, pero olvido el comienzo de tanto en tanto. Y es que en esta historia tú eres la princesa y yo, solo un plebeyo con aires de grandeza.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Estoy yo viendo o llueve pasado?

Hay altares y hay altares. El otro día estuve en uno, pude probarlo con gusto, os lo digo hoy sentado en otro más bajo y menos cómodo.

En aquel altar podía ver ríos de tinta correr, gigantes en lo alto de sus nubes caer. Los tambores ensordecían el dolor que, cuchillo en mano, aguardaba al destendimiento de músculos e intenciones.
Con botas de escalador en sus pies ha olvidado el viajero el ascenso de apenas hora y media. Ahora sentado en el suelo con sangre en la cabeza se pregunta, perplejo: "¿Acaso me está doliendo, me quejo?"

Rezagada queda el alma del moribundo que, con suerte, observa desde una posición ventajosa el asesinato con nudo de corbata alrededor del olvido y una pizca de sal en el picazón de una jaqueca celestial.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Over

Roma arde, pienso mientras sostengo mis temblorosas manos a unos metros de la cajetilla. Me arden los ojos, arde la esencia de la humanidad en mis riñones.

Duele el color fosfato que ilumina el derrumbamiento de los gigantes. Caen ciudades y caen diamantes.
Y aquí estoy yo, sin una botella de whisky conduciendo mi mente a planos inferiores, restregando los oxidados metales que me atrapan entre pestañeo y pestañeo con agua y sal.


domingo, 19 de agosto de 2012

God and the Dev/bil

Ahí estaba, en medio de nada. El grís diurno cede su puesto al cielo nocturno. Luna sobre nuestras cabezas, blanco mortecino adorna las malezas.


Mafia y dolor en el corazón de teflón. Ruidos espectrales en casas encantadas de expectativas y pequeñas caricias animales.

Y sigue el caballero manteniendo el escudo en alza, la cabeza por debajo del dolor.

Sucesión interminable de gritos que atraviesan cristales como balas, rituales satánicos en las gradas.

La tormenta perfecta en mi cabeza: gira la esquina, ahí está de nuevo, es ella.

Y dejo pequeñas partes de un ventrículo roto para que siga el camino de vuelta a casa, para que no me abandone sin comida ni agua sobre la mesa.

Con el culo sobre la madera podrida del porche la veo de vuelta, con paso cansado y mirada ausente. Está muerta, ya no reconoce su propia mente. Ojos negros, carbón en sus pupilas, azabache en su mirada furtiva. Está muerta, yo la he matado. Me la han robado. Hija de lobos, princesa de los bosques.

Y vuelve mi alma sobre sus pasos, camino del lago. Está destrozada la ciudad que un día fue poblado. Las llamas engullen cometiendo pecado. La gula del fuego es un martirio en un día tan preciado.
Ruegas sobre tus rodillas al señor, pides clemencia y suplicas perdón.

Espesor de tinieblas en bosques de ricos. Silencios aguardan lugares recónditos. Aullidos en la noche, la luna llena sangrando tinta sobre frondosos horizontes.

El cielo acuarela nocturna, se diluye firmamento abajo buscando un nombre.
Está muerta.



sábado, 11 de agosto de 2012

Cuando sea mayor, ¿vale, mamá?

"No puedo irme contigo".
Salgo de casa.
Camino, clavo las suelas de mis zapatos en unas cuantas baldosas y me enciendo un cigarrillo. Hace tanto calor que no necesito mechero para prenderlo, me basta con el vapor de sopa que incinera por donde sopla.

Las calles están sucias, las mentes son dispares y no poco evidentes. Casas de ceniza y montones de estiércol adornan los suburbios de lo que fue mi mundo perfecto.

No es un pensamiento claro el que circula por las calles destruidas de las grandes maquinaciones. 
Las convulsiones de mi perro dormido me recuerdan a los últimos coletazos de un pez seco y asfixiado, de nuestros primeros deseos, los más inocentes y los menos longevos. Deseos y miedos de una infancia rica en grandeza y límites impuestos solo por el universo. "De hecho, inventaré la civilización fuera de éste planeta" dice con el chupa-chups en la boca y las gafas torcidas.
Ya no es igual, le han salido tetas.

Todos vosotros teníais objetivos: ser presidentes, transformaros en heróicos astronautas, mutar en increíbles amas de casa... 
Mi objetivo era distante, diferente. Para mí era lo realmente importante, joder, era más espabilado a esa edad que muchos de vosotros ahora, orangutanes remilgados.
Mi meta en la vida era encontrarla a ella. A mi alma gemela, mi media naranja, esa princesa de las nubes que sola y asustada, escondida bajo la cama, esperaba mi llegada con impaciencia y una pequeña rosa morada.

Y crecí, dejé de preguntarle a mi madre. Latigazos en el pecho para despertarme de tal sueño. Decepcionado. 

Me enamoraba, soñaba, creía que funcionaba. Todo hasta que ella sacaba su bota y con una fuerte patada, con todo acababa.
Un romántico sufridor reacio a la soledad y amante del castigo sin bondad. El chico bueno que camina buscando el beso de verdad.

Se hicieron promesas. Cambié el alma por un J&D.

Empecé a dejar de convencerme a mi mismo, me esfuerzo por dejar de mentirme y mantener el tamaño de mi puta nariz. Los pájaros vuelan, los muertos solo descansan.
Ahora miro a mi alrededor y todos están juntos, miro a mi alrededor y todos están más jodidos que yo. Parejas rotas, engañadas. Parejas con secretos y parejas castigadas.
Soy un soldado sin casco y con pene en el campo de batalla. La mierda vuela sobre mi cabeza como metralla propulsada. ¿Qué coño os pasa?

El sol castiga a las almas más despiadadas, me pongo las gafas. La niña ahora es toda una señorita, otra cosa se ha metido en la boca. Soy un pájaro libre en un corral de gallinas enjauladas. Entro, las miro y me río a carcajadas.

"No puedo hacerlo". Me he reído, me he descojonado.

 Dejo el juego, hijos de puta. Lastimaros, heriros, asesinaros, mutilaros, desangraros. Jugad a los terroristas con vuestros órganos vitales.

Soy un hombre entre mortales, carne y hueso entre palabras y banalidades.
El rock viene de donde antes surgían baladas. La miro, ya está mojada.

- Hola, ¿puedes ayudarme? tengo una duda social.
- Vale, ¿cuál es aquí el debate?
- ¿Quieres subir?
- Para....
-Para hacer el amor y esas cosas.

Mientras vosotros os decís "te quiero", yo utilizaré la lengua para dar unas pinceladas de realidad en este lienzo de mierda adornado de bacanalidad.
-Mmmm.... joder.....¡ah!



lunes, 6 de agosto de 2012

La cruz

Eran buenos tiempos, ojalá alguien me lo hubiera dicho. Se hicieron promesas, se dibujaron sonrisas, se rompieron corazones, "se aprendieron duras lecciones"...

El sol refleja los sueños rotos como porcelanosa arena, taciturna y acomodada, se escurre entre las yemas de mis dedos. No la tengo a ella, pero la prosa forzada es mi don, ser esclavo de sus ideales, mi perdición.

Paz y prosperidad suplica el alma que desea guerra en carne viva, tormento sin ropa de por medio.
Y sufre en silencio el gato milenario, miedoso y prudente, asqueroso y estridente.

El aire por aquellos tiempos era diferente. Traía un olor tan... penetrante. Aún lo recuerdo con cortinas de agua empañando mis ojos, con espadas ardientes ensartando mi espíritu.

"... echo de menos tu olor, ¿sabes? Me despertaba por las mañanas y las sábanas olían a ti, creía que estabas allí, a mi lado, recostando tus cabellos de ángel sobre la almohada de un plebeyo. Abría los ojos y el polvo en suspensión suplantaba tu cuerpo en un despido sin perdón. Me acordaba de todo otra vez y entonces el corazón se me volvía a partir."

Qué tiempo en el que la rozaba con mis dedos y todo parecía posible, si no en este universo, en el que yo mismo construiría recuerdo a recuerdo.

Mis pensamientos no me salvan del desembarco en Realidad. Temo recibir una bala calibre nueve miradas y un rechazo.

Tengo un arañazo en la espalda, cicatriz y marca, del último No que nació en las comisuras de sus labios. Ese No tan hijo de puta que, ciudadano de Paraíso, emigró a mi ciudad de tormento para cortar la espalda del rey.

Los andamios se resquebrajan entre sueños y verdades, el obrero sin casco cae, cae y se mata.

La brecha se hace más grande, ella no siempre me querrá, eso también lo sé.

Se aleja más y más, ella ha seguido sin mi mientras yo nado a cámara lenta en un mar de coños.


Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...