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sábado, 22 de marzo de 2014

There was a dark light

"No quiero morir". 

La súplica, llegó tarde, y con la misma facilidad con la que se pronunció, desapareció, acompañada de lluvia, niebla, decadencia y flashazos de luz. La atmósfera trataba de cegarme con incesante turbiedad, con relámpagos que encendían luces que ni siquiera estaban ahí.

Desde pequeño me dijeron que la muerte se llevaba a buenos y malos por igual, lo que jamás me dijeron era que a algunos jamás se los llevaban.


- ¡No, no, no!- escuchaba mientras corría tras el asesino. El gris calado de las lápidas servía como conductor de la luz, cada veinte segundos un relámpago de tinta surcaba el cielo, cegando por completo la persecución. La hierba bajo mis pies impedía el ruido de mis pisadas y su carrera. Su largo abrigo negro le cubría el cráneo con una capucha. A veces, entre incesantes respiraciones forzadas, ni tan siquiera me parecía humano.

Un giro entre las tumbas y otro fogonazo oscuro del cielo nocturno me hicieron perderle de vista. ¿Había seguido de frente, o girado a la derecha o izquierda? Tres caminos se abrían donde, antes de decidir, el corredor oscuro había tomado todas las direcciones posibles a la vez. Simplemente no podía fallar.

Tome el camino de la derecha que, de alguna forma, rápidamente se transformo en el sendero que seguía recto al tiempo que era el que se desviaba a la izquierda.

Corría bajo la mayor de las tempestades tras la mayor de las bestias. El pecho me escocía, la ropa ya empapada por las lágrimas de los de arriba comenzaba a calarse de forma extraña por dentro. ¿Notaba el sudor bajo tan inmensa capa de agua?

La adrenalina invadiéndome de pies a cabeza comenzaba a despistarme, la fatiga me hacía escuchar ruidos de criaturas que no podían existir, escondidas en la oscuridad, mirando, esperando, juzgando. Había algo ahí fuera, algo que no permanecería escondido para siempre. Ahora sentía el miedo.

Mis ojos se dirigieron a una de las tumbas y mis piernas se detuvieron de golpe, sin consultar conmigo antes. Estaba abierta. Una sensación tan profunda como indescriptible me empujó a acercarme. En el hoyo un cadáver.
- ¡No, no, no!
Mi cuerpo, con ocho orificios más de la cuenta, permanecía inerte, contemplando, sin expresión, el olimpo infernal.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Microrelato nº1

Cerré los ojos esperando encontrar un atisbo de vida en mi interior. La oscuridad emergente me subyugaba a creer que jamás podría volver a tenerla entre mis brazos. Las sábanas de seda se transformaban en zarzas cortantes bajo el velo del resentimiento, de todo el dolor y el tormento.

Un beso bajo la luz de la luna, un disparo en la oscuridad.

Un aura de tinta embriagaba mis sentidos, la sangre fluía por el río. No estaba, ella se había ido.

Su voz rasgaba el aire llegando a mis oídos, gemidos de auxilio desgarrando mi mente como papel mojado. Creí adivinar la dirección correcta entre los gigantes de madera que arropaban mis peores pesadillas.
-¡Zach!

El aire escocía en mis fatigados pulmones, mis piernas flaqueaban tras interminables minutos de inútil carrera. No me acercaba, no llegaría a tiempo. Ellie...

Unos metros más adelante el cielo perdía profundidad. Corrí desaforado, angustiado, rezando por la frágil vida de aquél ángel arrancado de mis manos, despojado de sus alas...
-¡Ellie!- grité con la intensidad de mis sentimientos.

Me detuve en seco, congelado. Una luz intensa como el sol emergía tras los arbustos en mi camino.
Indefenso como un espectador retrocedí unos pocos pasos.

Las lágrimas se sucedían en su rostro en un reguero imparable de tristeza y despedida. Caminaba lentamente, atravesando la luz que parecía acompañarla.
-¿Qué coño está pasando? ¿Estás bien?
-Zach...
Era ella, estaba bien, a salvo otra vez.
Me acerqué apresurado, motivado por la incontrolable llama que nacía en mi interior. No se había ido.
Estire mi brazo para acariciar su mejilla.
- Ellie...
Me derrumbé sobre mis rodillas y sentí como mi alma abandonaba mi cuerpo con cada suspiro para huir, presa del dolor.

Pasos toscos y pesados transportaron a Charlie al relato de mi pérdida.
-¿Qué pasa, estás bien?
- Se ha ido Charlie, ya no está.

La noche se cerró sobre nosotros sepultándonos en un baúl de oscuridad y locura.












Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...