La palabra escrita arañándome el corazón, la aspereza del acento mal colocado, la frustración del punto y aparte que había nacido para ser seguido. Seguido de un y si. Seguido de una duda universal, eterna, irresoluble.
Desquiciado por mi caligrafía de mierda, por mi ortografía fiable cuando el lenguaje no se transforma en un galimatías, en un discurso de Sócrates escrito por Platón. Cuando redacto un cuento sacado de Barco de Vapor.
Afiliado a la letra digital, donde el juego de muñeca no juega ningún papel, donde el papel no tiene lugar. Y en mi repisa descansa la máquina de escribir, que conjuga lápiz y ordenador. Mente y corazón.
Complicado decirte lo que la palabra escrita ilumina en mi, imposible escribirte lo que digo cuando pienso que lo siento.
Imposible en este párrafo, imposible en el siguiente.
Quedo desterrado al mundo de las sílabas desaparecidas, borradas, manchadas de tipex, deshechas por la goma, revertidas por la tecla de retroceso del teclado de ordenador.
Desterrado a esas cosas que quisiste decir y no dijiste, vecinas de las que soltaste por la boca y deseaste borrar.
El tiempo no es de la empresa Milán, ni rosa, ni se puede rajar. No borrará. Pero te permitirá hacer como con todo lo demás.
Tira de la cadena si no te gusta, si te da asco, si te repugna. Tira de la cadena si te asusta, si te da calambre, si, por desagracia, ya no te escucha.
Tira de la cadena si está feo, si eso no se hace. Agarra la cisterna y tracciona con furia, que por querer que no falte, que si se lo lleva la corriente, eso que te quitas.
Tira de la cadena cuando sientas angustia, cuando te fuercen, cuando opines tan diferente que no quede otra. Tira de la cadena si la cosa ya está demasiado sucia.
Si la rima ya no rima, ni asonando ni de ninguna forma, acércate al váter y tira. Tira con ganas, que para mirar hacia otro lado no hay mejor medicina.
Deshiláchate los errores, hazlos jirones, que salten las costuras, que se te caigan los botones.
Tira de la cadena cuando veas que es mentira, que no te gusta, que te hace llorar, que ya no lucha.
Tira de la cadena si no te quiere como quieres que te quiera, tíralos a él y a ella, los recuerdos, las fotos, las discusiones y las dudas. Que gire el agua, que trague el inodoro, que ruja.
Si te queda pequeño, tira de la cadena, si te queda grande, tira dos veces no vaya a ser que con ello no pueda.
Si te da pereza, palo, desgana, vergüenza, miedo y todas esas cosas que no gustan, tira de la cadena y asómate para asegurarte que nada es lo que queda.
Que te ha abandonado, te ha dejado, que queda feo cacho cabrón, que no te quiere ver ni en pintura y de pintura quería hablar yo contigo, ese color es lo más hortera que he visto. Hazme caso, mujer, tira de la cadena. Y digo mujer, porque si le das consejo a un hombre, tirará de la cadena. A los hombres de verdad nadie debe darles consejo.
Si te hace burla, tira, si ya no sonríe como antes, tira, si ya no ves el brillo en sus ojos, tira una vez más. Si te dice que te quiere demasiado pronto, mi vida, tira de tantas cadenas como puedas.
Si es esclava, si es amo, si somos los dos, tiremos de la cadena con las manos entrelazadas y, te digo una cosa, no se les ocurra tener un hijo antes de tiempo, a ver si voy a tener que tirar de la cadena también por él.
Cuando el ayer duela más de la cuenta, cuando la respuesta que te den no sea la que quieras oír, cuando las cosas no te salgan bien, cuando las princesas mueran de cáncer y los malos de placer, cuando los pétalos no se arranquen y las rosas no florezcan, cuando ni el perro te quiera ver, cuando te moleste la rodilla, te duela la espalda o el cuello no te deje ni estar ni ser, cuando lluevan lanzas y los cuchillos te los claven en la espalda, cuando todo pase y no pase nada, tira de la cadena.
Tira de la cadena, amor mío, y será NADA lo que aprendas.
Despotrica contra quien haya que despotricar. Siéntete libre de criticar, de rascarte el paquete de manera natural, de cagarte en todo lo cagable sin tartamudear.
Siéntate, y siéntate a hacer el mal.
Una vez que las llamas lo consuman todo, cuando los cuatro jinetes del final caminen a sus anchas, cabalgando sobre el asfalto, déjate querer, déjate animar.
No es el final, es tan solo una parada más. Le pese a quien le pese, todavía puedes cagarla más, no hay límites, te lo digo de verdad, somos seres con una fuerza sin igual, quizá con buena voluntad, poco resolutivos, bobos proclamados reyes del planeta que nos ha acogido al menos hasta el día de hoy.
No te martirices, no te lamentes más de lo que haya que lamentarse. Revuélcate en el barro pero eso sí, no te pases, tienes que llegar limpio a navidad.
Siéntete libre de ensuciarte las manos, de pasar la lengua por donde la quieras, y puedas, pasar. Resárcete de tus pecados solo si los quieres limpiar, no por imperialismos, por buen hacer, por estar bonito de mirar, agradable de ver. Y déjate los cuernos si los quieres llevar, escupe las lágrimas que tengas que vomitar, en mi presencia, en mi regazo, en mi abrazo de cristal.
Ser malo es algo natural, estar triste, una elección personal de dudosa estirpe moral.
Es el mal hacer el que nos acaba por unir más, la derrota la que despierta a mi piel en mitad de la noche preguntándome dónde se encuentra la tuya, qué dónde coño se mete, que hace mucho que no la ve, que la quiere castigar.
Echarnos de menos forma parte del proceso natural, de la evolución de la especie, del alzhéimer sentimental. Somos villanos de andar por casa, de camisón, albornoz y alpargatas, de el marca o el as, de paella los domingos, de no te conozco de nada pero te vas a enterar.
Eres mi enemigo favorito, el odio que me permite amar. Y es que, si pudiera, te mataría a besos.
Ésta es la última vez que te lo digo, déjame quererte, déjame creer que si me quieres, podemos llegar a odiarnos como se debe, vamos, como Dios manda.
Si te vas a portar así, hazlo dándome la mano, que nunca viene mal. Si planeas teñir de rojo la luna y hacer a la gente aullar, permíteme que te arrope como un ser humano de verdad, de los que se hacen daño, de los que aman hacer daño, de los que se hacen daño amando.
Y es que es ahora que te odio cuando, por fin, te he empezado a amar.