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miércoles, 10 de abril de 2019

Always like a microwave

Recuerdo como si fuera hace dos segundos la intensidad de aquel lugar, aquel que sentí como casa.

Normalmente sueño que estoy allí.

Avanzo sobre mis rodillas para volver a sentir el suelo de piedra.

Veo los colores de todas mis aventuras fundirse con las paredes de aquella casa.

Puedo sentir la adrenalina de creer que todo es posible si se puede pensar.

Aparezco de día, a media tarde o ya entrada la madrugada.

Ceno en la terraza, viajo en mi habitación.

Puedo ver la televisión y elegir donde sentarme.

Me sorprendo con los mismos cuadros como hacía cada vez que volvía a encontrarlos, mudos y manchados.

La luz allí siempre es diferente, la veo como si estuviese cubriéndonos en un manto que trata de proteger lo que sabe siempre será el paraíso.

Si estoy lo suficientemente dormido puedo oírla respirar, inspirar y exhalar todos esos años como si fueran polvo acumulándose en unos muebles que ya no están allí.

Y sin embargo suena a música rebotando en un lugar atestado de objetos y personas.

Suena a ondas cálidas colisionando en un microondas que contiene una civilización infante donde siempre vivirá una parte de mi.

Recuerdo estar ahí por última vez sabiendo que no volvería.

He estado allí desde entonces.




viernes, 12 de agosto de 2016

Solo visto piel

Las apariencias engañan. Es algo que todos sabemos y olvidamos constantemente y aunque por lo general suelo dirigir mis textos a todos vosotros y trato temas que todos tocamos mientras vivimos, aderezado con vivencias personales, esta vez va para mi. Hoy es por mi.

Han llegado a mis oídos palabras que tratan sobre la impresión que doy, sobre el reflejo que proyecto desde mis aguas, sobre el tono de mi voz y el color de mis ojos. Y es que parece que soy un tipo duro, que rehuyo al amor, que sé bien por dónde voy y que camino sin dudar y con el semblante entero.

Lloro. Lloro más de lo que podríais pensar. Lloro en treinta segundos si un personaje de cualquier serie de televisión lo hace con la suficiente convicción. Cuando me sonríen se me ensancha el alma. Levito sobre la silla de mi habitación todas las tardes mientras navego en mi diccionario intentando encontrar las frases adecuadas, palabra a palabra, desgastando el teclado de mi ordenador. Con cada botón se me fractura un poco más el corazón.

No soy de metal, ni de acero, en todo caso de neón. Subo tropezando escalón a escalón aunque desde fuera pudiera parecer que me los salto de dos en dos con la agilidad de quien tiene claro en que piso vive. Entiendo que pudiera parecer qué sé dónde está mi casa, a qué puerta he de llamar para que me reciban entero, como soy.

Es verdad que no soy persona de medias tintas, que puedo salirme de los bordes dibujando pero lo haré con ganas. Todo lo demás no es cierto. Todo lo demás son falsas apariencias o quizá son las correctas desdibujadas por la percepción y la falta de educación. Por haber tardado tanto en entender que uno debe ser quien es cuando está pensando en la soledad de su cama vaya donde vaya, esté con quien esté, tenga la edad que tenga.

Me tiembla el pulso aunque parezca que amanezco y anochezco como un cirujano con veintidós años de profesión a sus espaldas. Las cosas pequeñas son las que más me afectan cuando me desnudo y visto solo con mi piel. A partir de ahora con más piel y menos tela.

Ayer la pulsera que llevé atada por cuatro años estaba débil, trastabillada, más fina de lo normal. Se rompió. Era una pulsera. Costó un euro. Y un euro valió sentirme acompañado desde aquél día, en todos esos besos y lamentos, momentos de conocer gente nueva y emocionarse hasta que la vida no de más de si, ratos de despedirse de personas que por uno u otros motivos van a seguir viviendo sin dejarte estar ahí para verlo. E incluso ha habido reencuentros, de esos que no esperabas y te sorprenden órgano y hueso. Y ella estaba ahí, adornándome la mano y los momentos, las respiraciones y su pelo. Vistiéndome con sus colores rojo, verde, amarillo y rosa de tonalidad sentimiento. Esto es difícil, espera un momento.

Ayer se me cayó pero hoy se ha roto la pulsera, hoy se me ha roto por dentro. Ayer quedé huérfano de muñeca pero hoy se me ha deshilachado la vida. Se me ha desatado el cordón.

Puede que parezca el típico tipo que lleva una pulsera y ni tan siquiera lo recuerda. Las apariencias engañan. Resulta que no soy el tipo que huye del amor, soy del que Cupido corre con pavor cuando ve cómo lo persigo, no soy el tipo que entra por la puerta con una sonrisa, soy el que con el pelo de punta y los labios estirados recuerda la despedida en la estación y llora entre dientes, no soy el tipo que continua con la conversación mientras arroja despreocupado el trozo de tela que llevaba atado al cuerpo, soy el que se siente desnudo y se pierde en el mundo con la sensación de que la vida ha atentado utilizando como arma el tiempo.

Con todo y como siempre, viene el cambio. Habrá que aprender a mostrar lo que uno es, habrá que aprender a enseñar la piel ahora que se ha desatado el nudo. Ahora que no hay disfraz que me tape.

Voy a atarme el alma con un doble nudo, sin temblor de intención.






jueves, 11 de diciembre de 2014

La iglesia de Solo Palabras, Lo Demás En Tu Imaginación

Ahora sabe diferente. Todas las piedras, todas las cañerías, todas las hojas que meto en mi boca, todo saben diferente. Probablemente sea mi lengua, cansada de respirar ambientes de sagrada comunión, de lazos fraternales y besos bajo las farolas de una pequeña plaza abandonada demasiado pronto.

Tal vez tenga algo que ver con dejar los dientes fuera con cada calada, con el escozor que me supone la vida introduciéndose por mis fosas nasales sin permiso de circulación. Todo me supone siempre demasiado para aspirar en una sola noche, demasiado para evitar el nudo que nace, se reproduce y muere en mi garganta.

El triunfo ajeno me hace parpadear, no por sorpresa ni recreación, nada espacial, son las legañas del ermitaño las que me hacen abrir y cerrar. Teníamos una especie de acuerdo tú y yo, un acuerdo que me ha mantenido vivo, crucificado en la iglesia de la castidad sentimental durante algo más de dos décadas, un trato que se desvanece y que me hace caminar con las manos en los bolsillos, ocultando con vergüenza ajena los orificios de los clavos con los que me fijaste a la cruz del jamás de los jamases en la iglesia de Solo Palabras, Lo Demás En Tu Imaginación.

Pasé dos noches en vela prorrogables en la eternidad. Dantesca hija de puta. Juntos ganamos el Oscar al beso más extraño jamás consensuado en una tartana estacionada en doble fila.

Ahora siento la necesidad de resucitar a Carl Sagan para asegurarle que el gran misterio no yace oculto en lo profundo de un agujero negro, que está entre tus piernas, cerrado a cal y canto para nadie excepto para mi.

Nunca llegamos a llorar juntos, pero hizo tan poca falta que el cielo nos brindó lágrimas cuando la orquesta la formamos tú, yo y nuestra eterna discusión de si no si no.

Derribaron el muro de Berlín y jamás fuimos capaces de imitarles por más fuerte que golpeásemos el gran muro de mierda que nos mantenía tan unidos en la distancia. Nunca fui capaz de definirme sin referirme a esa comezón intestinal que me mantenía erguido sobre mis dos patas traseras, como un chucho que busca la recompensa a tan sacrílego esfuerzo. Participar es lo que cuenta, me han dicho siempre los calvos del día a día.

Y ahora me hablas del puto sol y yo sigo siendo un niñato de veintiún años con el mismo problema de siempre.

Quizá por eso te hago huir antes de que lances rocas como el puto monte Roushmore sobre mi tejado. Siempre pensé que estaba poco preparado para esto, no soy competente, soy el cuarto cerdito, el que se construyó un refugio antibombas pensando que serviría de algo.

Pregúntame que tal estoy, y quizá sea capaz de enseñarte los nudillos que tan duro he estado entrenando.

miércoles, 1 de enero de 2014

Tú no eres yo.

Acuéstate. Deja esto, no saldrá bien, ve a dormir. ¿Acaso estás sordo, déjalo? Borra lo que estás escribiendo, sabes que solo son gilipolleces, a nadie le importan.

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Dicen que tu mayor enemigo, el único real, es aquel que se oculta donde nunca mirarías. Dicen también que solo te harás más inteligente si te enfrentas a alguien más inteligente que tú. Tengo que decirte, hay algo acerca de ti que no sabes: tu mayor enemigo te ha ganado y lo ha hecho de la única forma posible, haciéndote creer que no existe, escondiéndose dentro de ti, haciéndote creer que ÉL eres TÚ. Allí donde no quieras ir le encontrarás.

 ¿La oyes? ¿Oyes esa voz que sin voluntad alguna acaba de decirte "eso son tonterías, no está escribiendo esto para mi, son historias suyas?" Suena como tú, la has escuchado tantas veces, no concibes la vida sin ella, lleva ahí desde que puedes recordar. Voy a contarte algo; esa voz que suena en tu cabeza, la que te aconseja no hacer algo cuando tienes vergüenza o no estás seguro o segura, la que te dice "olvídalo, no salgas a correr, en realidad por un día no pasa absolutamente nada", esa voz que te consuela cuando fracasas diciéndote que no ha sido culpa tuya sino de los demás, esa voz no eres tú.

Es difícil de aceptar, parece una estupidez; "solo yo estoy en mi cabeza" piensas, oh, espera... ¿realmente has sido tú? ¿Lo has meditado o simplemente ha aparecido en tu cabeza?
Escúchala, diferencia esa voz de tus propios pensamientos. Atrevete a hablarle;

"Tengo miedo, vergüenza, no hagas esto, saldrás perdiendo. Puedo oírte. Puedo oírte. ¿Qué? Puedo oírte. Estoy contigo. Has estado escuchando a la otra parte, a gente que quiere hacerte daño, gente nueva, ¡nueva!, no viejos amigos como yo, gente en la que no deberías confiar. Somos buenos amigos, ¿quieres deshacerte de mi? ¿te imaginas la vida sin mi? ¿te la imaginas? ¿te imaginas la vida sin mi? ¡No, porque no existe!. Deshazte de ellos para siempre, ellos son el enemigo, no yo, ellos son nuevos, yo soy viejo, yo me quedo, ellos se van, te lo digo aunque lo sabes, eres débil sin mi, ¡débil! Somos nosotros contra ellos, nosotros contra ellos. Voy a acabar contigo. ¿Quieres deshacerte de mi verdad? ¿No es eso? ¡Quieres deshacerte de mi, de mi, de mi! ¡Bum, JA!...... Sigo aquí, no ganarás esta partida sin mi, no ganarás sin mi, ¿y sabes por qué? Porque yo soy tú. Tú no eres yo...
El mayor timo que consiguió dar fue hacerte creer que él es tú.
Tú no eres yo. Yo soy tú. Tú no eres yo, ¡vamos, vamos! yo soy tú, yo soy tu mejor amigo, ¡vamos, yo soy tú!. Tu no me controlas a mi, yo te controlo a ti."

"El ego es el mayor embaucador de confianza que hayamos podido imaginar, que hayamos podido creer, porque no lo ves"

"Y el timo más grande que existe es: yo soy tú."

"El problema es que el ego se esconde en el último lugar en el que buscarías; dentro de si mismo."

"Disfraza sus pensamientos y los tuyos, sus sentimientos y los tuyos. Tú crees que tu ego eres tú."

"La gente no tiene ni idea de que está en una cárcel, no sabe que hay un ego, no conoce la distinción."

"Al principio a la mente le cuesta aceptar que hay algo más, que hay algo de mayor valor y de mayor capacidad para poder discernir la verdad."

"No existe el llamado enemigo externo sea lo que sea lo que te diga esa voz interior, cualquier percepción de un enemigo es una proyección del ego como el enemigo."

"En ese sentido podemos ver que el cien por cien de nuestros enemigos externos es creación nuestra."

"Tu mayor enemigo es tu propia percepción interior, es tu propia ignorancia, es tu propio ego."







jueves, 26 de septiembre de 2013

Un tío con suerte

Tienes planes, como siempre. Salís a cenar un sábado por la noche y te has arreglado mucho pero eso no te quita ningún mérito porque estás preciosa, es un tío con suerte. Ojalá fuera él, y no porque siempre haya querido ser alguien que quiere ser negro, ni porque así no sería yo mismo y no estaría tan distante como estoy, sino porque me recuerda a cuando tú y yo empezábamos a salir de incógnito y caminaba a la parada, y en el tiempo que tardabas en llegar intentaba imaginar cómo estarías, y cuando la puerta se abría estabas.... como diez veces más guapa de lo que me había imaginado, y tenía una extraña sensación en el estómago porque me mirabas con mucha esperanza en tus ojos, en vez de ausencia, que es como me miras ahora. Si, es un tío con suerte.



Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...