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viernes, 1 de noviembre de 2019

Probablemente tienes cáncer y quieren saberlo

Habrá un día donde un huerto me abrace por la mañana.

Hará tiempo entonces que me sienta viejo y un completo ignorante por dentro, sin embargo sabré acertar a los dardos cuando alguien más joven o menos lúcido que yo se hable en alto ante mi tratando de resolver aquello que le sucede.

Un día cogeré con mi propia mano una de esas naranjas y un coche volador descenderá sobre mis tierras.

Escucharé los violines y el piano lavando los platos en la cocina a través de las paredes de mi casa.

Un hombre y una mujer serán el paquete que el vehículo contendrá y pisarán mi tierra sin pedir permiso porque tendrán el poder.

Me recordarán a mi, "yo solía hacer eso", pensaré. "Me hacía sentir especial", pensaré también, pero caeré en la cuenta que siempre lo hice.

Siempre me sentí especial siendo alguien normal. Siempre fui normal pero creer que no lo era me llevó a tomar decisiones especiales en mi vida.

A eso lo llamaré "la verdadera magia".

Ellos se acercarán entre los naranjos y pedirán disculpas por aterrizar en un huerto que carece de zona habilitada para aterrizajes.

Haré una mueca. "Cuando tenía su edad no cabía la posibilidad de aterrizar nada que no fuera un helicóptero, pero estos dos no estaban ni prediseñados entonces", pensaré socarrón.

Me darán el pésame y lanzarán al tiempo sendas acreditaciones estirando el brazo como un disparo.

Siempre, todos, me darán el pésame cada vez que entablen conversación conmigo. Lo llevarán haciendo al menos una década.

Los odiaré por ello, por lanzarme tu cara a la mía como un insulto. Por remangarse y meter sus manos en el lago de mi memoria y agarrarte de la muñeca para emergerte otra vez de las profundidades sin pedir permiso.

Nunca pediré por ello. Lo harán de todas formas.

Haré otra mueca, esta vez aguantando el infierno dentro.

Me preguntarán por el hijo que no planeé tener y eso será lo único que pueda arreglar todo lo anterior.

El pegamento de mis fracturas. El sol en las gotas de lluvia. El amor en el dolor.

Empezarán a hablar y la mujer dirá algo como "nos gustaría hacerle unas preguntas".

Yo levantaré una ceja porque para entonces seguiré sin entender que se me hable de usted. Siempre fui alguien normal que se sentía especial, humildemente especial.

Y no me gustará ver a través de los cristales de mis gafas mi reflejo en las de sol de la mujer.

Canas y arrugas peinarán mi faz. Estaré atravesando con horror el problema de morir que postergué en mi mente hasta la vejez.

Será tan solo uno de los muchos cajones que habré abierto para entonces. Algunos me habrán hecho mejor persona, otros peor. Casi todos diferente.

Me consideraré a mi mismo un granjero que ha sido un río toda su vida y solo en aquel momento ha sido capaz de ver con claridad cuál es el cauce por el que ha de dejar llevar su caudal.

Su caudal de setenta y ocho años.

"Señor, la pregunta". Me verá distraído, mirando mis naranjos a sus espaldas. Ella se quitará las gafas de sol, él colocará una expresión cóctel de pena y disculpas.

Me harán la pregunta y la contestaré.

Será entonces, la única vez desde mi nacimiento hasta el día de mi muerte, en que sabré exactamente quién soy.

Creo que estará bien.






viernes, 9 de marzo de 2018

Soy tinta en el cielo y agua en tu piel

Me recuerdo lloviendo sobre tu tejado. Las ventanas empañadas y fuera ese susurro de las cañerías disfrazadas de riachuelos transportándome calle abajo.

Recuerdo deshacerme en una carta que reescribía cada mes de agosto. Una carta donde yo era la tinta que se extendía folio y medio por ambas caras. Tengo ese recuerdo, el del repiqueteo de mi cuerpo en las ventanas, el de la pluma impregnándome en el papel con la mejor ortografía posible.

Puedo ver el cielo encapotado de aquel día como si fuera ayer y oler mi perfume a tierra mojada inundando tu ciudad.

Tu tétrica ciudad de barro y gentío y pensamientos recurrentes.

Verte de gota en gota bajar con la carta en la mano dispuesta a leerme.

Recuerdo ser prólogo breve pero intenso, chispear a las cuatro de la tarde sobre tu figura sin paraguas. Recuerdo olvidar la diéresis que no quisimos tener.

Lo veo, el momento en que capitulamos y soy nudo y tromba de agua y caigo sobre tu cabeza con la fuerza de una duda sin resolver. No puedo olvidarlo. Tú corriendo buscando refugio y yo sostenido entre tus manos mojadas corriéndome en rimel negro que transforma mi mensaje en jeroglíficos.

No me pudiste leer. Refugiada bajo una cornisa me intentaste ver, temblando, viéndome fundirme en agua y tinta sobre el papel.

Fundiéndome entre tus dedos, acariciando tu piel. Agua y tinta.

Recuerdo cómo salvaste el final a soplidos que reflejaban la tenacidad con la que me sujetaste la mano tratando de impedir mi partida, mi juego de póquer, mi mano maldita, mi mala suerte, mi azar desabido. Mi larga marcha al apostar y perder. Perderte.

Perder
te
quise.

Lo logré.

Puedo rememorárme desenlanzando con unas últimas palabras las cosas que nunca dije y pensé debías saber y también dejar de lloverme, amainarme la tormenta con las manos frías.

Me recuerdo cesando con un sonido seco y un punto y final. Recuerdo las calles hidratadas y las lágrimas deslizándose por tus mejillas regando tu piel.

Qué puedo decir. Supongo que me deshice intentando hacerme entender.

Espero batir las alas y surcar los cielos sin tratar volverte a ver desde arriba, transformado en pájaro de tinta y agua, que si tengo que volver, ya volveré por otro lado.


martes, 5 de septiembre de 2017

Respondo

E: ¿Cuál cree que es la clave de la vida?

Y: Solía pensar que la intensidad, ¿sabes? Euforia o depresión, esos pueden ser muy buenos o muy malos pero no cabe duda que son. No puedes perdértelos, los sientes. Solía apreciar como un regalo las grandes explosiones y los recitales de fuegos artificiales. Tanto color, tan alto...

E: Habla en pasado, ¿ya no piensa así?

Y: Sigo creyendo que la intensidad es importante. Simplemente ahora la entiendo de otra forma. No busco la intensidad en las cosas, la busco dentro de mi y la utilizo para sentir lo que tengo delante con todo mi ser. Solo estar mirando al horizonte, la línea imaginaria donde se juntan el cielo y el mar, puede ser lo suficientemente intenso para llorar. Historia real. (ríe).

E: ¿Es más de decir lo que piensa o de pensar lo que dice?

Y: Trato de llevar ambas fórmulas acabo. Creo que hago más lo primero que lo segundo, como casi todos. Mucha gente no hace ninguna de las dos.

E: ¿Hay polémica cuando habla?

Y: No soy de los que buscan el conflicto pero si de los que dicen lo que todo el mundo piensa y calla. A veces la gente necesita escuchar la verdad, incluso si esta es más dura de lo que pensamos.

E: ¿Cree en el amor?

Y: Depende, ¿qué tipo de amor? 

E: El de las películas, el que lo hace todo moverse a cámara lenta y llover rosas.

Y: Solía hacerlo, me lo tomaba muy en serio. Me parecía que era algo a lo que darle importancia, el amor de tu vida. Mi idea sobre eso ha cambiado, creo que bastante.

E: ¿La vida?

Y: Creo que la vida nos da motivo a todos para cambiar lo que pensamos, la diferencia radica en una mente activa. Todos pasamos por todo tipo de cosas y tenemos oportunidad de madurar pero solo los que están despiertos y dispuestos a cuestionarse los por qués van adaptando los cimientos de su cabeza.

E: ¿En qué cree usted ahora?

Y: Supongo que en algo más real. 

E: Eso suena triste.

Y: No tiene por qué. La realidad puede ser muy triste pero gran parte de lo que es depende de cómo lo vemos. Podemos transformar nuestro alrededor con el enfoque adecuado. Ya no creo en las mariposas.

E: ¿Ya no se emociona?

Y: Claro que lo hago, y siento esas mariposas pero ya no soy adicto a ellas, me he rehabilitado. (sonríe). Ahora creo en conocerse. Todos dibujamos gran parte de la otra persona cuando empezamos a conocerla, es natural, normal y sano. La diferencia radica en que ahora sé que estoy dibujando lo que no conozco de esa persona.

E: Tiene sentido. ¿Está enamorado?

Y: Llevo enamorado toda mi vida.

E: Voy a necesitar que explique eso.

Y: Para que se haga una ligera idea he conocido y continuo conociendo a personas, enamorándome y siguiendo adelante pero hace ya años que conocí a esa persona que se instala en tu corazón para quedarse de por vida.

E: ¿No están juntos?

Y: No y no es algo que me preocupe. Hay que preocuparse por las cosas que uno puede controlar.

E: ¿Por qué está usted entrevistándose a si mismo?

Y: No esperaba esa pregunta. (risas).

E: Tenía que llegar, ya lo sabe.

Y: Claro. Creo que la idea me vino en un sueño donde decía lo que pensaba y necesitaba un entrevistador que realizase las preguntas.

E: ¿Está contento con el resultado?

Y: Creo que me lo he montado bien.



domingo, 20 de agosto de 2017

Naranjos

Sol con sabor a naranja en el huerto de sus pecas. Mi pensamiento húmedo y los aspersores regando el aire de gotas de agua templada.

La he dejado dentro y he salido al porche.

Son las once de la mañana, mi hora favorita. He madrugado lo suficiente como para estar despierto y disfrutarla a mi manera. Estoy tan yo como a las cuatro de la madrugada pero no me siento pesado y la oscuridad no nubla las nubes blancas que tapan la luna.

Oigo los acordes de una guitarra dentro de casa. Ella ha subido el volumen de la radio y le ha dado fuerza suficiente a la serenata para atravesar los cristales de las ventanas y llegar hasta mi, dejándose caer en mis oídos, resbalándome por el gusto. Pájaros haciendo los coros y el viento director de escenografía haciendo bailar los árboles, sus sombras tiritando sin saber bien hacia dónde ir.

Los gratuitos efectos especiales de la naturaleza.

Me alcanza por la espalda, con una mano en el hombro y la otra sujetando una taza de café, me pilla con la guardia baja. Me hace olvidar lo que sé de boxear, me quita los guantes con la mirada.

Sonrío de vuelta y tomo el café.

El tacto de la taza me cerciora de lo real de la situación. Podría estar muerto, dormido o con una sobredosis de esquizofrenia engañándome, haciéndome creer lo que no es y olvidar lo que se supone tiene que ser.

Es verano, no importa.

Doy un trago y todos los días es el mejor café de mi vida. No creo que se lo haya dicho nunca, no sé si hace falta. Creo que se lo digo con los ojos y ella lo entiende con una sonrisa.

Tardamos lo nuestro pero al final llegamos, lo conseguimos. No hablo de fabricar el mejor café del mundo sino de nuestro destino. No ese que viene predeterminado, el que uno ha escogido inconscientemente y le hace moverse en una dirección sin saber muy bien por qué. Sin saberlo hasta que llegas, entonces lo entiendes todo; por qué lo querías, por qué no podía ser otro, por qué tenía que ser con ella.

Entiendes que no lo entendieras hasta ese momento. Entonces te vuelves un poco loco, cuando llegas quiero decir. Te pasa porque has sufrido gran parte de tu vida luchando por llegar ahí, a ese naranjal y esa casa y ella en la cocina canturreando con el maquillaje de anoche aún adornándola la cara y disfrazándola de mapache. O algo que parece un mapache.
Te vuelves un poco loco y comienzas a tocar, observar, oler, saborear. Has vuelto vivo de la guerra de tu vida y has sobrevivido a todos aquellos problemas y personas contra todo pronóstico. Cuesta creerlo y utilizo mis sentidos para pegarme a la realidad como una mosca poco avispada en la tela de una araña.

Quiero vivirlo y parece que la vida me pide que lo haga.

Estamos bien. Ella, yo y el café. Y los naranjos, los naranjos también.




jueves, 16 de marzo de 2017

First Letter To Her

Querida cara nueva:

Primero de todo tengo que pedirte perdón por hacer esto público, tengo una tendencia a vociferar al mundo a través de las palabras los susurros más íntimos que tintan mi alma de esas emociones que nos hacen humanos.

Nunca ha sido fácil. No para mi. Soy un desastre, un caos, siempre lo he sido y siempre lo seré.

La primera vez que me rompieron el corazón me asomé a la grieta que había quedado y descubrí todo un mundo de melancolía y dolor en el que encontré pasión, inspiración y toda una gama de grises con la que pinté el mundo. Lo sé, yo tampoco lo entiendo muy bien, el mundo.
A través de mis ojos todo es hermoso y mortal, todo brilla y todo se seca a la vez. Como yo, como todos.

Siempre he sido un amante. Siempre he estado enamorado del amor y mi hijo favorito siempre ha sido esa soledad que me acariciaba el hombro cuando me sentaba frente a la página en blanco. Encuentro amor en esa historia que no puede ser, la que termina conmigo apoyado en el capó del coche en una gasolinera a kilómetros de mi ciudad contemplando el cielo intentando entender la vida antes de que se consuma el cigarro y tenga que volver.

A veces tengo que irme para poder volver. Algunos de mis mejores amigos te lo podrían confirmar. Soy un escapista, un corredor, corro kilómetros y cuanto más me alejo más me siento cerca de casa. No sé a dónde pertenezco, no sé dónde podría terminar.

Recientemente he conocido a alguien. No lo planeé, no lo buscaba, no estaba preparado. Está loca, loca de una forma que me hace sonreír. A veces digo una palabra y estalla en carcajadas que parecen no tener fin. Es tan cariñosa como puedo querer y parece querer conocerme de verdad. No es fácil, siempre pasa algo, las plantas siempre mueren aunque vivan cien años pero parece que he captado su atención.

No la conozco y no sé cuándo ni cuánto lo haré, pero quiero hacerlo. Esa es la parte importante.

No puedo firmar un futuro con ella, no tengo bolígrafo y no quiero firmar porque la realidad siempre está cambiando y soy libre. ¿Pero sabes qué? Creo que puedo ser libre dándole la mano.

Aún es pronto para saberlo, la estoy idealizando. Estoy dibujando la parte de ella que no conozco y sé que el dibujo no se corresponderá con la realidad. Es defectuosa, ya sabes, es una persona. Eso es lo que me gusta. Es real. Es directa.

Ha sufrido antes, igual que yo. Como todos.

Está aquí y no puedo prometer nada, no sé cuándo terminará la canción si lo hace. Esto no es un cuento donde en la página siguiente apareceremos en un porche peinando canas y rememorando tiempos mejores.

No puedo decir nada que no sepas, excepto que ella eres tú. Y que me haces sonreír y querer gritar más alto "¡¡follar!!" para que tengas que mandarme callar. Solo eso, suficiente por ahora.

La gente se suelta la mano, pestañea y se pierde el momento, se pierde en un mundo donde cada esquina es una realidad y entonces jamás vuelven a verse de la misma manera y no puedo prometerte que jamás nos pasará, sabe Dios que bien podría hacerlo.

Pero quédate con esto y presta atención, no quiero soltar tu mano, aún no.

Sinceramente, yo.


viernes, 27 de mayo de 2016

La primavera del cambio

El olor ha cambiado, el viento también. Las corrientes de aire ya no me hacen tiritar bajo un sol brillante pero poco acogedor. El astro que nos ilumina tampoco es el mismo de hace unos meses. Yo tampoco lo soy, en realidad ¿algo lo es?

Las relaciones enmudecen, el polen recorre las calles suspendido sobre nuestras cabezas, entre nuestras narices, la luz nos quema y la sombra nos resguarda, llevar gafas de sol ya forma parte del atuendo con el que salimos a tratar de impresionar al mundo. Las pantorrillas del populacho comienzan a asomar y se hace más llevadero permanecer a altas horas de la madrugada fuera de casa.

La primavera ha florecido en nuestros corazones y llueven ángeles del cielo, las suplicas son escuchadas, el perro pasa horas tumbado a la bartola en la terraza y se acerca el día en que abran las piscinas y los niños toquen el cielo de cloro y agua que les hacen olvidar todas aquellas horas de caligrafía que entumecen sus pequeñas muñecas. Madrid tiene un color diferente y a nuestros pies aparece la sombra de un sombrero acompañando a la figura que ha paseado sola durante el invierno.

Se sonríe más, se piensa peor, se quiere follar, los insectos han vuelto y su conquista del mundo está, otra vez, un paso más cerca. Cuesta más estudiar, eso también lo sé.

Se abren rosas, se marchitan corazones, se crean nuevas canciones, se revuelven las hormonas, se forman nuevas uniones.

Ella sigue mal y yo navego entre las promesas de nuevos amores, eso no ha cambiado.

El mundo se oscurece y el termómetro sube, no sé cuánto más podré aguantar, el calor me consume.

Las cartas están sobre la mesa y desde la orilla la marea sube, vienen las olas de cambio, el miedo prevalece, yo también lo hago.

Sigo aquí, en la primavera del cambio.


viernes, 13 de mayo de 2016

Escribiendo el futuro con mi letra de mierda

Está a punto de llegar, el fin de los tiempos, el último tic-tac, la línea que separa el presente del futuro se empieza a distorsionar y, aunque inamovible, juraría que se puede atravesar. El sol se detendrá en lo más alto y entonces anochecerá, las luces apagadas se encenderán, la música comenzará a sonar, con un poco de suerte quién sabe... puede ser Bono el que empiece a cantar.

Crees que te vas a ir, que vas a viajar, tienes la sensación de que todo quedará atrás y el ruido será silencio y en el silencio te encontrarás. La tinta se acabará y los dioses que juegan a escribir los guiones de lo que pasará se convertirán en espectadores del partido sin saber quién va a ganar.

Todo podría pasar y cuando lo piensas, cuando lo pensáis, os empezáis a cagar. El personaje de videojuego se ha dado cuenta de que tiene voz propia, que se puede mover y saltar, los de la obra de teatro de que son actores y tienen una vida tras el telón, con todas sus historias, con todas sus preocupaciones, el Capitán América ha sentido la atenta mirada de los cien espectadores expectantes en sus butacas preguntándose por quién estará dispuesto a luchar, por si mismo o por la libertad.

De repente todo se siente real, los colores saben a cosas, las comidas deslumbran con su cromática, el trago de vino atascado en la garganta, el beso que parece que no va a llegar, el abrazo de despedida en el viejo y olvidado lagrimal, seco como el desierto, cansado como la mirada del esquimal que todo lo ve blanco y nunca vio nada más.

Te preparas para caminar, para hablar quizá, incluso, para por fin decir la verdad. Si los astros se alinean, si las aves migran, si el frío se va y las flores salen a saludar, si las palabras que retumban en el corazón no se atragantan al final, si eres tú y nadie más. Si sabes qué quieres aunque no lo puedas imaginar.

Desde aquí sentado os veo a todos, altos, bajos, delgados o con más peso del normal, de cabello natural o tintado, seguros de amar, esperando la oportunidad, dudando a la deriva, atados de por vida, comparecientes, desesperados, desconocidos y hermanos, nativos o extranjeros, resplandecientes o tristes sumideros, valientes y temblorosos, inamovibles, pasajeros....

Desde aquí sentado os veo a todos y me pierdo buscando mi rostro, intento escribir el guión que los dioses no pueden continuar en una servilleta de bar.

Puta mierda que tenga tan mala letra, ¿verdad?


domingo, 1 de mayo de 2016

Voy a ir con el corazón caliente

No me deja respirar, el aire caliente, la luz ardiente, sol a las cuatro de la tarde en las farolas, sombras alargadas, los coches volviendo a casa, yo suspendido con un cuatro a la altura de la luna.

El traje realizando una descompresión antes de tiempo, mis ojos a punto de reventar y poner perdida la visera de cristal. Se me ha jodido el disfraz de astronauta. Los mareos son cada vez más nauseabundos y el ansia de vida cada vez más difusa. Metáforas en las estrellas, para el traje, mi vida, para la luna, un lugar muy lejos de aquí.

Y resulta que me da igual si es en un Porsche descapotable y el atardecer un cuadro que se derrite sobre la escena antes de los créditos, si es un castillo en ruinas el lugar escogido para la batalla final contra el dragón, contra la princesa, si al final el caballero ensilla su montura y el caballo ensilla al caballero, si es un cohete que a mitad de camino pierde la pegatina de la itv de este año.

Ahora no, no vamos a dar la vuelta. Andar en círculos es contagioso pero nada divertido,

Y si al final es una maratón y el ácido láctico comienza hacerme replantear de nuevo toda la carrera hasta ahora, kilómetro cuarenta, faltan dos, tendré bien claro el camino.

Si voy en un tanque y por la escotilla nos ha caído una granada, el acelerador hasta el fondo, vamos a reventar, avancemos hasta que volemos por los aires porque, si es en parapente como me estoy desplazando, mis pies no tocan el suelo pero la cabeza no debe perder de vista el lugar de donde procedo, así me resultará infinitamente más cómodo analizar el conjunto del viaje.

Si el triciclo no tiene pedales o al tren le faltan las vías más importantes, las vitales, pararé a reparar el impedimento por manazas que sea, por poca idea que tenga, por mucho que diga que no, que no quiera.

Y si pasan los años y es el bastón o la silla de ruedas, intentaré recordar que hasta llegar ahí mis piernas me sacaron de las peores situaciones y que mi corazón me hizo dar la vuelta y plantar cara, por defectuosa que ésta pueda ser, sin casco de astronauta, sin yelmo de caballería, con una pelusa en la cabeza, con la verdad como arma de destrucción masiva.

Voy a ir con el corazón caliente, donde quiera que vaya, vaya como sea que vaya, vaya a ir o esté contemplando el paisaje desde la torre más alta, tomándome un descanso, echándome el piti de antes o el de después.

Voy a ir con el corazón caliente, a caballo o a caballero, al galope o de golpe.




martes, 12 de abril de 2016

Una entrada que habla de la realidad de la vida y ya está

No soy perfecto ni la mejor versión de mi mismo. ¿Y sabéis qué? Nunca lo voy a ser.

Pareciera que todos hemos nacido con esa extraña obsesión, una obsesión programada para asaltar nuestro pensamiento consciente en algún punto de nuestra vida. "La cagué, no fui constante, la deje ir, no supe pedir perdón, suspendí, defraudé, no conseguí el trabajo, lo arruiné".

Gran parte de las historias de nuestras vidas terminan en un cóctel de lágrimas y desolación antes o después de forma, aparentemente, inevitable. Aceptamos el fracaso solo cuando nos hemos prometido que todo mejorará en el futuro, que nos volveremos a enamorar, que conseguiremos no joderlo todo la próxima vez., por nosotros, por nuestros seres queridos, porque se supone que así debe ser. Lo conseguiré, alcanzaré la felicidad la próxima vez porque... bueno, una vez más, se supone que así debe ser.

Y lo logramos. He mejorado, he entrado, me quiere, me han aceptado, importo... o al menos por un tiempo, antes de volver a caer. "Solo es otra piedra en el camino, la próxima la saltaré, le pegaré una patada intentando no romperme un dedo del pie o qué se yo... quizá simplemente la rodee y evitaré volverla a ver".

Pero vuelve a pasar una y otra y otra vez. ¿Por qué?

Lo que voy a decir aquí no es algo fácil de asumir si se le presta atención de verdad, no es solo una reflexión nocturna inducida por una serie de dibujos animados sobre un caballo depresivo que busca la felicidad, esto, señores, es la puta cruda realidad: es imposible.

Jamás llegaremos a ser quienes queremos ser, pacientes, atractivos, inteligentes, resolutivos, amables, sin complejos, los héroes impecables de nuestras vidas y de las de los demás, en definitiva, inmortalmente felices.

Porque incluso comiendo perdices se pasa mal.

Es solo una ilusión, sin más, así de fácil, así de difícil. No tienes que perseguir la felicidad, no tienes que engañarte pensando que es lo único por lo que merece la pena vivir, no puedes dejar que algo que no es real, la esperanza de un mañana mejor y que ese mejor sea para siempre, que una mentira, sea la que le de sentido a tu vida. Con esforzarse vale. No se trata de superar la puta piedra para caminar por un camino perfectamente asfaltado, se trata de caer una y otra y de nuevo otra vez y, simplemente, aceptarlo. Porque es así, porque no tiene porque ser algo malo, porque depende de ti.

Vas a caer, y no te hablo de la semana que viene, te hablo de esa idea perfecta de que en un futuro todo será mejor, que lograrás todas tus metas, qué jamás volverás a tener que esforzarte, a pasar miedo o a sentirte mal.
Déjame decirte algo: siempre estarás anhelando algo, siempre te faltará una cosa más, siempre habrá algo que te robará el sueño por las noches, algo que hará que dentro de veinte años vuelvas a llorar de pena como lo hiciste tiempo atrás, como lo llevas haciendo desde que estás vivo.

Tu vida va a cambiar, la vida jamás lo hará.

Está bien, no pasa nada, estoy contigo, sé que duele.

"- Se vuelve más fácil.
- ¿Qué?
- Cada día se vuelve un poco más fácil.
-¿Si...?
- Tienes que hacerlo cada día, esa es la parte difícil.... pero se vuelve más fácil.
- Vale."

martes, 10 de noviembre de 2015

Concédeme éste último deseo

Porque te amo sin haber tenido la oportunidad de quererte antes.

Y no me hace falta, no es ni tan siquiera levemente necesario, nimiamente indispensable. Te amo y ya.

Lo hago aun cuando no recuerdo el color de tus ojos o el tono exacto que tiene tu voz cuando estallas en una carcajada. Ni falta que me hace, mi vida.

Has cambiado antes de peinado, de sonrisa, incluso tu gusto por la ropa ha variado en todos estos años y nunca, por un solo momento, te encontré menos irresistible que la vez anterior.

A veces no sé cómo llamarte, me equivoco y te menciono por otro nombre, uno que ya no usas. Pero cuando acierto, cariño, siento el mismo orgullo que antes. Es como cuando te conozco, bajo la lluvia de noviembre, bajo las llamaradas solares de agosto, repitiendo curso, estrenando año...

Siempre te he agradecido los malos ratos, casi más que los buenos, los escasos y maravillosos buenos que chispean de vez en cuando. Aún cuando cierro los ojos te veo alejarte y dejarme solo en la estación de Atocha, escupiéndome el café a la cara a causa de una carcajada tan memorable como inesperada o repitiéndome en la cama que cada segundo importaba. Te recuerdo en el primer beso y la sonrisa cómplice de después, te recuerdo en el último y las lágrimas que lo condimentaban casi al instante.

Que ya no te vuelvo a ver porque nos separan kilómetros, que tu otra casa está en el barrio e igual al salir a la calle, todo despreocupado, me topo con uno de tus múltiples andares, estilos, olores.

Llegaste por cinco minutos o cinco años pero jamás me podré olvidar de ti porque estuviste y con eso, aunque parezca mentira, es más que suficiente.

Si uno de estos días te llamo, tómalo como un error. Entiende que es un grito descorazonado, que mi alma chirría, que es mi sombra intentando encontrar la luz en sus horas bajas. Que estoy en los suburbios del color sepia y la corteza cerebral, del hipocampo o donde quiera que sea.

Por favor, recuerda que contigo pasé el momento que era mi vida, que aunque no tuviese barba o me encuentre en silla de ruedas, la tuya será la última voz que escuche antes de desvanecerme para siempre, tu piel la última que sentiré en la mía antes de que ésta deje de ser.

Y como último capricho, como reclamo final, pedirte que jamás dejes de quererme. Que a veces lo hice mal, a veces aún peor, pero que pase lo que pase, la mía fue siempre la misma intención: enseñarte quién era yo y entregarme sin dudas al descanso eterno de tus brazos.


sábado, 4 de abril de 2015

Impedimentos

Explotados. Masacrados, expuestos a las desavenencias del tiempo, a la intemperie sin el taparrabos, desastrosos y desolados. Si el tiempo quiere, nos concederá el beneficio de la duda.

Hubo una vez en que las cosas fueron fáciles. Castillos, peleas con final feliz, una brecha en la coronilla y un seis en conocimiento del medio. Hubo un tiempo en que los corazones volaban alto y nunca se rompían.  Sonrisas sinceras e insultos que se desvanecían al final de la tarde.

Hemos viajado lejos, nos hemos olvidado de meternos en la maleta y hemos terminado tan desnudos como alguna vez siempre estuvimos. Somos juguetes rotos que un día circulaban a toda velocidad, corazón en mano y voz en grito. Y ahora, corrompidos como yacemos, ensuciados hasta los pulmones, enmudecemos. Te van a hacer daño, le van a hacer daño, la vas a destrozar, va a acabar contigo. Este es el disparo final, no hay perdiz que devorar. Tu cuerpo ya no es tuyo y te desangras en el suelo pidiendo clemencia al cielo donde las nubes dibujaban arte, donde la luna estaba al alcance de las manos. Y ahora la fuerza se te va en las intenciones, se nos va momento a momento, exhalando actuaciones, propiciando daños. Daños en forma de lágrimas, caricias en sepia, tan lejanas en el tiempo como aquellos años de brincos y combates imaginarios.

Ya no estamos donde estábamos, las cosas han cambiado, tú has cambiado ¿acaso no lo ves? Se nos van los esfuerzos en sueños, los besos se quedan en eso, en miradas cargadas de intenciones, de arranques frustrados.

Y la gente se desvanece, envejece, todo pasa al mismo tiempo. Fantasmas transitando un presente despreciado en busca de un futuro prominente, uno que se nos escapa a zancadas, huyendo de los monstruos que lo persiguen.

Cada día es un zarpazo, una cicatriz en la mejilla y los gritos reverberan en las paredes, la ira en nuestras manos, la vida fracturada, los huesos calcinados.

Qué lejos has quedado, amada mía. Y no nos queda otra que sonreír, que tomarlo con humor mientras los ojos se nos cierran para no volver a abrirse. Es una bonita última mirada al nunca jamás, al entierro de la oportunidad, defenestrados nos hemos dejado.

Es un último intento, un último empujón. El café se queda frío. Se nos ha ido el momento, se han separado los cuerpos. La sangre sabe bien.

domingo, 27 de julio de 2014

El horno, la caníbal y el eclipse lunar

Hansel y Gretel. Todos conocemos la historia de Hansel y su hermana Gretel y su abrupto final. Gretel y su hermano Hansel se sonrieron el uno al otro, en paz al fin, en aquel horno donde sus cuerpos se fundieron con las cálidas llamas del final. Demasiado orgullosos para aceptar que se habían equivocado dejando el rastro de migas de pan, demasiado cobardes para admitir que podían haber evitado el dolor, el fuego consumiendo sus cuerpos antes de tiempo.

Puedo ver la oscuridad al otro lado del cristal, veo el sendero ramificarse ante mi, ofreciéndome la oportunidad de decidir. A mi alrededor puedo ver rostros conocidos estrechando la mano caníbal de la amable derrota, de sonrisa pútrida y ojos opacos. Rompo una lanza a su favor, esa señora tiene cierto encanto.

Estoy tomándome mi tiempo, estirando las piernas, mirando al suelo. Miro las piedras sobre las que se posan mis pies descalzos.

Estos días hay una idea que no para de rondar mi cabeza, me asalta cuando me levanto, cuando estoy pensando, cuando no, cuando me acuesto y cuando no existo. Comienzo a creer algo tan evidente como invisible.
Todos saben que es necesario mirar hacia adelante, decidir qué deseas y cuanto lo necesitas pero he comenzado a plantearme que es aconsejable, y digo indispensable, prestar atención a lo que sucede aquí y ahora, a desviar un momento la vista del horizonte y comprobar el calzado con el que hoy estás pisando mundo.

Hoy he llegado realmente cansado, con ganas de acostarme y dejarme descansar pero no consigo desconectar. Estos pensamientos no dejan de gritarme, de pellizcarme, de llamarme por mi nombre de pila, y es que creo firmemente que intentan decirme algo.
Recientemente acabo de darme cuenta de que hay gente a mi alrededor. Gente más allá de mis necesidades, de mis prioridades, de mis sentimientos y preocupaciones.

Gente viva.

Es algo chocante y por primera vez en mi vida me asalta la posibilidad de comportarme como un hombre y dejar de ser el niño egoísta que no busca, que no mira, que no anhela más allá de su propia inmortalidad.

Resulta complicado asumir una nueva realidad y no olvidarse de respirar.

Estoy cogiendo aire antes de comenzar a caminar porque cuando el día se acabe no quiero tener que pensar "es demasiado tarde, no hay vuelta atrás". Tengo la oportunidad de buscar el cartel luminoso que indica el camino correcto, el que me mantenga lejos de mi propio horno de egoísmo.

Voy a hacerlo lo mejor que pueda con un ojo vago, bajo el eclipse lunar.


miércoles, 11 de junio de 2014

El sótano

Número uno. Me desvelo, trato de respirar, inhalando sombras, toxinas y falsa muerte en éste viejo sótano que recorre mi cuerpo con cada una de mis pulsaciones. En este sótano, de cielo estrellado, la llovizna me refugia de los tiempos pasados, de los recuerdos nublados donde acostumbraba a esperar sentado en la tercera línea del pentagrama, nunca lo suficientemente cerca, nunca demasiado lejos.

Aquí abajo, en éste sótano de paredes sin límite, la inclemencia del tiempo me reconforta, me ayuda a creer que todo cuanto veo no está ahí y que lo que no alcanzan a distinguir mis ojos es tan real como ésta oscuridad que ilumina mis pensamientos.

En un blanco vacío y un negro rebosante, los crujidos y repiqueteos de ésta vieja estructura gritan silencios, desvelando secretos, escondiendo obviedades.

Hoy salgo a la calle, viuda la acera, me deja caminar sosteniendo mis creencias, mi quebrada expectativa de un aire fresco que me quema la piel. Me sanan las epidemias mundiales y acaba matándome la nauseabunda respiración de un futuro prometedor, tan azul como el fuego.

Creo distinguir entre la multitud una sola gota de soledad, de vivencia pura y espiritual, que me acompaña de la mano a la cárcel de Libertad.


domingo, 5 de mayo de 2013

Incoherencias con sentido

Palabras. Segundos de un presente que se evapora con cada sílaba. Picazón en mis entrañas, el sudor en las palmas de mis manos. La perdida del control ante el cuerpo perfecto, ante el alma perfecta.
Una declaración de intenciones para quien jamás... para quien..... Este laberinto de noches y días me hace enloquecer.
Sale el sol y la negrura que guarda las estrellas se tinta de luz. Astros y recuerdos. Un cambio.
Estrangulo mis posibilidades con una cuerda de piano. Una cara nueva que diluye las pautas de mis historias pasadas.

Y en una noche como ésta pierdo las nociones de mi don, olvido como soltar la bestia que radica en todo lo que escribo. La promesa de reencontrarme con todo lo que alguna vez perdí, la remota posibilidad de recuperar lo que merece la pena.

Locuras, candados rotos que rompen la rutina que gobierna mi vida. La formula perfecta, un par de labios, un par de ojos, un par de manos y una persona dispuesta a comenzar un nuevo relato.

Nada de lo que tecleo comprende de coherencia, ninguna de las ideas que me rondan hoy la cabeza se sostienen sobre pilares bien construidos. Hago malabares sobre una cuerda con fecha de caducidad, comprendo la fugacidad del momento con la serenidad que me otorga la pausa en el movimiento. Comprendo y rechazo. Corto las cuerdas que balancean mi cuerpo controlando cada uno de mis gestos. Lucho contracorriente mientras escalo lejos de la negatividad con la que la sociedad me ha enseñado a vivir. Barro la suciedad de mi educación por un mundo mejor.

Soy un juguete roto cansado de ser marioneta.

Yo decido mi suerte.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Perdóneme padre, porque he pecado.

Mierda. Puta mierda. La sociedad y yo nos vamos a la mierda de la mano. De unos días a ésta parte he podido darme cuenta, la gente se está volviendo loca. La hostia, ¿había antes cordura en éste mar de aguas fecales?
Para muchos de ellos todo ésto es nuevo, no para mi. Llevo décadas mensuales pisando el mismo fango de adoquines. Hoy hasta el Papa grita por dentro, consumido, como todos nosotros, por la incertidumbre que nos da y nos arrebata la vida. "¡Hijos de puta, nos están tirando piedras!"

A la persona de a pie se le han abierto los poros. Ni el cielo se decide a enfocar con más o menos claridad el infierno que cubre de celeste y algodón. Nos está dando un toque en el hombro, uno de esos hirientes y eléctricos toquecitos con el dedo. Se me hinchan las pelotas en el laberinto que habito.

Música, letras, colonia sobre la mesa. Mis memorias circuncidadas se deshacen bajo sábanas ilegales. 
El aquí presente se las gasta de indiferente en esa fiesta, en aquel concierto, en aquella situación inesperada que me pone duros los pezones... pero siempre, por algún motivo tan atractivo como nauseabundo, tengo sus pecas rondando por mi materia gris.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Over

Roma arde, pienso mientras sostengo mis temblorosas manos a unos metros de la cajetilla. Me arden los ojos, arde la esencia de la humanidad en mis riñones.

Duele el color fosfato que ilumina el derrumbamiento de los gigantes. Caen ciudades y caen diamantes.
Y aquí estoy yo, sin una botella de whisky conduciendo mi mente a planos inferiores, restregando los oxidados metales que me atrapan entre pestañeo y pestañeo con agua y sal.


domingo, 2 de septiembre de 2012

H-O-L-A

Ache y o más ele y a. ¿Qué pasa, niños?

Aquí, en la torre más alta del castillo más feo, la mierda se espanta ante su reflejo en el espejo todas las mañanas. La escarcha levanta los cristales de las ventanas recordándome que el ciclo vuelve a empezar en unos días confusos, misteriosos y repletos de caras, caras calvas.

Hoy por hoy, me aferro a lo poco que queda de un recuerdo que se diluye como un soluto ante un exceso de disolvente. Los gritos, la mala hostia...

Miro y veo un usb avergonzado, un escritus interrumptus... un teléfono móvil que espera, paciente, en estado de coma, un par de palabras de aquella lejana alma tan invisible como ese futuro mañana en el campo de los besos enfrutados y los mordiscos enlatados.

Un par de garbanzos me esperan y la matriarca del bufón continua tentando mis expectativas.




Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...