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viernes, 22 de febrero de 2019

Arquitectura de líquidos

Paso hambre buscando respuestas que comer en un bosque de dudas moradas, maduras y sin responder.

Me arrastro como el mártir que se ha topado con los reaccionarios revolucionarios más malos del cuento, como a aquel al que han robado la hogaza de pan que guardaba en el único bolsillo de su túnica.

Llevo bordado JC en la solapa y de poco me ha servido. Me preguntan por el camino si soy el nuevo portento musical del panorama internacional o el mesías del que ya nadie habla.

La palabra de mi padre ya no me la creo a pies juntillas ni yo y se que podría llegar a cantar con la ayuda de un buen estudio. Les miento, les bailo el agua pisando descalzo las brasas de un fuego que años atrás podía hablar.

Un helicóptero me lleva a un edificio de cristal que se yergue en mitad del desierto.

Me han dado de comer. Les cuento que vengo caminando desde Damasco, que la luna y el sol se convirtieron en lo mismo en algún momento y ya no sé si llevo gafas para no ver o para que no me vean.

Sonríen como si Jimmy Kimmel me estuviera entrevistando en prime time y todos estuvieran obligados a encontrar la gracia en cada una mis palabras.

Me siento como si hubiera vuelto a aquellos días en que vivía en las nubes y San Pedro me saludaba cada vez que cruzaba la puerta de la urbanización.

Me proponen relatar la historia de amor que ha marcado mi carne delante de un compositor. Quieren transformarlo en una canción que se baile.

Yo intento decirles de buena manera que las heridas no entienden de ruidos fuertes ni de luces de color.

Ellos asienten, insisten y vuelven a reír mientras toman nota de mi postura corporal y planifican un nuevo corte de pelo. Van a abigarrar y no puedo evitarlo.

Me vendan las manos para tapar los agujeros de las palmas.

"¿Esto es de algún accidente?"

"Me tiró de la bici una paloma blanca que volaba a mi lado"

"¿Qué pasó?"

"Me dijo que era una estupidez ir a buscar a la chica de la que me había enamorado"

Les cuesta creer que quisiera volver a por esos ojos rutilantes que me llevaron a la alto de la cruz.

Contesto que el dolor de aquello se mezclaba por completo con la certeza de que nada me importaba si iba a resurgir como el primer zombie de una peli de género y serie be.

En el taller tallan a cuchilla los posibles escenarios de un videoclip que toda la población venerará.

"¿Ves como no todo ha cambiado tanto?"

Atrapado en una sociedad compuesta por media docena de personas que hacen el ruido de un millón me dejo modelar desde el cabello hasta la punta de mis creencias.

Alguien dice que no a un café y explica el ramadán.

Me planteo la posibilidad de un primo lejano que susurra en sus viajes Alá con una melodía y prestancia que me recuerdan a la adoración constante de un alma que habita un cuerpo y busca un señor mayor de barba blanca con carnet para poder guiar.

Yo siempre lo he llamado Papá.

Les digo que ya no quiero cantar, que me voy a crucificar esperando no resucitar de nuevo.

Me he enfadado, quedado huérfano y ahora la serpiente más mala del más ficticio de los cuentos se ha enroscado alrededor de mi cuello.

Me ofrece una manzana siseando.

"A mi háblame claro" - le digo.

"Que te comas esto, joder" - me dice.

Me dice.



jueves, 7 de junio de 2018

El hombre más poderoso del mundo

Una habitación repleta de vasos con dudas sobre los distintos enfoques generacionales que reptan en linea recta hasta mi juicio y un estallido de imaginación que abre una ventana donde cobra forma un paisaje.

Podría arreglar el país si alguien viniese a vaciar mi cenicero. Todos sabemos, es más sencillo gobernar un país con la mesa limpia y el caos guardado en el bolsillo de la chaqueta.

Empezaría por lavarme la cara y lavar el cerebro de los televidentes anunciando que he introducido publicidad subliminal que no estaría jamás en otro lugar más que en sus cabezas. Ya puedo ver los montajes en youtube y las teorías sobre mi genética reptiliana y mi afiliación al partido iluminati.

Si me invitaran a una fiesta del Club Bilderberg subiría a lo alto de la más alta mesa y recitaría un poco de poesía, por el bien de la humanidad, a artículo por estrofa. Esa sería la idea que olvidaría empapado en drogas de diseño y altas dosis de influencia en sacos de carne y hueso.

Puedo ver a todo un ejercito de corbatas y modales excelentes detrás de mi plan de dominación mundial. Les oigo hablar en parsel sobre el petróleo robado la semana pasada. Estamos teniendo problemas para blanquearlo, he propuesto añadir Colgate a la mezcla, para algo les subvencionamos.

Imagino la desesperación de caminar por la calle y ver la misma cara en todas las personas, mis pobres y desahuciadas marionetas. Me aflojo el nudo de la corbata que no tengo porque me empiezo a sentir culpable. Ocuparme de mi asfixia no ha aliviado la de los demás y vuelvo a notar que me ahogo.

Deberíamos deportar a los que no saben sonreír.

Me traen cascos para no escuchar los gritos y me siento con mi bola de cristal que emite luces y sonidos en la mesa presidencial, mi Casa Blanca de gotelé. La llamaría Poder y la sostendría entre mis manos como un yonqui su última dosis en el banco de algún parque.

Ya noto como va tomando control sobre mi. Olvidaría las cosas menos prácticas, a qué sabe el amor, quién soy cuando no estoy ocupado o el nombre de mi madre.

Siento ganas de caminar entre las mesas y dictarles a todos esos niños. Dictar lo que me apetezca.

Transformaría la ciencia en un recuerdo lejano y a mi en el nuevo dios de la religión que mi egocentrismo escribiría en forma de novela. Ocho horas de clase cada cinco minutos, ocho días a la semana.

Adoctrinamiento travestido de educación, esclavitud por trabajo duro y un altar con mi rostro en cada hogar.

Bailaría sobre la luna y la abriría solo los sábados por la noche. La pista de baile más exclusiva del sistema solar. Les obligaría a remarme hasta allí y cuando demandasen algún tipo de reconocimiento dejaría que me mirasen a los ojos.

Rockstar absoluto en cada ciudad por dentro muerto en cada palabra, en cada sonrisa o erróneo gesto de hospitalidad. Tics de un corazón que antaño latía.

Me golpearía con fuerza la polla a la mínima luz que apreciase en el naranja estático de un atardecer.

Solucionaría los problemas del mundo vistiendo un traje blanco y pulsando el botón Apocalipsis en el momento requerido. Lo último que se escucharía una réplica del discurso de siempre y los aplausos de una sociedad que se convierte en ceniza caliente arrastrada por una corriente de aire frío.

Mi bomba sin alma abrazándolos a todos y en el último momento yo abriendo la puerta del búnquer presidencial, saliendo a la carrera a decirte que te quiero con lágrimas en los ojos bajo un enorme foco de luz.

Notaría el dolor posarse sobre mi cuerpo en forma de nieve de color triste.

Quizá toda esa ceniza sea la que veo en mi cenicero, quizá sea más fácil si nadie lo viene a limpiar.

Quizá quemé todo lo que conocía y ahora hay una civilización muerta en mi habitación.

Te quiero.










sábado, 12 de mayo de 2018

Mi vitrina

Me felicitan por aquel futuro en que lo he conseguido y vuelvo a casa con un mechero que no es el mío.

Es mi premio Planeta amarillo fosforescente a mitad de gas.

Esbozo una sonrisa desorbitada con el parque como campo y mis colmillos como largueros. Soy el portero chupasangre que quería vestir de azul y la batería de preguntas que secan mis oídos la tanda de penaltis para la que no entrené.

Improviso de cuero para fuera.

Mi Copa del Rey en una vitrina en mi salón, minimalista como si me llamaran Blanca y viviera con siete enanos.

En el felpudo de entrada los primeros trozos de tela de mi Reino Patriarcal y su Infierno.

Con tanta enhorabuena la estantería de trofeos comienza a quedarse pequeña.

Dicen que estoy perdiendo el toque. Sigo peloteando con la muñeca abierta.

Mi Copa Davis con dos cohetes bajo los pies, una cinta en el pelo y la luz de la salvación reptándome por el tobillo intentando morderme el cuello para inyectar el antídoto que cure mis últimos pasos en falso, como a un resfriado persistente un abrazo efervescente de química fuerte.

Mi premio Wolf de regusto ácido en la lengua y bata blanca de composición.

Voy a regalarte un protón en la feria del pueblo. No podrás abrazarlo como a ese oso roñoso de nombre John pero dicen que siempre es positivo.

Soy un genio que saluda con una mano a Asperger y con la otra asusta al resto de la especie.

Desoigo los consejos del Consejo del Pueblo. Lo he probado y las hojas siguen danzando con el viento y siguen siendo verdes en ésta época del año, como si la realidad y sus palabras fueran cosas diferentes.

Mi ArtPrize y su sordera a los mecenas y jurados, y mis dotes de acuarela para matizarte las intenciones.
Todas las dificultades que siempre tuve para atrapar la goma de borrar y aceptar su misión.

Mi melancolía arnés de los errores que casi me cuestan la vida. No te traje a la montaña porque la parte sexy de la escalada es ser yo.

Mi premio FEDME sufriendo mareos en lo alto de la pared. Llamo al vértigo descanso y a la cama el espectáculo más peligroso del circo.

Saldado con dos ideas muertas y otra en coma.

Dicen que no pasa nada, que está bien, que solo he perdido esta vez. El año que viene todo será mejor. Sonrío y asiento seguro y ayudado por el peso de las estatuillas en mis bolsillos.

Mi Oscar, convencido de su papel. Actuación de trofeo revelación, sorpresa y regocijo tras el trailer de su interpretación. Yo digo que solo es un camión, nadie se ríe. Mal chiste, debí cambiar el sentido del humor en la última rotonda.

Mi Goya de hermano pequeño menos importante y con peor ubicación geográfica en el globo terrestre como consuelo por el esfuerzo. Recoges lo que siembras, siembras lo que puedes.

Llamaría a todo esto una aventura y al protón que te regalé un anillo de pedida de mano. Tú a mi me llamarás por teléfono desde una cabina porque tu corazón es amarillo y viejo, para decirme que toda mi vida lo intenté.

Mi Razzie convertido en un pañuelo para lágrimas. Pero no puedo llorar.

Estoy ocupado sacrificando todo cuanto tengo para llegar hasta el final mientras tu huyes por el desierto recorriendo el mundo en compañia de un tipo con bigote, atributos gigantes y mucho pelo en el pecho.

Os deseo a John y a ti unas felices vacaciones. Mandadme una postal, escribid, parad en moteles de carretera y saboread.

Yo voy a quedarme limpiando la vitrina.

Mi Vitrina, mi trofeo por la derrota.

Follad mucho, no asesinéis, ganad muchos premios.

DemostraD que sois felices y, sobretodo, jamás dejéis de intentarlo.







martes, 15 de agosto de 2017

Soy el más listo porque escribo en un blog

No ha sido una elección, tampoco una iluminación divina en un día lluvioso. Solo abrí los ojos cuando el sol dejó de cegarme y me di cuenta. Estamos atrapados y yo tengo la respuesta. Si, lo sé, es para descojonarse, yo.

No hablo en sentido literal, tampoco literario, hago referencia a la metáfora que es nuestra sociedad. Esta información me ha llegado en forma de notitas selladas con la marca roja de unos labios que besaron el remitente y ordenaron correr al cartero.

Correr.

El "se" no lo incluyo, eso fue algo que nació de él en la triste oscuridad de su habitación.

Conseguir esta información me ha costado un par de hechizos. Ya me entendéis, de likes, de me gustas, de quizá quiera casarme contigo en una playa de Mallorca si mis pajas mentales se hacen realidad y has estado esperándome toda mi vida. Y la tuya también.

No voy a mentiros, estoy emocionado. Creo con convicción que las buena nueva os aportará algo de conocimiento sobre esta compleja máquina repleta de engranajes que nos conecta a todos y cuyo funcionamiento parece continuar siendo un enigma gigantesco en forma de tela de araña.

Pensad en este mensaje como si de una serenata se tratase. Imaginad, con lo que a estas alturas os quede de imaginación, que contemplo anhelante vuestro rostro asomado a la ventana desde la calle y os canto todo esto alma en grito, en ebullición, que estoy caliente como un perro tostándose bajo el sol. Podéis imaginarme con un estúpido gorro en la cabeza a lo trovador que hace brillar aún más el ridículo tamaño de mi nariz y un ramo de flores prefabricado que he comprado con fervor en la floristería de la calle de al lado, esa en la que jamás habéis entrado, con la pura intención de conquistaros con mi verdad.

Os cuento.

Nada pasa porque tiene que pasar.

¿Lo he cantado bien? Creo que he desafinado un poco al final pero os he transmitido el mensaje de la mejor manera que se me ha ocurrido. Si hubiera perdido mi civismo al salir de casa esta mañana probablemente mi mensaje habría sonado diferente, más a guantazo que a serenata, más sonoro y menos melódico quizá. Lo sé, he sido un poco grosero, pido disculpas. Aún estoy aprendiendo a controlar mis impulsos, coño, joder.

No nos salgamos del guión, pues eso, nada pasa porque tiene que pasar.

No voy a discutirlo, vivir en confuso y aterrador, algunos necesitan excusas, otros a Dios. Para mi es "me duele la tripa y se ha muerto mi tatarabuela, imagina cómo estoy, pídeme perdón por haberme molestado". Más o menos creíble para la otra persona, totalmente convincente para uno mismo. Principalmente porque no importan las palabras, la excusa, el amigo imaginario de barba blanca o la máxima "si ha pasado tenía que pasar", lo que de verdad importa es la acción, el acto, la voluntad de engañarse.

Lo que cuenta es el gesto de engullir el caramelo blanco y relajarse confiando en que todo está solucionado. Un ibuprofeno y las consecuencias de estar vivo se desinflaman. "Ya no parecen tan grandes".

Espera, espera un momento. Sé lo que estás pensando. "Qué listo es el tío, cree que le está enseñando algo a alguien, cree que es el más listo porque escribe en un blog".

A ti, que eres tremendamente audaz y si no se te hubiesen adelantado habrías descubierto América en moto de agua nada de esto te suena a nuevo pero te prometo que algunas personas no han tenido la oportunidad de replantearse una cosa así.

"Me ha dejado, no era para mi. Me han echado, no tenía que seguir ahí. Ha enfermado y ha muerto, era como tenía que ser".

Me pongo tan nervioso que me tiemblan hasta los riñones. Déjame cantarte algo más. Nada tiene que pasar. El verbo tener está mal empleado. Lo que tienes que hacer es, a riesgo de sonar neandertal y un poco pandereta, echarle ovarios. Y digo ovarios que no huevos porque es igual pero más inteligente. Tienes que decir lo que quieres decir, tienes que hacer lo que quieres hacer y no porque tengas que hacerlo. Porque nada tiene que. Qué coño va a tener que pasar si ni tan siquiera deberías estar aquí, eres casualidad, eres azar, eres feo seguramente, pero tienes suerte por el simple hecho de ser algo. Y más aún por la oportunidad de poder ser algo más.

Déjame dejarte y también dejarte claro lo mucho que te quiero pegar, porque me estás calentando con esas miradas que me echas desde que he empezado a poner los puntos sobre las ies.

Podrás ser algo más cuando dejes de excusar, escudar, esconder- TE, TÚ, en gilipolleces sin fundamento. Coño, deberías escucharte a veces, suenas muy gilipollas, de verdad.

Piensa, por favor, piensa. Usa esa maldita cabeza que te cualifica como homo, hetero o bi sapiens y piensa por favor.

Eso si, tengo que avisarte. Probablemente te duela, quizá sea la primera vez que pienses de verdad. Si comienzas a convulsionar no te asustes, es lo que tiene hacerlo todo de golpe, puede suponer un shock inicial. Quizá sientas también que el universo se abre ante tus ojos y su belleza te deja babeando como a una de esas personas que no dosifican bien su propia saliva, quizá des un poco de asco, pero nada grave. Los beneficios que reportará a tu vida compensará que en ese momento nadie quiera acercarse a ti porque serás tú quien estará más cerca de si mismo de lo que jamás habría imaginado.

Me estoy quedando sin voz, siempre me enrollo como las persianas, espero que con la edad se me vaya pasando y si no, tampoco es tan malo, podría estar babeándome encima, como nuestra sociedad, al darme cuenta de lo cateto que soy tratando transmitir un mensaje, grosso modo, cuando no me suelo escuchar ni yo mismo.

Jamás he tenido voz para cantar y predicar lo dejo para quien sigue buscando excusas. Yo te cuento las cosas como me las cuento a mi, con mucha mala hostia, para tontos, dando mil vueltas (es una enfermedad congénita) y de palabra modalidad escrita.

Deja de mirarme mal, la canción ha terminado, mi nariz sigue siendo enorme y tú jamás recuperarás la oportunidad de adelantarte a Colón pero, ¿sabes qué?

No, no te lo voy a decir, piénsalo.











viernes, 7 de octubre de 2016

No eres de esas que no son

No eres de esas que se ponen vestido por si la aventura surge de entre los adoquines y tienes que correr, saltar o Dios sabe qué. Y solo te los pones cuando acompañas con manoletinas o tacones, cuando es obvio que la aventura no exigiría proeza física y que si lo hace te quitarás hasta el último trapo que adorne tu cuerpo.

No eres de esas que se meten, que se burlan, que se ríen de las personas que sufren de alguna discapacidad, física, psíquica o social. No eres tampoco de las que sienten lástima y quieren romper a llorar. Eres de las que ayuda si puede y continua su camino si no debe, si ya está atendido, que por el simple hecho de ser así no se requiere un teatro de lágrimas ni preocupaciones.

Que no eres una niña.

No eres de esas que viven y no piensan, tampoco eres de las que viven y piensan y no reflexionan sobre lo pensado. Eres de las que filosofan porque puede y quiere estallar su cabeza hasta ser la mejor versión de si misma. Quieres poder valerte por ti misma sin ser consciente de todos los superpoderes que tienes, sin ver, desde ahí arriba, como pasas volando sobre nuestras cabezas.

No eres de esas que no lloran. Porque lo haces, los dos lo sabemos. Lloras y te caes, porque eres humana y preciosa por eso. Eres preciosa cuando estás sentada en el suelo con la cabeza entre las rodillas y te veo, juro que veo como luchas con todas tus armas, que son poco menos que todo un ejército, para levantarte y sonreír.

A veces, simplemente, no puedes. Eres humana, eres preciosa.

No eres de esas que viven encerradas en un mundo que las somete, no eres de las que como tú, son mujeres y parecen no querer demostrar que por el hecho de serlo no tienen que pedir perdón. Que no tienen que pedir nada, que son como somos todos, carne y hueso. Que dan vida si se les antoja un día. ¿Algún hombre en la sala puede si quiera soñar con eso?

Que eres una mujer y sabes que puedes con ello. Que si te nace la gana te nace un hijo y cambias el mundo.

No eres de esas que critican a los demás cuando no miran. No insultas, no envidias, no arañas.

No eres de esas que no leen, que no se sientan jamás bajo las estrellas y me agarras con tus ojos y me cuentas lo que crees que hay allá arriba. No eres de esas que me dan su opinión sobre la vida y termina antes de treinta segundos. Joder, no eres de esas y te amo por ello.

No eres de esas que juegan a conocer gente, a querer a gente, a despedirse de gente. No eres de las que se levantan un día y al siguiente son personas diferentes.

Eres de las que te sonríen desde la esquina y un año después lo hacen desde la cama. Eres de las que no te hacen sentir inseguro y te acompañan de la mano en ese camino que es descubriros y fortaleceros a base de risas y llantos recostados en el pecho del otro.

Eres de las que me hacen reír sin final y me da un mordisco en la mejilla cuando no puedo parar.

Eres de esas a las que se ama por encima de todas las cosas.

Eres de esas que no existen.


martes, 2 de febrero de 2016

El gélido y patético romanticismo del XXI

Estamos sufriendo intentando no sufrir.

Es un mercado, se entra y se sale, se consumen relaciones, relaciones basura, que no malolientes, sustituibles. En febrero estoy contigo, a mediados de marzo te he sustituido y me cuesta recordar tu nombre.
Soy de hielo, no quiero sentir, no quiero comprometerme, prefiero prometerme al eterno desanhelo, que sabe mucho mejor.

"Pobrecito de mi que nadie me quiere más de tres polvos, pobrecita de mi que Juan se ha marchado y han pasado dos larguísimos meses hasta que ha llegado Felipe, a ver si consigo dejarle claro que no quiero nada, a ver si dura un poco menos que Juan porque podría enamorarme y encontrar eso que anhelo, tendría que dejar de twittear lo solo/a que estoy y eso podría causar mi autodestrucción, mi salida del mercado, dejaría de comprar, y no puede ser toda la vida con los mismos zapatos, ni una puta temporada con los mismos zapatos."

Seamos felpudos, deformemos el amor hasta transgredirlo en sexo rápido y lloros en redes sociales, por los likes, los hechizos y los me gustan, cambiemos a quien tenemos desde hace tres días por otras diez personas que tenemos desde hace cinco segundos al otro lado del smartphone. Engañemonos, digámonos que esto es romántico, bonito, que es lo que se lleva ahora, exactamente igual que abrocharse la camisa hasta el cuello. Estemos a la moda, aunque la moda implique fingir amor a marchas forzadas y depresiones de doce meses. No cambiemos nada, conformémonos con decir que no queremos esto y sigamos rechazando a quien este dispuesto a quedarse a nuestro lado. No aguantemos una mala contestación ni que alguien no cumpla todas las expectativas que creamos en nuestra cabeza, entreguémonos al hedonismo instantáneo toda la vida, a ese placer que no nos llena ni lo mas mínimo.

Por qué íbamos a dar nuestro brazo a torcer, esforzarnos por comunicarnos, cuando podemos romper el vínculo y crear otros cuatro de condición exprés que solo sembraran cadáveres a su paso.

Somos la generación inteligente,  lo estamos haciendo de puta madre.


viernes, 28 de agosto de 2015

Ficción. La realidad que no quiso ser.

En el planeta somos muchos, quizá demasiados, eso ya lo sabemos. También somos conocedores de que en cada parte, en cada país, en cada calle, la gente es de una manera y no de otra. Algunos se sonríen, otros caminan de la mano, los hay que no pueden besarse públicamente si aman a otro con el mismo tipo de genitales, los hay que hablan con los animales de la selva como otros lo hacemos a través de un smartphone.

Hace unos días tuve el desagradable placer de contemplar la mayor barbarie que mis ojos hayan podido ver proyectada en la pantalla táctil de un teléfono móvil. Una chica, apaleada ante la atenta mirada de decenas de personas, terminaba quemada viva en plena calle. Lugar, cualquiera, realidad, una tan distante de la nuestra que bien podría ser considerada ficción. Una realidad que, si me preguntan, prefiero creer que no es.
A miles de kilómetros y con unos pocos días de diferencia, me encuentro en la terraza de un restaurante. A mi lado una chica que promete sonreír hasta el último de sus días, en mi cabeza el pensamiento de que me encuentro en otro cuento, que esto no puede estar pasando si en aquel vídeo "casero" la chica sintió las llamas devorar su cuerpo de la misma forma en que yo saboreo el pollo que me acabo de meter en la boca. Viva la salsa Jack Daniels.

Esta noche he salido a cenar con un ángel, aquella muchacha fue arrancada de raíz de su vida por fuerza y voluntad de un ejercito de demonios. Entonces tengo que entender, tengo que aceptar, que todos somos lo mismo. Que pertenecemos al mismo reino animal, si quiera al mismo universo.

Noto su pie chocar con el mío y un intercambio de carcajadas tras un pícaro comentario me devuelve al momento. Aquí estás, dónde estará ella ahora. En qué se equivocó para ver su vida desaparecer golpe tras golpe, qué hice yo bien para tener el placer de acompañarte hoy.
Suerte. Suerte de nacer y de hacerlo en el lugar indicado, pura potra, de chiripa, que ella está muerta y yo recoloco cómodamente mi culo en la silla. Que me han puesto un cenicero, señores, tengo un cenicero limpio para fumar, puedo jurar que mucho más limpio que el suelo donde aquella mujer fue enterrada antes de tiempo.

¿Qué se supone que debo hacer al respecto? ¿Sentir lástima, pena, lamentar tan espantoso final? ¿Cómo si quiera puedo plantearme entristecerme un mínimo si mi acompañante ilumina la noche de diente a diente con cada comentario que tengo levemente ocurrente?

Qué alguien me explique por qué diablos soy capaz de prestarle mi cazadora en un acto de galantería cuando ninguna de las treinta, cuarenta o cincuenta personas allí presentes fueron capaces de decir no ante tan salvaje ejecución. Cómo si quiera plantearme que compartimos casa, rellano y escaleras. Que como mucho, un pequeño trozo de mar nos separa.

Esto no es una crítica social ni pretende serlo, tampoco es una declaración a la belleza intermitente que me regaló la vista unos instantes. Es todo eso y más. Es un llanto al mundo, una réplica a todo comienzo y todo final. Es un llamamiento a cualquiera que esté leyendo esto.

Tú y yo compartimos vida, intentemos no defraudarnos el uno al otro.

viernes, 9 de enero de 2015

Queja pública al mundo moderno

Se nos está yendo la olla. Se nos está yendo a todos. A los que disparan, a los que matan, a los que mueren. Se nos está yendo la olla a todos.Y los que amamos andamos tan jodidos como siempre, ese ropaje de sábana junto a la chimenea que no viene, ese susurro junto al televisor que no llega, y lo demás, bueno, todo importa una mierda, son solo palabras en un mundo repleto de ellas. Y de jaleo, el jaleo de los brutos, los tontos, los vándalos de metralleta y sacudida desde la bragueta.
Nadie se limpia las manos, el jabón escasea y las palabras bonitas se despiden y marcan distancia, añoranza en la cercanía. Aún quedan abrazos.

Sigo con el sabor de boca que me deja el día hasta que la noche se levanta. Me dan igual el Listerine, el cepillo y las buenas maneras, ya a nadie le importa una mierda. No me siento excluido, me siento recluido en éste jardín de mierda y nada más, donde todos pisan y no se rastrilla jamás.
Y nunca llueve lo suficiente, no al menos como para ahogarme. Se excita la primavera y el invierno nos amanece, me despierta con la carne de punta y los ojos irritados, ya nadie suplica por una sola vez más.

Un beso y el orgullo se precipita bajo tierra, lo sepultan las cenizas y los ceniceros, las malas costumbres, los versos feos.

No pensar.

Y entonces te condenan a un saludo y a nada más, a seguir soñando con el qué dirán, qué les importará, nada más lejos de la consensuada realidad, del vino y el azúcar, la soledad y la sal.

Si lo miras no lo ves, si tratas de escucharlo, no lo oyes. Te destripan las caricias, te rehuyen las ganas. Espetan, espetan, espetan. Plaf.

Cuando te estiras y casi te caes, cuando te ríes y te atragantas, y te envuelven en un fino hilo de expectación y fracaso, dulce mal resultado, destripado querer y doloso poder. Me escurren y me resbalo, me silban y no les hablo.

Y entre jadeo y jadeo, tras cada buen día y rechoncho monumento, cierro los puños tras los bolsillos. No hablar para no matar, no decir y no amar. Me lastiman. Me lastimo.

Y así andamos, dando vueltas en el corral como pollos sin cabeza, escondiendo las alas tras la reja. Nadie quiere saber nada, andan y andan y por el camino se encuentran y con eso les basta.

Nos encontramos reos bajo las paredes y el cielo, sopesando posibilidades, contemplando posibles, tardíos encuentros.

Y si me dices con quién andas te diré quién es, si me cuentas cuánto pesa, te diré cuán gordo es.

Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...