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domingo, 20 de julio de 2014

Dios bendiga el infierno

Y es aquel que muere en lo más profundo de la mentira el que lo hace real. Saborea las lágrimas de un dolor que siempre estuvo ahí. Llora la pérdida de aquél destello que acariciaba tus párpados en las más solitarias noches, ese fulgor incesante, incansable, que, galopante, acudía en mitad de aquellos salados oasis.

Acaricia esos poros que surcan la piel de toda una vida. Inflige cariño, proporciona daño a aquellos astillados huesos que en mitad de una guerra sin nombres fueron capaces de perdonar. Bautiza a los ejecutores, asesina ángeles vengadores que, en ésta Tierra y en la suya, buscan el calor del perdón. 

Resiste en tu alma todo ese perdón, el dolor de todo un pestañeo y el mundo a su alrededor, sabrás elegir entre todos los mandamientos: "Levanta orgulloso el cadáver del prójimo al hombro". 

Y ahora que estás tan lejos, caminas descalzo y te escurres entre naranjas y limones. Dame la mano, tú que has matado a mi madre.


miércoles, 20 de febrero de 2013

Perdóneme padre, porque he pecado.

Mierda. Puta mierda. La sociedad y yo nos vamos a la mierda de la mano. De unos días a ésta parte he podido darme cuenta, la gente se está volviendo loca. La hostia, ¿había antes cordura en éste mar de aguas fecales?
Para muchos de ellos todo ésto es nuevo, no para mi. Llevo décadas mensuales pisando el mismo fango de adoquines. Hoy hasta el Papa grita por dentro, consumido, como todos nosotros, por la incertidumbre que nos da y nos arrebata la vida. "¡Hijos de puta, nos están tirando piedras!"

A la persona de a pie se le han abierto los poros. Ni el cielo se decide a enfocar con más o menos claridad el infierno que cubre de celeste y algodón. Nos está dando un toque en el hombro, uno de esos hirientes y eléctricos toquecitos con el dedo. Se me hinchan las pelotas en el laberinto que habito.

Música, letras, colonia sobre la mesa. Mis memorias circuncidadas se deshacen bajo sábanas ilegales. 
El aquí presente se las gasta de indiferente en esa fiesta, en aquel concierto, en aquella situación inesperada que me pone duros los pezones... pero siempre, por algún motivo tan atractivo como nauseabundo, tengo sus pecas rondando por mi materia gris.

lunes, 7 de enero de 2013

Canas bélicas

Lance Morgan era un componente más de la tercera edad en un pueblo donde abundaban las cabelleras canosas y los castañeteos de las dentaduras postizas mal sujetas. El anciano Lance no era capaz de dañar a una mosca, no importaba si ésta podía transmitirle un virus mortal. llevaba años din dañar a ningún ser vivo.
El señor Morgan se había jurado respetar unos estrictos y morales principios impuestos por sí mismo tras la salida del peor de los Vietnams.

Su piel cascada por el roce continuo de las balas y el dolor tatuado de forma espectral en sus pupilas podían dar fe de la seriedad de la perpetua promesa. Su degollada alma se encargaba sin cita previa de recordárle las atrocidades que su vieja pistola había causado, metamorfoseando sus viajes oníricos en desgarradoras visiones de un pasado bañado en sangre que aún pesaba más de lo que su mujer o cualquier vecino del pueblo pudieran suponer.

Un día más en una semana cualquiera, Lance se dispuso en posición fetal. Arropado bajo varias colchas, fue capaz de sentir desaparecer su dormitorio. La fase REM llamó a la puerta.
Gritos, olor a pólvora y la fuerza del retroceso del arma de fuego en su brazo derecho. Lance despertó sobresaltado en el salón de su casa. Todavía sostenía en la mano la vieja Colt 1911 liberando un humo blanco que ascendía lentamente hasta fundirse con el granulado del techo. Pudo sentir bajo sus pies descalzos humedecerse la alfombra persa que había traído desde Turquía.

Lance Morgan no había sido capaz de mantener su promesa y su mujer había pagado los platos rotos.

Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...