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viernes, 13 de febrero de 2015

San Clítoris

Que si ésta se parece a la otra, que si ahora se tiñe el pelo aquella, que si la de más allá ahora se lo ha pensado bien, que si lo había entendido mal.

Y cómo quien no quiere la cosa, las manos se te enfrían y un sudor más glaciar que desértico te da un baño de realidad y acerca a los miedos que creías olvidados decenios atrás.

Demasiado ocupado para responder, para pensar, demasiado ocupado para dejar de estar. Y se abre el telón, los focos te iluminan la cara y espantas al personal. La gente corre despavorida y las salidas se bloquean, overbooking en mis pantalones, suspiros en todas las demás.
Ahí queda ella, ajena a toda realidad "mientras me ahogo en un mar de coños".

No hay puesta de sol en ésta playa de parqué y gotelé en las paredes, azul cían desgastado y póster reinando la oscuridad. La persiana a media asta y la puerta sin pestillo a cal y canto encerrándome en mi sala de estar dejando de estar.

Y salta la publicidad, las parabólicas dejan de captar, la marmita de la verdad envenenada, mi cabeza se queja de jaquecas que no la dejan descansar.
Ciento cincuenta años que llevo de soledad, rodeado de sherpas ligeras de ropa, poseedoras y sabedoras de caminos inciertos hasta lo más profundo de ese pequeño hueco donde antes descansaba, alimentando mi cuerpo, mi alma, mi infancia, mis recuerdos de leche, el plástico agrietado de mi cubo y mi pala, de mis castillos de barro y piedra.

Y jocosas, estridentes como truenos potentes, galácticas como el culo de Nicki Minaj, como el retoque de Uma Thruman, devoran mi puta vida hasta quedar saciadas de sexo y palabras. Cartas al remitente, calzoncillos a los pies de la cama.

Me suplico ser un hombre, empezar a llorar como un niño recién estrenado en la capilla de la iglesia del barrio. Traumas inciertos de un pasado color sepia, de un bajo despistado y una guitarra rítmica con hipertensión. Se me agotan la saliva, las ganas, se me acaban los botones de la bragueta, el desodorante sabor frambuesa, el dentífrico olor menta.

Y no sé que más quitarlas, qué puedo darle en las escaleras del portal, echarle un capote bajo la atenta mirada de Piccasso, besarla mientras a Dalí se le derrite el tiempo.

Y espero paciente a que vuelva a cantar, hasta que las uñas amarilleen, siempre que nos extingamos cuando ya no quedé nada que decir, cuando las marmotas dejen de dormir y los castores se coman a los bisontes. Los leones sin presa y mi nórdico y mi polla sin tus súplicas de cincuenta céntimos.

Nos hemos quedado tan vacíos como mi cartera, tan ásperos como el minuto cinco de cualquier canción.


lunes, 6 de agosto de 2012

La cruz

Eran buenos tiempos, ojalá alguien me lo hubiera dicho. Se hicieron promesas, se dibujaron sonrisas, se rompieron corazones, "se aprendieron duras lecciones"...

El sol refleja los sueños rotos como porcelanosa arena, taciturna y acomodada, se escurre entre las yemas de mis dedos. No la tengo a ella, pero la prosa forzada es mi don, ser esclavo de sus ideales, mi perdición.

Paz y prosperidad suplica el alma que desea guerra en carne viva, tormento sin ropa de por medio.
Y sufre en silencio el gato milenario, miedoso y prudente, asqueroso y estridente.

El aire por aquellos tiempos era diferente. Traía un olor tan... penetrante. Aún lo recuerdo con cortinas de agua empañando mis ojos, con espadas ardientes ensartando mi espíritu.

"... echo de menos tu olor, ¿sabes? Me despertaba por las mañanas y las sábanas olían a ti, creía que estabas allí, a mi lado, recostando tus cabellos de ángel sobre la almohada de un plebeyo. Abría los ojos y el polvo en suspensión suplantaba tu cuerpo en un despido sin perdón. Me acordaba de todo otra vez y entonces el corazón se me volvía a partir."

Qué tiempo en el que la rozaba con mis dedos y todo parecía posible, si no en este universo, en el que yo mismo construiría recuerdo a recuerdo.

Mis pensamientos no me salvan del desembarco en Realidad. Temo recibir una bala calibre nueve miradas y un rechazo.

Tengo un arañazo en la espalda, cicatriz y marca, del último No que nació en las comisuras de sus labios. Ese No tan hijo de puta que, ciudadano de Paraíso, emigró a mi ciudad de tormento para cortar la espalda del rey.

Los andamios se resquebrajan entre sueños y verdades, el obrero sin casco cae, cae y se mata.

La brecha se hace más grande, ella no siempre me querrá, eso también lo sé.

Se aleja más y más, ella ha seguido sin mi mientras yo nado a cámara lenta en un mar de coños.


Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...