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domingo, 19 de mayo de 2019

Apuntes Gran Reserva

Hay una ola en esta copa de vino que podría ahogarme de rojo.

Podría hacerlo por siempre y nunca viviría fuera del vientre materno.

Me siento seguro y alguien con la mano floja rompe la placenta de cristal que me transforma en superhéroe. Solo soy un anti-algo ahora. Me he contaminado con realidad y la complejidad de mis acciones navega desde la Biblia hasta Cincuenta sombras de Grey.

No puedo borrar el holocausto ni tu mirada de las cosas que han pasado y me cambiaron para siempre.

No puedo desdecir todas las quejas que la resaca de ser y estar traen a la orilla de mi boca. Quizá escupa un poco de sal, tal vez sea veneno que cure el carbón en la piel.

Ahora estoy condenado a ver llover bajo techo. Si entrecierro los ojos como cuando voy a besarte puedo notar mis huesos calarse de plomo, del tuétano al periostio. He sido un esqueleto malo y ni siquiera es Halloween. 

Sudo frío que viene de la tundra que me abriga por dentro.

Despacho a todos aquellos que no dudan, se retienen el llorar o tratan de cambiar la bandera del mundo de color. De verde a roja, de transitable a "precaución, vais a naufragar".

Le abro la puerta a perros y personas que saludan al entrar, en ese orden. Solo quiero a los mejores si vamos a tener que luchar contra tantos miedos y dolores. 

En ocasiones recuerdo aquel tiempo en que vivía en una copa de vino. Miro las suelas de mis zapatos y encuentro sorprendido un chicle que jamás podría haber pisado si a alguien no se le hubiese caído mi copa.

Extraño soñar entre taninos. Estoy satisfecho de poder pisar el suelo. Sueno como un cartel de autopista indicando ambos polos en el misma sentido, si me piensas con detenimiento, tengo dirección.

Gas es todo lo que necesito. Y tú, mi motor.

Podría cambiar de vehículo pero hazme el favor, no me hagas apearme, no me hagas rezar, no me hagas arrancarte, no me hagas cambiar, no me hagas llamar, no me hagas. 

Dame.

Color tinto escribo las horas de insomnio en las peores noches, cuadros de gotelé sobre mis ojos en el museo del techo de mi habitación. Podría decir impresionismo pero quiero tu voz susurrando rococó desde mi almohada, desde tus cojines. Tenemos que negociar eso.

Cuando vivía flotando tras el cristal de un vaso me di cuenta de algo:

"La gente ahí fuera parece tener problemas. Creo que estará bien si te tengo a ti."

Y tal vez no sea ese el mensaje que esconden las trampas de nuestra percepción, tal vez era mi visión difuminada por la grasa de la huella dactilar del borracho que me quiere beber, pero tal vez no.

Tal vez siempre encuentre un motivo pero, elijo decir, espero que tú siempre me encuentres a mi.

Solo búscame, soy fácil de encontrar.







martes, 10 de abril de 2018

A se(p)tiembre con mi vida

Un cuatro de nota final. Como método para demostrar haber aprendido, la repetición.

Leo el letrero al final del camino, a la vuelta de hoja del examen que me ha caído encima como un alud. Es como una biblia para ateos que repite en letra pequeña:

'Por aquí no'. Por aquí ni de coña. Terminarías antes si te sacases el peine del bolsillo y tratases de cortarte con el las venas.

Por aquí se vuelve a empezar.

Es el botón de Start, el que reinicia la partida, el que carga todos tus recuerdos y los dispone en bucle. Sería como susurrarle a todos tus demonios que quieres volver a jugar, que te apetece volver a intentarlo, con la cara roja y las sienes inflamadas.

'Déjame probarlo todo una última vez, caerme y destrozarme las rodillas mientras la busco con la mirada canina, con el hambre en los ojos del hombre que jamás ha probado bocado'.

Y salto el letrero apoyando una sola mano de forma elegante, si se me permite decirlo. Sé que no lo tengo claro pero, joder, no es como si alguna vez lo hubiera hecho. Solo lo hago para volver a aquellos primeros pasos donde el verano olía, me ensuciaba las manos con gusto y la diversión era ambas caras de la moneda.

Pasará rápido. Ya lo he vivido.

Tras unos cuantos baños, tardes de fatigas construidas desde la imaginación y ratos de sacar toda la punta posible al lápiz junto a la papelera la profesora me mandará sentarme.

Sentarme y empezar
a crecer
a enamorarme
a encontrar dentro de mi a un tipo melancólico con la capacidad de dramatizar una carrera de gotas de agua en la ventana del coche.

Esos serán mis deberes y juro que me llevaré tarea a casa.

La frustración se trasformará en un gigante de roca y el dolor en la espada de fuego que blandirá desde el momento en que me de cuenta. Que he vuelto a empezar, que las estrellas no brillarán por siempre y la paz se me escapará entre los dedos escupiéndome a la cara y gritando algo así como:

'Que te follen, bastardo. Espero no tener que volver a verte en un largo tiempo'.

Esa puta paloma blanca
y sus profecías autocumplidas
y sus interminables ganas de volar lejos de mi.

Y a pesar que me parecerá tortura y preguntaré por qué la existencia no respeta mis derechos humanos lo conseguiré. No palmarla por dentro. Aunque habrá algo de mi que se marche para no volver la mayor parte seguirá ahí, en continua mutación, aullando a la luna llena por las noches, escuchando Mecano, sintiéndome cambiar a un hombre cachorro con las orejas demasiado cortas y las garras creciendo hacia dentro.

Serán años que parecerán décadas y me retorceré en mi interior recordando 'por aquí no', el estúpido salto olímpico sobre el letrero y preguntándome por qué tuve que hacerlo, si tan lejos me quedaba la infancia que había olvidado lo rápido que pasa y lo mucho que permanece en la memoria. Tanto que podría volver a nacer y nada me sorprendería. Al final es mi película favorita, la estrenaron el día que nací y no me he perdido ni un solo fotograma.

Me escocerán las discotecas a las que iré por tratar de encajar, los rechazos de todas esas chicas que tenían algo mejor que hacer y los míos propios. Esos que son agua oxigenada vertida a espuertas en alma abierta y supurante.

Tantos debates frente al messenger sobre si yo soy parte del problema, de la solución o simplemente una ecuación toca pelotas con incógnita de imposible resolución.

Las agujas marcarán las cuatro de la tarde en el tiempo que me queda y la veré por primera vez. Y es la historia que tras varios pasodobles y un par de series termina en No pero No te negaré que eres especial.

Pasarán dos años y el reloj se tomará un par de copas, ni él ni yo sabremos que hora marcar en el bar en el que nos encontraremos. Para este momento ya me han querido, he querido, me han dejado y he huido.

Sienta fenomenal beber un trago de vino y encenderse un cigarro mientras mis amigos y yo contemplamos el vuelo de la paloma blanca en el interior del local, atrapada entre cuatro paredes y rehusando posarse, poner pies en tierra firme, darnos un poco de paz.

Ya no la necesito, para entonces me valdrá con momentos donde la música es más que sonido y cuento historias y me río de las de los demás con la certeza de estar atrapado en el presente durante todo un instante, terminable, finito, tanto como el borde de ese vestido de flores que me abrazó una tarde de verano con un poco de miedo y mucha vergüenza.

Me sé la canción. De cabo a rabo. Hasta el final. Hasta el letrero con letra pequeña preparado para los que abjuran en la plaza del pueblo de su propia comunión y de las ostias de pan. El vino es otro cantar.

Quizá vuelva a pulsar el botón, a repetirlo todo, a volver a start delante del espejo.

'Por aquí no'. O si, si les queda un tinto que no sea muy caro y alguna historia que contar.



viernes, 12 de agosto de 2016

Solo visto piel

Las apariencias engañan. Es algo que todos sabemos y olvidamos constantemente y aunque por lo general suelo dirigir mis textos a todos vosotros y trato temas que todos tocamos mientras vivimos, aderezado con vivencias personales, esta vez va para mi. Hoy es por mi.

Han llegado a mis oídos palabras que tratan sobre la impresión que doy, sobre el reflejo que proyecto desde mis aguas, sobre el tono de mi voz y el color de mis ojos. Y es que parece que soy un tipo duro, que rehuyo al amor, que sé bien por dónde voy y que camino sin dudar y con el semblante entero.

Lloro. Lloro más de lo que podríais pensar. Lloro en treinta segundos si un personaje de cualquier serie de televisión lo hace con la suficiente convicción. Cuando me sonríen se me ensancha el alma. Levito sobre la silla de mi habitación todas las tardes mientras navego en mi diccionario intentando encontrar las frases adecuadas, palabra a palabra, desgastando el teclado de mi ordenador. Con cada botón se me fractura un poco más el corazón.

No soy de metal, ni de acero, en todo caso de neón. Subo tropezando escalón a escalón aunque desde fuera pudiera parecer que me los salto de dos en dos con la agilidad de quien tiene claro en que piso vive. Entiendo que pudiera parecer qué sé dónde está mi casa, a qué puerta he de llamar para que me reciban entero, como soy.

Es verdad que no soy persona de medias tintas, que puedo salirme de los bordes dibujando pero lo haré con ganas. Todo lo demás no es cierto. Todo lo demás son falsas apariencias o quizá son las correctas desdibujadas por la percepción y la falta de educación. Por haber tardado tanto en entender que uno debe ser quien es cuando está pensando en la soledad de su cama vaya donde vaya, esté con quien esté, tenga la edad que tenga.

Me tiembla el pulso aunque parezca que amanezco y anochezco como un cirujano con veintidós años de profesión a sus espaldas. Las cosas pequeñas son las que más me afectan cuando me desnudo y visto solo con mi piel. A partir de ahora con más piel y menos tela.

Ayer la pulsera que llevé atada por cuatro años estaba débil, trastabillada, más fina de lo normal. Se rompió. Era una pulsera. Costó un euro. Y un euro valió sentirme acompañado desde aquél día, en todos esos besos y lamentos, momentos de conocer gente nueva y emocionarse hasta que la vida no de más de si, ratos de despedirse de personas que por uno u otros motivos van a seguir viviendo sin dejarte estar ahí para verlo. E incluso ha habido reencuentros, de esos que no esperabas y te sorprenden órgano y hueso. Y ella estaba ahí, adornándome la mano y los momentos, las respiraciones y su pelo. Vistiéndome con sus colores rojo, verde, amarillo y rosa de tonalidad sentimiento. Esto es difícil, espera un momento.

Ayer se me cayó pero hoy se ha roto la pulsera, hoy se me ha roto por dentro. Ayer quedé huérfano de muñeca pero hoy se me ha deshilachado la vida. Se me ha desatado el cordón.

Puede que parezca el típico tipo que lleva una pulsera y ni tan siquiera lo recuerda. Las apariencias engañan. Resulta que no soy el tipo que huye del amor, soy del que Cupido corre con pavor cuando ve cómo lo persigo, no soy el tipo que entra por la puerta con una sonrisa, soy el que con el pelo de punta y los labios estirados recuerda la despedida en la estación y llora entre dientes, no soy el tipo que continua con la conversación mientras arroja despreocupado el trozo de tela que llevaba atado al cuerpo, soy el que se siente desnudo y se pierde en el mundo con la sensación de que la vida ha atentado utilizando como arma el tiempo.

Con todo y como siempre, viene el cambio. Habrá que aprender a mostrar lo que uno es, habrá que aprender a enseñar la piel ahora que se ha desatado el nudo. Ahora que no hay disfraz que me tape.

Voy a atarme el alma con un doble nudo, sin temblor de intención.






viernes, 27 de mayo de 2016

La primavera del cambio

El olor ha cambiado, el viento también. Las corrientes de aire ya no me hacen tiritar bajo un sol brillante pero poco acogedor. El astro que nos ilumina tampoco es el mismo de hace unos meses. Yo tampoco lo soy, en realidad ¿algo lo es?

Las relaciones enmudecen, el polen recorre las calles suspendido sobre nuestras cabezas, entre nuestras narices, la luz nos quema y la sombra nos resguarda, llevar gafas de sol ya forma parte del atuendo con el que salimos a tratar de impresionar al mundo. Las pantorrillas del populacho comienzan a asomar y se hace más llevadero permanecer a altas horas de la madrugada fuera de casa.

La primavera ha florecido en nuestros corazones y llueven ángeles del cielo, las suplicas son escuchadas, el perro pasa horas tumbado a la bartola en la terraza y se acerca el día en que abran las piscinas y los niños toquen el cielo de cloro y agua que les hacen olvidar todas aquellas horas de caligrafía que entumecen sus pequeñas muñecas. Madrid tiene un color diferente y a nuestros pies aparece la sombra de un sombrero acompañando a la figura que ha paseado sola durante el invierno.

Se sonríe más, se piensa peor, se quiere follar, los insectos han vuelto y su conquista del mundo está, otra vez, un paso más cerca. Cuesta más estudiar, eso también lo sé.

Se abren rosas, se marchitan corazones, se crean nuevas canciones, se revuelven las hormonas, se forman nuevas uniones.

Ella sigue mal y yo navego entre las promesas de nuevos amores, eso no ha cambiado.

El mundo se oscurece y el termómetro sube, no sé cuánto más podré aguantar, el calor me consume.

Las cartas están sobre la mesa y desde la orilla la marea sube, vienen las olas de cambio, el miedo prevalece, yo también lo hago.

Sigo aquí, en la primavera del cambio.


martes, 15 de marzo de 2016

No, que no joder.

No quiero consejos.
No necesito tirar una moneda al aire antes de tomar una decisión.
No quiero palabras vacías, las quiero malsonantes.
No busco espectros electromagnéticos, los quiero terroríficos y hemipléjicos.
No quiero navegar en el mar de dudas habitual, esta vez me voy en avión y si termino en la isla de Perdidos, mejor que mejor.
No pienso dar mi brazo a torcer, no pienso mantener mi promesa más de un atardecer. 
No voy a malgastar papel, voy a desquitarme todo el alma en tinta de sudor.
No contemplo las obras de arte del Museo del Prado, contemplo tu cara intentando entender que coño estás haciendo mal.
No voy a contestar, quizá lo haga, pero no será en público.
No me contradigo, aunque no estoy del todo seguro.
No respeto el compás, ni los adverbios de tiempo, el único respeto que me vale es que le tengo a mi vaso de colacao todas las noches.
No espero que me abracen, espero hostias como panes.
No digo que Carlotta Cosials me ame, pero vaya, contestarme me ha contestado.
No es que el rock cósmico me facilite el vocabulario, es que me distrae del ruido de alrededor.
No me da tiempo a echarme siesta, no controlo lo que queda de mes el despertador, no me hace falta.
No tengo paciencia, tampoco creo que sea la madre de la ciencia, creo que es falta de ganas o de pasión.
No soy educado, no soy antipático sin un motivo especial.
No soy un amarte desnudo pero puedo hacer las dos cosas en tan solo un segundo.
No saldré de este planeta, hay fracasos suficientes aquí esperando.
No me faltará la esperanza que se consumió hace ya años, si me raspa el pecho el mantenimiento viviré hasta el final con escozor.
No pediré perdón, no diré adiós, simplemente no estaré, tal cual he desaparecido antes decenas de veces.
No alargaré el cuello como las jirafas.
No mentiré aunque quizá tampoco diga la verdad.
No me he vuelto loco, quizá solo me he motivado demasiado.
No apartaré la nieve si no es con las manos.
No vestiré a los niños de ángeles, ni siquiera al gilipollas de turno, idiota, que no niño.
No me ocultaré por miedo al rechazo.
No me arrodillaré.
No me tragaré tus pecados.
No aullaré si no es como un conejo.
No me salen las cosas a medias, no me sale el interés fingido, no a estas alturas, tras litros y litros de aventuras funestas y desproporcionadas.
No tras el dolor.
No espero aterrizar sobre un par de brazos antes de recibir mi primer ko.
No esperaré que nada cambie porque constantemente lo está haciendo, repito, menos el gilipollas de al lado.
No le diré que no a nada, pero antes, tienes que convencerme.

miércoles, 15 de abril de 2015

Las tres caras de la moneda

"¿Puede un solo hombre hacer la diferencia? Si." Puede que tan solo tuviese ocho o nueve años, pero la expectativa que se creó en mí tras formular la pregunta, esperando la respuesta, me grabó a fuego aquel instante en el cuaderno de pequeños momentos en blanco y negro que perdurarán por siempre en alguna parte. La respuesta llegó como un helicóptero de rescate en el mejor momento, justo antes de que en el bote salvavidas unos empezasen a mirar a otros con el apetito del que se plantea iniciarse en el canibalismo.

Han ido pasando los años y la respuesta ya no está tan clara como a uno le gustaría. No podría afirmar con rotundidad que el orden de los factores no altera el producto ni que no hay mal que por bien no venga o que, tras la tormenta, llega la calma. No os confundáis, veo la luz al final del túnel, tan solo dudo que sea algo más que un espejismo.

La ilusión de poder, del final feliz, de que con querer basta. Ahí nos refugiamos, ahí, personalmente, me encuentro como en casa, bajo el techo del pudo ser y no le salió de los huevos. No quiso dibujar el final del camino, se le rompió la punta del lápiz, el corazón, se desdibujaron las caricias y la piel quedó tan dura como la superficie de una roca volcánica, chamuscada por dentro, sucia por fuera.

El hombre que duda poder cambiar el mundo incapaz de encontrar la paz bajo las sábanas, recostado en una almohada que huele demasiado a quizá, un aroma que le recuerda al y si.

Las lágrimas que no salen, las puertas que ya no se abren, la cartera en casa, las ganas estacionadas en la parada de un autobús que, como de costumbre, no se rige por horarios.

Quizá los ángeles existan después de todo, es probable que la verdad sea más que un concepto. Cabe una posibilidad de que las ideas terminen materializándose en muerte y desolación y que, llegado el momento, la paz que tanto hemos ansiado nos deje anestesiados.

Voy a probar suerte un par de veces más, sin complicar el asunto, con la atenta mirada del pasado escudriñando cada movimiento, repasándome jugada tras jugadas desde la coronilla.

Son dos las posibilidades, no le busques las tres caras a la moneda y si lo haces... bueno, entonces procura nunca perderla.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Que se acaba el año y no se acaba nada, rápido!

Me meo, tengo ganas de vomitar. Es esto de sentarse a escribir, la obligación que nadie me impone. Que se acaba la cuenta atrás, espero que aún haya alguien ahí fuera que no lo sepa, me haría soltar la última gran carcajada del año, hostias que año, ¿verdad, cabrones?

He hecho submarinismo, he evitado en la medida de lo posible asistir indiscriminadamente a... bueno que no he hecho pellas, esto lo leen mis papás. Nada de lo que preocuparse realmente. Además me he vuelto guapo, me he atrincherado en un bar y la he besado, o algo parecido, por ese orden.
En estos doce meses he dado buenos golpes y he recibido otros tantos, y menos mal, en recibir palos soy el mejor, tengo una personalidad que lo certifica. Con el tiempo he perfeccionado el arte de ser dado por culo de forma ininterrumpida, doce meses, quinientas hostias. Y no me ha sobrado ni una, que me han faltado unas tantas, vamos. Y he escrito mi primer relato erótico autobiográfico del que os dejaré un aperitivo al final.

Y si me tengo que poner sentimental porque lo dice el guión, hay una cosa con muy mal carácter, con una lengua que da miedo y fría como la escarcha que me ayuda a levantarme por las mañanas con la suficiente fuerza para ponerme los pantalones y la necesaria para acostarme con mis dos testículos intactos y los arañazos justos y necesarios en mi arquitectónico orgullo. Te lo agradezco pantera del Indostán, me pones de muy mala hostia, te quiero por no dejarme quererte.

Éste nuevo año prometo seguir siendo tan o más desastre, sin caos los agentes del orden harían cola en el INEM, escribir de una puta vez para hacerme rico y vivir en LA, follar más y vaguear menos. Nunca se folla lo suficiente, nunca se vaguea poco.

No pienso alargar ésto mucho más, nadie tiene tiempo para leer cuando no tiene ganas, siempre.

Así os despido un año más y recibo otro que, sorpresa, no será mejor que el anterior, no traerá la paz ni la felicidad que estáis buscando y si lo hace, joder os doy mi más sentido pésame, viviréis aburridos y alineados.

Buenas tardes y buenas noches, bebed y no os dejéis el culo del vaso, follad sin estar demasiado embriagados, tratad bien a los que os rodean excepto a los que no lo merecen, a esos miradles a los ojos y decidles:

"Te deseo un año de paz y felicidad."

"“Me estás jodiendo, te voy a joder... joder que si te voy a joder, joder.” Podría haberla arrancado las bragas allí mismo, bajo los atentos focos de sus iris asfixiantes. Me iba a ahogar en sus océanos expectantes antes de quitarme los pantalones. Y no dijo hola, simplemente me besó y, con ese beso, me enredó. Como una tela de araña, me pegó a su cuerpo y me dejó ahí, inmóvil, para siempre, para cuando quisiera rematarme. Agarrándome de la cazadora me empujó dentro y cerró la puerta con el pie, dejando fuera las dudas y las medias tintas."
 

Nos vemos, blasfemos caminantes.


domingo, 5 de mayo de 2013

Incoherencias con sentido

Palabras. Segundos de un presente que se evapora con cada sílaba. Picazón en mis entrañas, el sudor en las palmas de mis manos. La perdida del control ante el cuerpo perfecto, ante el alma perfecta.
Una declaración de intenciones para quien jamás... para quien..... Este laberinto de noches y días me hace enloquecer.
Sale el sol y la negrura que guarda las estrellas se tinta de luz. Astros y recuerdos. Un cambio.
Estrangulo mis posibilidades con una cuerda de piano. Una cara nueva que diluye las pautas de mis historias pasadas.

Y en una noche como ésta pierdo las nociones de mi don, olvido como soltar la bestia que radica en todo lo que escribo. La promesa de reencontrarme con todo lo que alguna vez perdí, la remota posibilidad de recuperar lo que merece la pena.

Locuras, candados rotos que rompen la rutina que gobierna mi vida. La formula perfecta, un par de labios, un par de ojos, un par de manos y una persona dispuesta a comenzar un nuevo relato.

Nada de lo que tecleo comprende de coherencia, ninguna de las ideas que me rondan hoy la cabeza se sostienen sobre pilares bien construidos. Hago malabares sobre una cuerda con fecha de caducidad, comprendo la fugacidad del momento con la serenidad que me otorga la pausa en el movimiento. Comprendo y rechazo. Corto las cuerdas que balancean mi cuerpo controlando cada uno de mis gestos. Lucho contracorriente mientras escalo lejos de la negatividad con la que la sociedad me ha enseñado a vivir. Barro la suciedad de mi educación por un mundo mejor.

Soy un juguete roto cansado de ser marioneta.

Yo decido mi suerte.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Estoy yo viendo o llueve pasado?

Hay altares y hay altares. El otro día estuve en uno, pude probarlo con gusto, os lo digo hoy sentado en otro más bajo y menos cómodo.

En aquel altar podía ver ríos de tinta correr, gigantes en lo alto de sus nubes caer. Los tambores ensordecían el dolor que, cuchillo en mano, aguardaba al destendimiento de músculos e intenciones.
Con botas de escalador en sus pies ha olvidado el viajero el ascenso de apenas hora y media. Ahora sentado en el suelo con sangre en la cabeza se pregunta, perplejo: "¿Acaso me está doliendo, me quejo?"

Rezagada queda el alma del moribundo que, con suerte, observa desde una posición ventajosa el asesinato con nudo de corbata alrededor del olvido y una pizca de sal en el picazón de una jaqueca celestial.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Over

Roma arde, pienso mientras sostengo mis temblorosas manos a unos metros de la cajetilla. Me arden los ojos, arde la esencia de la humanidad en mis riñones.

Duele el color fosfato que ilumina el derrumbamiento de los gigantes. Caen ciudades y caen diamantes.
Y aquí estoy yo, sin una botella de whisky conduciendo mi mente a planos inferiores, restregando los oxidados metales que me atrapan entre pestañeo y pestañeo con agua y sal.


domingo, 2 de septiembre de 2012

H-O-L-A

Ache y o más ele y a. ¿Qué pasa, niños?

Aquí, en la torre más alta del castillo más feo, la mierda se espanta ante su reflejo en el espejo todas las mañanas. La escarcha levanta los cristales de las ventanas recordándome que el ciclo vuelve a empezar en unos días confusos, misteriosos y repletos de caras, caras calvas.

Hoy por hoy, me aferro a lo poco que queda de un recuerdo que se diluye como un soluto ante un exceso de disolvente. Los gritos, la mala hostia...

Miro y veo un usb avergonzado, un escritus interrumptus... un teléfono móvil que espera, paciente, en estado de coma, un par de palabras de aquella lejana alma tan invisible como ese futuro mañana en el campo de los besos enfrutados y los mordiscos enlatados.

Un par de garbanzos me esperan y la matriarca del bufón continua tentando mis expectativas.




domingo, 19 de agosto de 2012

God and the Dev/bil

Ahí estaba, en medio de nada. El grís diurno cede su puesto al cielo nocturno. Luna sobre nuestras cabezas, blanco mortecino adorna las malezas.


Mafia y dolor en el corazón de teflón. Ruidos espectrales en casas encantadas de expectativas y pequeñas caricias animales.

Y sigue el caballero manteniendo el escudo en alza, la cabeza por debajo del dolor.

Sucesión interminable de gritos que atraviesan cristales como balas, rituales satánicos en las gradas.

La tormenta perfecta en mi cabeza: gira la esquina, ahí está de nuevo, es ella.

Y dejo pequeñas partes de un ventrículo roto para que siga el camino de vuelta a casa, para que no me abandone sin comida ni agua sobre la mesa.

Con el culo sobre la madera podrida del porche la veo de vuelta, con paso cansado y mirada ausente. Está muerta, ya no reconoce su propia mente. Ojos negros, carbón en sus pupilas, azabache en su mirada furtiva. Está muerta, yo la he matado. Me la han robado. Hija de lobos, princesa de los bosques.

Y vuelve mi alma sobre sus pasos, camino del lago. Está destrozada la ciudad que un día fue poblado. Las llamas engullen cometiendo pecado. La gula del fuego es un martirio en un día tan preciado.
Ruegas sobre tus rodillas al señor, pides clemencia y suplicas perdón.

Espesor de tinieblas en bosques de ricos. Silencios aguardan lugares recónditos. Aullidos en la noche, la luna llena sangrando tinta sobre frondosos horizontes.

El cielo acuarela nocturna, se diluye firmamento abajo buscando un nombre.
Está muerta.



sábado, 11 de agosto de 2012

Cuando sea mayor, ¿vale, mamá?

"No puedo irme contigo".
Salgo de casa.
Camino, clavo las suelas de mis zapatos en unas cuantas baldosas y me enciendo un cigarrillo. Hace tanto calor que no necesito mechero para prenderlo, me basta con el vapor de sopa que incinera por donde sopla.

Las calles están sucias, las mentes son dispares y no poco evidentes. Casas de ceniza y montones de estiércol adornan los suburbios de lo que fue mi mundo perfecto.

No es un pensamiento claro el que circula por las calles destruidas de las grandes maquinaciones. 
Las convulsiones de mi perro dormido me recuerdan a los últimos coletazos de un pez seco y asfixiado, de nuestros primeros deseos, los más inocentes y los menos longevos. Deseos y miedos de una infancia rica en grandeza y límites impuestos solo por el universo. "De hecho, inventaré la civilización fuera de éste planeta" dice con el chupa-chups en la boca y las gafas torcidas.
Ya no es igual, le han salido tetas.

Todos vosotros teníais objetivos: ser presidentes, transformaros en heróicos astronautas, mutar en increíbles amas de casa... 
Mi objetivo era distante, diferente. Para mí era lo realmente importante, joder, era más espabilado a esa edad que muchos de vosotros ahora, orangutanes remilgados.
Mi meta en la vida era encontrarla a ella. A mi alma gemela, mi media naranja, esa princesa de las nubes que sola y asustada, escondida bajo la cama, esperaba mi llegada con impaciencia y una pequeña rosa morada.

Y crecí, dejé de preguntarle a mi madre. Latigazos en el pecho para despertarme de tal sueño. Decepcionado. 

Me enamoraba, soñaba, creía que funcionaba. Todo hasta que ella sacaba su bota y con una fuerte patada, con todo acababa.
Un romántico sufridor reacio a la soledad y amante del castigo sin bondad. El chico bueno que camina buscando el beso de verdad.

Se hicieron promesas. Cambié el alma por un J&D.

Empecé a dejar de convencerme a mi mismo, me esfuerzo por dejar de mentirme y mantener el tamaño de mi puta nariz. Los pájaros vuelan, los muertos solo descansan.
Ahora miro a mi alrededor y todos están juntos, miro a mi alrededor y todos están más jodidos que yo. Parejas rotas, engañadas. Parejas con secretos y parejas castigadas.
Soy un soldado sin casco y con pene en el campo de batalla. La mierda vuela sobre mi cabeza como metralla propulsada. ¿Qué coño os pasa?

El sol castiga a las almas más despiadadas, me pongo las gafas. La niña ahora es toda una señorita, otra cosa se ha metido en la boca. Soy un pájaro libre en un corral de gallinas enjauladas. Entro, las miro y me río a carcajadas.

"No puedo hacerlo". Me he reído, me he descojonado.

 Dejo el juego, hijos de puta. Lastimaros, heriros, asesinaros, mutilaros, desangraros. Jugad a los terroristas con vuestros órganos vitales.

Soy un hombre entre mortales, carne y hueso entre palabras y banalidades.
El rock viene de donde antes surgían baladas. La miro, ya está mojada.

- Hola, ¿puedes ayudarme? tengo una duda social.
- Vale, ¿cuál es aquí el debate?
- ¿Quieres subir?
- Para....
-Para hacer el amor y esas cosas.

Mientras vosotros os decís "te quiero", yo utilizaré la lengua para dar unas pinceladas de realidad en este lienzo de mierda adornado de bacanalidad.
-Mmmm.... joder.....¡ah!



Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...