Mostrando entradas con la etiqueta compañía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta compañía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de abril de 2017

Pienso, luego vivo

Pienso en las cenizas que arden primero. En los solsticios pasajeros, en el calor del buen tiempo y en la tormenta que supone la llegada del invierno. En los buenos y, sobretodo, los malos momentos.

En esos en que parece que nos deshacemos, que la vida nos aprisiona cada extremidad en una llave de judo inmortal. Y se nos cansan los músculos de tanto forcejear y la respiración se altera y se nos descompasan alma y corazón, cabeza y razón.

Nadie nos enseña cómo escapar.

Pienso en la tranquilidad del buen tiempo, en la relajación de una sobremesa en una terraza de verano donde no cuentas con los problemas, con los grados bajo cero ni con el dinero. Ah, ¿hay que pagar la cuenta?

Y siempre pensamos, porque eso si lo hacemos, que todo mal tiempo forma parte del recuerdo, que lo malo no llega y que si lo hiciera avisará con antelación para que podamos apuntarnos a clase de artes marciales y subir un par de cinturones, ya sabéis, para que no nos pille tan verdes.

Lo piensas un par de veces y antes de haber pagado la primera cuota llega ella con su cara de perro, con sus malas pulgas recubriéndole el lomo y pasa sus brazos por tu cuello. Estás en el suelo.

Piensas, pensamos y no nos aclaramos. ¿Y esto por qué? ¿Pero y yo que he hecho? Nada, seguramente. Nada que tú recuerdes, nada de lo que seas consciente, piensa un poco.

Has vivido. Eso te ha pasado, ¿verdad? Al final te acuerdas, esto funciona así. Y entonces te relajas, dejas de contraer los músculos y te zafas del abrazo del oso, te relajas tanto que casi te resbalas entre sus brazos.

Pienso que la vida abraza fuerte siempre, cuando te apetece y cuando no. Pienso que nunca llueve a gusto de todos y que nadie se queda calvo motu proprio.

Creo que lo malo siempre afecta y que lo bueno vuela alto, rápido y fugaz, como un cometa, como un águila de carreras y que solo perdura en la memoria, no en el tiempo.

Creo que todo es más fuerte con ella. Creo que estoy más vivo.

¿Y a dónde quieres llegar a parar con todo esto?

No lo sé, pero quiero decir que pienso que la quiero.

¿Hay que pagar la cuenta?


sábado, 19 de marzo de 2016

It's not dark yet

Ha anochecido otra vez. Se ha hecho de noche y sin embargo aún puede oscurecer. Quiero decir negro.
Digo negro y todos pensáis en la ausencia de luz, en un folio del color de la tinta, en el cabello azabache, en el pelaje del gato de la mala suerte.

Cuando Bob Dylan dijo it's not dark yet no hablaba del sol ocultándose tras las colinas ni del pistoletazo de salida los fines de semana para salir a escuchar alcohol a todo volumen y beber música a borbotones. Hablaba de la oscuridad, del negro.

El negro cuando falta la respiración, el vacío tras la desastrosa segunda oportunidad, el callejón sin salida frente a la lápida de un ser querido, querido en vida y todavía después, de la presión en el pecho tras llegar a la inevitable conclusión de que nadie es nadie y de que todo es nada.

Hablaba del momento en que sonríes y hablas y todos te rodean, del momento en que cuando eso sucede te alejas un par de metros y te apoyas contra la pared con la cabeza al frente, oteando el horizonte, encontrando un reflejo a los lejos, proyectando sobre ti tu mirada, contemplando tus ojos verte por dentro, atravesando las asperezas y las lecciones aprendidas, la fingida frialdad, el "me da igual".

Cuando te apartas y te conoces. Y te has encontrado y no sabes qué y el mundo se desmorona a tus pies haciendo imposible volver a juntarlo. Y con otro trago pasas la escoba y barres el polvo que antes era la vida, el mundo y su sonrisa. Y exhalas un suspiro y le acompaña una carcajada. Y vuelves donde estabas, entre risas y bromas, discusiones triviales o delirios de unas mentes afectadas por el paso de las tóxicas horas. Y que todas las noches son iguales y nada es verdad, que la imaginación se funde con la realidad.

No está oscuro todavía, quizá lo está desde siempre. Buscaos un buen faro, recordad siempre el camino de regreso a casa, no dejéis que el vacío os robe la existencia.

It's not dark yet, but it's getting there.


lunes, 7 de abril de 2014

¿Tiene acaso algún sentido?

Que se quiera cambiar el mundo sin llegar a creer ni un solo segundo que se puede.

Siento que he estado en todas partes sin moverme de mi habitación, y al mismo tiempo me he perdido entre playas, montañas y océanos interminables que guardan secretos tan evidentes como efímeros. Se hace de día, se deshace en la noche, y sigo escuchando la misma canción desde por la mañana hasta el final del día. Me sueno los mocos con cada calada y al mismo tiempo noto que algo cálido y blando me ha estado abrazando todo el tiempo.

Estoy contento, canto, se apaga la luz de la linterna y cuando me doy cuenta es tarde para reprimir las lágrimas. Cuando termino dudo entre volver a empezar o pasar a la fase alegre. Nunca he sido de sonarme los mocos con pañuelo, solo con cigarros. A decir verdad, no me lleno de mocos cuando lloro, entonces ¿por qué estoy fumando? Supongo que será un reclamo a esas horas tan cortas que se me escapan entre latido y latido, esos ratos muertos donde mis playeras están huecas y mis pies flotan sobre la superficie terrestre. Guardo cada deseo y lo propulso de una patada a la incineradora estelar que ilumina a ratos, según la hora del día, mi vida.

Me pregunto si ésta noche la luz de un Marlboro será suficiente para iluminar el camino de vuelta a casa.


Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...