lunes, 11 de noviembre de 2013

Cadena perpetua a la más estúpida de las alegrías

A día once de noviembre me he despertado jubiloso y alborotado, tenía ganas de ir a clase, más de las habituales. Medio sonámbulo he entrado en el cuarto de baño y he encendido la luz, me he visto en el espejo, estaba sonriendo. Decidido a ducharme he abierto el grifo del agua caliente y, tras apartarme del gélido chorro que ha intentado atraparme, he esperado paciente a que la temperatura del agua siguiese subiendo. Entonces me he dado cuenta, dónde estaba, qué pasaba.

El resto de la mañana ha sido buena, he llorado de risa, lo he pasado bien. Me siento a comer en el gimnasio y por unos momentos me quedo solo... chás. "Me prometí a mi mismo no ser idiota, ser paciente y realista. Olvídate de todo aquello, seguramente tuvo un buen día o uno horroroso, todo seguirá como siempre, nada va a cambiar. Pero.... ¿y si estuviese ahí fuera a la salida? De pie, parada entre la gente, libre de ataduras. Seguro que se ha vestido para la ocasión y tiene miedo a que la diga que no me gusta. ¿Sabrá que siempre me choca lo bien que la veo? ¿Y si me sonríe cuando salga? ¿La sonrío, la doy dos besos, la mano? No sabría como presentarla, ¿es una amiga? porque no es solo una amiga, ¿lo sabe ella?"
-¿Qué te pasa, feo? - me dicen desde lo que me parecen kilómetros. El mundo parpadea una milésima de segundo.
- Me estaba engañando un momento. -respondo con la ligereza del universo sentenciando mi realidad a la cadena perpetua más larga nunca instaurada.




domingo, 20 de octubre de 2013

Fever

Luchando por no librarme de la fiebre. Estar malo y sufrir fiebre es algo que merece un instante de reflexión. Enseguida tratamos de evitarla, de acuerdo, a determinadas temperaturas es dañina para nuestro organismo pero todos sabemos que es un sistema de defensa, es algo útil y sano, incluso más aún de lo que la gran mayoría cree.
La fiebre hay que saber aprovecharla, sacarla partido, si se tiene la suficiente temperatura nosotros mismos podemos revelarnos secretos que sin ese calor extra seguirían transparentes ante nuestros ojos. Muchos de vosotros no tendréis ni puta idea de lo que hablo y pensareis que deliro a causa de una fiebre que, de momento, no tengo. Probad a no tomaros una pastilla cuando el termómetro amenace con rozar el 37.1 bajo vuestras axilas.

Una vez crecido y dejando atrás alguna que otra experiencia mística producto de una alta fiebre, el ardor que nuestro cuerpo produce en un intento de aniquilar virus o bacterias afina el pensamiento. Efectos secundarios como la hiperactividad puede enturbiar un poco las cosas pero si se es capaz de escuchar lo que se piensa por encima del constante parloteo que mana de los propios labios, Jesús se aparecerá ante vosotros y os ayudará a entender la solución a cualquier problema, para los que no creemos en el hijo de un difuso Dios, podemos imaginar que nuestro coeficiente intelectual ha aumentado a causa de la ebullición que sufre el cerebro por el exceso de calor. Sea como fuere una o dos vendas caen de los ojos y lo ves, lo ves todo. Qué importa, qué no, cómo actuar y cómo enmendar errores que no sabíamos habíamos cometido hasta que la reacción contra la gripe o el catarro nos lo ha confesado.

No es aconsejable "calentarse" por tonterías pero si el cuerpo lo pide dejemos que nos deleite con la sabiduría que siempre hemos poseído.



jueves, 26 de septiembre de 2013

Un tío con suerte

Tienes planes, como siempre. Salís a cenar un sábado por la noche y te has arreglado mucho pero eso no te quita ningún mérito porque estás preciosa, es un tío con suerte. Ojalá fuera él, y no porque siempre haya querido ser alguien que quiere ser negro, ni porque así no sería yo mismo y no estaría tan distante como estoy, sino porque me recuerda a cuando tú y yo empezábamos a salir de incógnito y caminaba a la parada, y en el tiempo que tardabas en llegar intentaba imaginar cómo estarías, y cuando la puerta se abría estabas.... como diez veces más guapa de lo que me había imaginado, y tenía una extraña sensación en el estómago porque me mirabas con mucha esperanza en tus ojos, en vez de ausencia, que es como me miras ahora. Si, es un tío con suerte.



domingo, 8 de septiembre de 2013

Microrelato nº1

Cerré los ojos esperando encontrar un atisbo de vida en mi interior. La oscuridad emergente me subyugaba a creer que jamás podría volver a tenerla entre mis brazos. Las sábanas de seda se transformaban en zarzas cortantes bajo el velo del resentimiento, de todo el dolor y el tormento.

Un beso bajo la luz de la luna, un disparo en la oscuridad.

Un aura de tinta embriagaba mis sentidos, la sangre fluía por el río. No estaba, ella se había ido.

Su voz rasgaba el aire llegando a mis oídos, gemidos de auxilio desgarrando mi mente como papel mojado. Creí adivinar la dirección correcta entre los gigantes de madera que arropaban mis peores pesadillas.
-¡Zach!

El aire escocía en mis fatigados pulmones, mis piernas flaqueaban tras interminables minutos de inútil carrera. No me acercaba, no llegaría a tiempo. Ellie...

Unos metros más adelante el cielo perdía profundidad. Corrí desaforado, angustiado, rezando por la frágil vida de aquél ángel arrancado de mis manos, despojado de sus alas...
-¡Ellie!- grité con la intensidad de mis sentimientos.

Me detuve en seco, congelado. Una luz intensa como el sol emergía tras los arbustos en mi camino.
Indefenso como un espectador retrocedí unos pocos pasos.

Las lágrimas se sucedían en su rostro en un reguero imparable de tristeza y despedida. Caminaba lentamente, atravesando la luz que parecía acompañarla.
-¿Qué coño está pasando? ¿Estás bien?
-Zach...
Era ella, estaba bien, a salvo otra vez.
Me acerqué apresurado, motivado por la incontrolable llama que nacía en mi interior. No se había ido.
Estire mi brazo para acariciar su mejilla.
- Ellie...
Me derrumbé sobre mis rodillas y sentí como mi alma abandonaba mi cuerpo con cada suspiro para huir, presa del dolor.

Pasos toscos y pesados transportaron a Charlie al relato de mi pérdida.
-¿Qué pasa, estás bien?
- Se ha ido Charlie, ya no está.

La noche se cerró sobre nosotros sepultándonos en un baúl de oscuridad y locura.












martes, 23 de julio de 2013

Pensando en voz alta: las leyes que jamás se escribieron.

Hay algo muy extraño en todo esto. Siempre he sido de los que creen que el universo tiene una forma retorcida de expresarse, un sentido del humor sádico y perverso. Nunca te esperas lo que va a suceder, que no sucederá si lo esperas o, tal vez, si suceda si sabes no esperarlo. Un laberinto tan complicado de seguir como un trabalenguas de alto nivel para una lengua inexperta.

Día tras día la vida me demuestra como las coincidencias no existen, que basta con pensar en alguien para recibir noticias suyas por el rabillo del ojo (siempre que no esperes hacerlo, o si). Camino bajo el sol abrasador buscando las sombras para evitar hervir y sonrío, sonrío a las personas que momentos antes habían pasado por mi cabeza y que ahora, sin darse cuenta, pasan ante mi absortos en sus propias ideas y recuerdos sobre esas personas que en breves momentos aparecerán ante ellas. Todos conectados por la red inalámbrica de las fuerzas cósmicas.

¿Qué he venido a decir, a pensar en voz alta para escucharme mejor? Que justo cuando comienzo a entender como funciona todo, el mecanismo que mueve los ejes, la tela que teje los sucesos de un presente que es alcanzado por el pasado, que es siempre evadido por el futuro, algo se me escapa. La maquinaria da un giro de ciento ochenta grados y me mira a los ojos, desafiante. Me pica la curiosidad del por qué, ¿por qué te protege de mi? ¿es, quizá, a mi a quien quiere proteger?

Camino cruzándome con todos vosotros constantemente, ese saludo rápido, esa mirada, esa sonrisa que recibisteis alguno de vosotros ayer, la que recibiréis algún otro cualquier día de estos, hoy mismo. Me cruzo caminando con quienes me importan, con quienes no lo hacen... Y por todo esto pretendo averiguar de forma imposible por qué hace tanto tiempo que no te veo, me importes ese día o no.

Saldré a caminar con la cabeza alta y los ojos bien abiertos buscando, entre multitudes de pensamientos, el único que me importa.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=T3Cc7JLFTpM#at=32

martes, 16 de julio de 2013

Crónica roja de un desangrado

El frío plata en su cadera le hace tiritar. Es primero de año y el firmamento lo bendice liberando miles de pequeñas canicas blancas que se van posando sobre el terreno, convirtiendo lo que antes era mundo en una capa gélida y santa.
El dolor ataca con rabia, intentando derribar al hombre que viste de luto. Distintas agujas de distintos tamaños estimulan de forma invisible la superficie de su cerebro. El hombre jura tener al menos una docena de astillas bien asentadas en la zona del cráneo de la que mana sin cese el pegajoso fuego líquido que tiñe la nieve bajo sus pies. 
Mete la mano en el bolsillo interior de su oscuro abrigo y, con dificultad, extrae una cartera de cuero marrón. La abre. Entre sus dedos, el rostro de su esposa y sus dos hijas parecen suplicarle que encuentre el coche lo antes posible, antes de que sea tarde para todos. Entonces, una pequeña peca roja cobra forma en la mejilla de papel de su mujer y, poco a poco, el diámetro de la peca se va ampliando hasta teñir el trío de caras de un rojo oscuro y grumoso, la fotografía pesa cada vez más y más y comienza a doblarse hacia el suelo, perdiendo la rigidez de la que segundos antes había gozado.
Con un elegante descenso digno de reconocimiento, el retrato de su familia se balancea en el aire hasta posarse sobre la nieve roja a los pies del hombre.
El rugido de un motor llega hasta sus oídos. "Un madrugador, estoy salvado". Un minuto, dos, tres.... el ruido mantiene su intensidad y no distingue vehículo en marcha en su campo de visión. "Estoy alucinando, me estoy quedando sin la sangre suficiente para discernir entre lo que es real y lo que no". 
Aquel funerario hombre portador de una Glock 17 con el cargado vacío no atisbaba posibles donantes en las calles y él, en la necesidad de sangre en la nieve como de agua en el desierto, contribuyó en la mayor donación de vida líquida que nadie haya proporcionado a la navidad.

Eclipse

Hay un caballo corriendo en mi mente. Se aleja de mi frente al galope y cabalga sobre los cuerpos callosos, las circunvalaciones de mi encéf...